De regreso al pueblo, la banda al completo no perdió tiempo ninguno para regresar cuanto antes al hogar de Claus y comentarle la situación que habían visto allí. El anciano no podía evitar reirse tontamente al imaginar lo que su hija Ada debía de haber presenciado -Así que así nos toman- concluyó con una sonrisa y tono divertido -Todo este tiempo ni siquiera se han dignado a mantener la guardia alta. Supuse que tu marcha podría haber tenido al menos eso, que aprendieran que siempre podíamos llegar a revelarnos contra sus normas... y sin embargo, allí estaban- Ada asintió. De pronto los ojos se le llenaron de lágrimas y encogió la barbilla mirando a su padre.

-Los odio- dijo tratando de contener el llanto -Con toda mi alma-

-Lo sé, hija mía- Claus se acercó para abrazarla -¿Sabes, querida?- le acarició el cabello -Os marchasteis y dudé. Dudé de que fuera un acto que debiera llevarse a cabo- los miró a todos, uno por uno -Pensé, pese a todo lo que hicieron, que son vidas humanas. Que era gente que, imagino, tendrán familiares como Gina, o como los demás miembros de los zeritas. Gente que les quiere, que les añorará. Gente que querrá extender este ciclo de venganza para la posteridad- frunció los labios -¿Pero podemos considerar humanos a gente tan desalmada? Pregunto- los miembros de la banda se miraron entre sí.

-¿Según nuestra respuesta cambiarás de opinión?- quiso saber Vian, apoyando una mano sobre la espada, pensativo -Yo creo que no es momento de echarse atrás-

-Bien es cierto lo que dice, sin embargo- apuntó Kassad -Los buscarán. Los buscarán por siempre. Nunca estarán a salvo-

-El pueblo de Zere nunca estuvo a salvo- habló Gustav, por fin -Nunca ¿No es eso lo que me enseñaste de pequeño, Claus? Que Zere siempre había sido el gran objetivo y que hasta parecía irónico que el Ente destruyera primero nuestra nación- Ann apretó los puños de forma disimulada -Ser perseguidos es parte de nuestra existencia. Parte de nuestro legado- sonrió -Eso no lo perderemos nunca, pero vosotros, los rescoldos de aquellas legendarias llamas, aún podéis arder en ascuas libres, no aquí, amenazadas con extinguiros para siempre. Humanos o no, son un obstáculo que superar y luego, nos aguardan los soldados de la frontera. Asiente, Claus... y pongamos fin a esto de una vez por todas. Yo ganaré mi redención para con mi gente y vosotros la libertad que merecéis. Vamos, Claus. Di que sí una vez más- Claus no pudo evitar mirar con cierta ternura a ese hombre al que había criado. Se sentía orgulloso de sus palabras, tanto que hasta le hacía olvidar el por qué estaban haciendo lo que hacían.

-Sí... Por supuesto que sí ¿Cuando empezamos a trabajar?-

-Ahora mismo- Gustav dio una palmada. No había tiempo siquiera para dormir.

---

El trabajo duró 3 días y 3 noches de constante movimiento en la aldea. Los más fuertes se dirigieron hacia los bosques para comenzar a talar árboles como desesperados mientras que los habilidosos y duchos en el arte de la madera se dedicaban a serrar, lijar y moldearla hasta crear tablones y montar carros que pudieran transportar familias lo más rápido posible. No había ni una sola persona en todo el pueblo que no estuviese arrimando el hombro: los niños, hasta los más pequeños, también aportaban su granito de arena. Los miembros de Nihilia se dejaban las manos, los brazos, las piernas y la espalda en colaborar. No solo con la madera y los carros, sino en preparar los equipajes y por supuesto, la comida. Hubo muchas dudas sobre el dar muerte al poco ganado que les quedaba para preparar carne, ya que si fracasaban, se quedarían sin alimento para pagar sus tributos.

