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 Durante dos días más, el enorme grupo de inmigrantes se mantuvo unido y soportando el duro golpe del frío, que no cesaba ni de día ni de noche. La banda, a esas alturas, se habían eregido sin querer como los héroes y protectores de aquellas buenas gentes de Zere, pero eso también los convirtió de algún modo en sus guardianes y, hasta cierto punto, en su policía. A veces se creaban pequeñas disputas a la hora de la comida, o a la hora de descansar para dormir un poco. Gustav era la figura principal que ponía orden cuando hacía falta, y por suerte, tampoco era necesario recurrir nunca a la violencia. Les respetaban lo bastante como para confiar en su juicio con respecto a las situaciones que se creaban... pero empezaba a cansar. El propio líder era el primero que estaba hasta las narices de soportar discusiones estúpidas por a quién le tocaba comerse un trozo de carne y a quién no. Se le podía ver bastante claro en el rostro a aquellas alturas. Kassad no perdía nunca oportunidad de ...
 Lo siguiente que ocurrió, sucedió demasiado deprisa. Gustav apareció, cargando con esfuerzo el cuerpo de Edward, a quien todos reconocieron tras un corto vistazo. Al líder le temblaban las manos tanto como el mentón. Lloraba a mares, desconsolado, murmurando una y mil veces que no sabía cómo iba a afrontar aquello. Anneliesse, por su parte, se vio obligada a tomar aire mientras descendía por las escaleras. El olor a sangre hinundado sus pulmones le traían recuerdos demasiado amargos. Tanto, que por un momento se temió lo peor. Por suerte, consiguió controlarse. Tomó aire, se concienció y lo expulsó. Había matado a un hombre que la habría matado a ella. Lo había vuelto hacer porque... la vida parecía ser así. Intento aferrarse a la buena acción que había tras toda aquella masacre, a la libertad que había concedido a un pueblo gracias a aquel acto. O al menos, eso quiso pensar mientras se afanó por tomar las riendas de todos los caballos que había en el asentamiento, guiándoles haci...
De regreso al pueblo, la banda al completo no perdió tiempo ninguno para regresar cuanto antes al hogar de Claus y comentarle la situación que habían visto allí. El anciano no podía evitar reirse tontamente al imaginar lo que su hija Ada debía de haber presenciado -Así que así nos toman- concluyó con una sonrisa y tono divertido -Todo este tiempo ni siquiera se han dignado a mantener la guardia alta. Supuse que tu marcha podría haber tenido al menos eso, que aprendieran que siempre podíamos llegar a revelarnos contra sus normas... y sin embargo, allí estaban- Ada asintió. De pronto los ojos se le llenaron de lágrimas y encogió la barbilla mirando a su padre. -Los odio- dijo tratando de contener el llanto -Con toda mi alma- -Lo sé, hija mía- Claus se acercó para abrazarla -¿Sabes, querida?- le acarició el cabello -Os marchasteis y dudé. Dudé de que fuera un acto que debiera llevarse a cabo- los miró a todos, uno por uno -Pensé, pese a todo lo que hicieron, que son vidas humanas. Que era...
 Aquella misma noche, la banda volvió a montar en sus caballos. Los zeritas los habían escondido con cautela en los campos, por lo que fue un milagro que los soldados de Arunna no hubiesen decidido hacer una de sus famosas inspecciones. A Anneliesse le dolieron las manos cuando intentó montar a caballo. Se había pasado todo el día ayudando a aquella pequeña población a transportar tablones de madera recién cortada a un pequeño taller. Tampoco fue la única. El resto de la banda ayudó en la misma tarea, o lijando, o apilando tablones mas o menos precisos en torno a una estructura, que pronto, se convertiría en un carro. El trabajo a contrarreloj había hecho mella en la energía de todos, pero no pudieron detenerse.  Finalmente, Kassad tuvo que ayudar a la chica a montar junto a él. Y en el preciso momento en el que fueron a abandonar el poblado, dejando atrás a un enorme grupo de personas trabajando sin parar en el diseño de ruedas con los pocos materiales que tenían, alguien los...
 Muy a pesar del recién liberado Gustav, la revelación de aquel supuesto plan de Anneliesse tuvo que verse retrasado una vez salieron de aquel inmundo sótano en el que había estado confinado cuando se oyeron lejanos relinchos y el eco del trote de caballos acercándose a la zona -Subid, aprisa- ordenó Claus -¡No perdáis tiempo, vamos!- Gustav asintió y Anneliesse lo arrastró del brazo escaleras arriba hasta la habitación, donde los demás lo recibieron con enorme sorpresa. -¡Gustav!- Kassad corrió hacia él y le palmeó con ánimo el brazo, el hombro y la espalda -¡Amigo mío! ¡No te doy un abrazo porque apestas a cadáver!- -Bajad la voz- ordenó Ann -Apagad esas velas. Viene alguien- Vian obedeció ipso facto las palabras de la princesa, apagando con sus propios dedos aquellas llamas sin pestañear. Como ese mismo día al amanecer, se agazaparon en torno a la ventana, esta vez con más seguridad gracias a la oscuridad que la noche ya estaba brindando sobre Midda. A Claus ya se le podía ver e...
 El grupo se quedó consternado ante lo que acababan de contemplar. Kassad se agarraba firmemente al borde de la ventanilla, mientras que Aneliesse deslizaba su espalda contra la pared, rendida ante la impotencia y el miedo. Aiko se llevó la manos a la cabeza, mostrando, por primera vez, un enorme alarde de terror. — ¿De verdad esperabais que iba a ser algo mejor que eso? ¿Qué la situación no era tan grave? — preguntó Vian. Su tonalidad no era ofensiva, a pesar de sus palabras.  —  Esta pobre gente está sufriendo. — Gustav ni tiene culpa de esto  —  gruñó Iona. La mujer estaba helada, cruzada de brazos junto a Kassad. A veces, su cuerpo temblaba bajo un escalofrío.  —  No pueden culpar a Gustav de esta dictadura. ¿Qué tiene que ver su escapada con esto? No tiene relación. — No estoy culpando a Gustav. Sólo digo que al anciano no le faltaba razón. Arunna está torturando al pueblo de Zere bajo el silencio de todos los paises de Oriest. Seguramente, i...