-¿Crees que si fracasamos os dejarán vivir?- dijo Gustav con rostro inspirador -Vamos a morir o a vivir, muchacho, no hay otra posibilidad. Así que no dudes ¡¿Me oís!?- gritó con júbilo -¡Que nadie dude! ¡El pueblo de Zere nunca duda!- todos cuantos le oyeron vociferaron con energía y entusiasmo volviendo al trabajo. Tenían poco tiempo antes de que volvieran a pasar por ahí los soldados y no podían desperdiciar ni un simple minuto. Cuando llegó el momento de la batalla, estaban exhaustos y con el cuerpo lleno de heridas y calambres de tanto trabajo agotador, sí... pero motivados para una última batalla.

---

Con la llegada de la última noche se permitieron dormir al menos un par o tres de horas antes de ponerse todos en pie. Toda la banda al completo se armó de valor y de sus enseres más preciados antes de dirigirse hacia sus caballos, que los aguardaban ya fuera de la taberna sujetados por miembros de los zeritas, cuyo resto del pueblo observaba con sumo entusiasmo, lleno de temor pero también con enorme esperanza. Uno a uno fueron montando bajo palabras de ánimo, palmadas y caricias de confianza. Anneliesse nunca se había sentido más una princesa que rodeada de aquel pueblo, deseándole lo mejor y dándole las gracias no por lo que se suponía que había hecho, sino por lo que iba a hacer con sus propias manos a continuación. Podía sentir el agradecimiento por su posible sacrificio, por una gran y buena causa. Estaba inspirada como nunca.

-Gracias Gustav- dijo Claus mientras el líder montaba -Nunca pensé que diría estas palabras- sonrió.

-Ni yo pensé oírlas- ambos se carcajearon.

-Vuelve sano y salvo. Volved todos- pidió Ada.

-Te lo traeré de una pieza- comentó Iona con desaire -¿En marcha, Gustav?-

-En marcha- sonrió con suficiencia -Ha llegado la hora de ajustar cuentas-

---

La cabalgata no cesó hasta que comenzaron a llegar hasta las murallas que protegían la hacienda. Para no variar, las puertas estaban cerradas y si querían entrar deberían hacerlo escalando y rodeando la muralla. Gustav, sin embargo, no tenía ganas ninguna de jugar a los asesinos silenciosos. Estaba decidido, más que nunca, a derramar sangre: tanto como ellos derramaron, tanta como él había derramado por sus pecados -Aiko- llamó. La joven le miró con atención -¿Podrás abrir esa puerta?-

-¿La puerta principal? ¿Estás loco?- comentó Kassad.

-Oh, hoy sí- rio -Te aseguro que sí, muchacho. Y vosotros me acompañaréis en mi locura- los miró a todos -¿O estoy solo en esto?-

-Atacar de frente es un completo suicidio- insistió el ravaht -El sigilo nos da ventaja-

-Vamos sobrados de ventaja, Kassad. Nosotros luchamos siempre por una causa- se golpeó el pecho -Y eso nos hace superiores. Venceremos en un cara a cara. Les haremos sentir el mismo miedo que ha sufrido el pueblo de Zere- por alguna razón, Iona estaba conforme. Kassad miró a Anneliesse, de la que esperaba una mayor cordura. La chica, sin embargo, se limitó a mirarle de vuelta sin darle la razón.

-Estoy con Gustav- asintió Vian -Cuenta con mi espada, jefe-

-Y con la mía-

-Y con la mía- dijo Anneliesse finalmente.

-¿Kassad?- todos le miraron -¿Qué me dices, hermano?- tras un instante de silencio, Kassad lo miró a los ojos.

-Que la sangre llegue al río, supongo-

-Así me gusta- con un gesto de la cabeza, Aiko se puso en marcha. Con su reconocible agilidad, la joven baekshi escaló la muralla y, gracias a su pequeño tamaño, pasó inadvertida. Como la guardia de la hacienda era tan distraida y poco profesional ni siquiera tenían a dos apostados en el exterior. Creían que con un pueblo tan sometido como los zeritas, que ni siquiera tenían armas, bastaba una simple puerta cerrada para impedirles el paso. No sabían lo que se les venía encima. Ni siquiera se percataron de que las puertas se abrían desde el interior de la muralla, con una satisfecha Aiko regresando junto al grupo para tomar su caballo -¿Te he dicho que eres la mejor, preciosa?- comentó Gustav lleno de energía. Aiko se sopló los nudillos llena de amor propio y un ego ensanchado por el líder. Este se crujió el cuello con un par de movimientos laterales de la cabeza y relajó los hombros -Banda de Nihilia...- musitó -Vamos, todos juntos, como siempre-

[The Mandalorian OST - Main Theme]

Borrachos y jugando o dormidos, como de costumbre, no hubo ni un solo soldado que se percatara de aquel grupo que avanzaba siniestro, amparados por la oscuridad, en formación de punta de flecha. Gustav lideraba el camino a pie mientras los demás iban tras él de la misma forma. Las pisadas sobre la grava se dejaban oír y ni siquiera así nadie prestaba atención. Caminaron lentamente y con seguridad pasando junto a las tiendas de campaña. No hubo que decir mayores palabras, pues prácticamente todas estaban vacías. Solo unas pocas contenían a sus respectivos dueños haciendo uso de las mismas. Sus voces y gritos de júbilo y diversión provenían de la casa, más adentro en la hacienda. Gustav hizo los honores de derramar la primera sangre pasando junto a las tiendas como un ángel de la muerte y descargando la punta de su espada sobre las gargantas de los que dormían. Anneliesse casi sentía un frío desalentador viéndole matar. El risueño y alegre líder de la banda tenía una expresión terrorífica repleto de un odio visceral, pero a su vez de inmenso placer. Podía saber sin temor a equivocarse que llevaba mucho, muchísimo tiempo soñando con ese momento que estaba viviendo. Y lo mejor aún estaba por llegar.

Cuando la formación llegó al perímetro de la casa, por fin fueron avistados por un grupo de cuatro soldados que jugaban sobre unas viejas cajas de vino a un extraño juego de piedras y dados -Eh- llamó uno -¿Quienes son esos? No son de la guarnición-

-¡Eh, quietos ahí!- dijo el compañero, levantándose torpemente y desenvainando la espada con lentitud. Estaba borracho -¿Quién va?- la banda se detuvo justo detrás de Gustav, formando un semicírculo tras él. Sus imagenes quedaban recortadas por el resplandor de la luna, infundiendo cierto respeto a aquellos soldados que estaban completamente carentes de sentidos.

-Papá ha vuelto, cabrones- dijo Gustav mientras echaba a andar de nuevo hacia el soldado. Sin mediar palabra, empaló al soldado por el estómago y la hoja atravesó su espalda -Y no piensa marcharse sin cumplir sus objetivos, no esta vez- sonrió -¡VAMOS!- dio la orden y todos se lanzaron al ataque.

-¡Alarma! ¡Nos atacan!- llegó a vociferar uno de los soldados. El jolgorio del ambiente cesó. Pronto llegarían más, muchos más.

-¡A divertirse!- dijo Iona mientras Aiko se lanzaba sobre uno de los soldados como una pantera para comenzar a golpearlo con los puños enguantados. Las chapas metálicas que tenía en los mismos comenzaron a abrir heridas y hendiduras que no tardaron en sofocar la vida del hombre. Iona, por su lado, combatía con fiereza y cortaba la carne de los enemigos sin pudor alguno, así como lo hacía Kassad.

-¡No os detengáis!- ordenó Gustav -¡Y no os separéis!-

-¡Oído!- dijo Vian mientras se cruzaba ante Anneliesse para acabar con la vida de un soldado que la atacaba. La chica bloqueaba sus ataques con buena destreza, pero no conseguía darle muerte -Permiso- sonrió Vian al acabar con el soldado -Espero que no te importe que te robe un objetivo-

-N-no, en absoluto- fingió desenfado, pero realmente le temblaban las manos. No podía... matar a nadie.

-¿Estás bien?- quiso saber el soldado -¿No puedes luchar?-

-Sí, si puedo- asintió nerviosa -¡Puedo luchar!- se repitió.

-¡Annie!- gruñó Iona -¡Cuidado!- más soldados venían en oleada, gritando en honor de Arunna. La chica bloqueó de nuevo con maestría. El soldado portaba dos espadas y aún así no conseguía tocarla. Su cuerpo se movía a ratos de forma inconsciente. Se acordó de Ren. Era como estar imitándole y, a su vez, como tenerle muy cerca. Juraría que hasta le sentía al lado en ese momento... pero el que apareció de nuevo en su ayuda, fue Vian -¡Si no puedes luchar retírate! ¡Solo serás una carga y nos estamos jugando la vida!-

-¡Quiero ayudar!-

-¡Pues vete!-

-¡Dejad de discutir!- ordenó Gustav -Quitádmelos del medio- con la manga de la chaqueta se limpió un salpicón de sangre de la boca -Voy a por Steiner...- con decisión y la espada chorreante, caminó hasta el interior de la enorme y lujosa casa. Mientras el líder se perdía, el resto siguió combatiendo fuera.

Gustav subió las escaleras con total libertad, dado que no había ni un soldado más en el interior. Todos habían salido ya a plantar cara a la banda, pero confiaba ciegamente en que darían buena cuenta de ellos, sobre todo Vian. Había sido capaz de herir a Ren... eso ya le hacía valer por decenas de soldados él solo. Buscó la habitación de Johan de forma insistente hasta que, por fin, al abrir una de tantas puertas de una patada, allí estaba: alto, rubio como un Svartal. Sería digno de formar parte de la familia. Tenía más o menos su misma edad. Su melena caía por encima de sus hombros mientras aferraba el hacha con fiereza. Estaba sentado en la cama comodamente y con la armadura puesta ¿Por qué? -¿Sorprendido?- gruñó una sonrisa placentera -Te estaba esperando. Tú debes de ser ese "líder" del que tanto he oído hablar. El descendiente de los reyes de antaño... Me han hablado de ti-

-¿Ah, sí...? ¿Quién?-

-Siempre he considerado estúpido sentir curiosidad cuando estás a punto de morir- al concluir la frase, dio comienzo la batalla.

En el exterior la contienda seguía recrudeciéndose conforme los soldados iban cayendo a los pies de la banda. Estaban borrachos pero presentaban batalla. Aquello hizo pensar a los miembros veteranos el cómo debió ser la guerra en Lynastis contra todo un ejército en buen estado y preparado. Debió de ser un infierno -¡Annie!- Iona la apartó a tiempo de un empujón y dio muerte a un soldado más -¡Vas a lograr que te maten!-

-¡No pienso dejaros solos!- dijo, nerviosa -Puedo defenderme. Se defenderme-

-Pero defenderse no basta ¡Ataca!- un soldado más atacó a ambas, que se separaron a tiempo para evitar el hachazo de aquel hombre. Luego atacó a Anneliesse, que de nuevo supo moverse y esquivar a la perfección, así como desviar sus ataques. Cansada de tanta insistencia, de ser considerada una carga, decidió pasar a la acción cuando el soldado bajó la guardia al fallar otro ataque y la chica le propinó una fuerte patada en la espinilla que lo desestabilizó. El hombre se inclinó hacia delante y Ann giró sobre su pierna izquierda para usar la inercia y propinar una sonora y fuerte patada en la cara a aquel tipo, que cayó devastado contra el suelo. La espada de Vian cayó como un relámpago sobre el cuerpo del soldado una vez quedó derribado.

-¿Dónde has aprendido a hacer eso?- quiso saber, sorprendido.

-No lo sé. Ahora mismo, creo-

-Eres increible- sonrió -Mejor de lo que jamás esperé- le guiñó el ojo con respeto, asintiendo. Ann no pudo evitar sonreír y llenarse de motivación para seguir combatiendo.

Entre tanto, en la habitación, Gustav esquivaba el enorme hacha de combate de Johan mientras éste iba destrozando por completo la habitación a su paso -¡Deja de huir, rata zerita!-

-¿Y que me mates? Sería incómodo. Y doloroso-

-¡Y aún tienes el valor de burlarte!- los golpes iban de un lado a otro, errático. Johan llevaba años enteros sin luchar. Quizá hasta no había luchado en serio en su vida, dado que el puesto lo heredó de su padre, el anterior Steiner que gobernaba Midda -¡Ven de una vez!-

-Como quieras- Gustav se encogió de hombros y esta vez no huyó. Lanzó un golpe con la espada justo cuando vio la oportunidad, cortando el mango del hacha y provocando que la pesada cabeza de acero afilada saliese volando a través de la ventana con estruendo.

-¿¡Qué!?-

-Ah, la justicia...- sonrió enormemente complacido -Me encantaría tomarme mi tiempo, de verdad... pero mi pueblo necesita respirar aire puro por fin, sin malditos montones de mierda como vosotros anegándoles las rodillas- sin mayor contemplación, Gustav hundió la espada en el pecho del hombre. La armadura le sirvió de poco ante un ataque tan contundente. No le atravesó por completo, pero llegó al corazón -Muérete... ¡Muérete!- gritaba -¡Apágate de una puta vez!- exigía mientras veía al enorme Johan agonizar -¡Que te mueras de una maldita vez, desgraciado!- por fin, con un último gorgoteo, Johan quedó inmóvil en el suelo supurando sangre por la boca y la nariz. Gustav sintió un inmenso alivio en sus hombros y dejó descansar sus brazos, dejando de hacer fuerza -Por fin... Menudo hijo de puta...-

---

La batalla en el exterior terminó por fin y en la hacienda reinó el silencio. Parecía mentira, pero habían dado muerte a toda la guarnición finalmente. Todos se miraron, empapados en sangre salvo Ann. En ese momento poco importó si la chica había podido combatir o no, sino la victoria. Todos empezaron a reír, descargando la enorme adrenalina acumuladas en sus pechos -Somos la hostia- dijo Kassad.

-Mira, el que no quería combatir-

-Me gusta hacerme de rogar- se encogió de hombros -Pero no quita que esto sea horrible. Tantas vidas desperdiciadas...-

-¿Y Gustav?- preguntó Ann.

-Hay demasiado silencio- comentó Vian -Esto me huele a victoria. Ve a buscarle y relájate. Nosotros nos ocupamos de asegurarnos de que no queden supervivientes. Ya has visto demasiado horror por hoy- y no le faltaba razón. Ann no opuso mucha resistencia a adentrarse en la casa, en mitad de la inmensa oscuridad que reinaba tras haberse apagado todas las luces previas a la contienda. Los soldados pensaron que usar la oscuridad total les daría ventaja y de nada sirvió. Kassad tenía razón, era una lástima, un desperdicio, pero lo hecho hecho estaba. Solo tenía que buscar a Gustav y regresar a la aldea y todo estaría hecho.

-¿Gustav?- llamó, mirando a través del salón y pasillos -¿Quizá arriba...?- comenzó a subir las escaleras -¿Gustav? ¿Estás aquí?- pero la persona a la que se encontró frente a ella al girar la esquina no era su líder y amigo. Era aquel pelirrojo de sonrisa tenebrosa y piel blanca como la luna, Lars.

-Hola- dijo con voz cruel mientras alzaba su espada para atacarla. Ann no tuvo tiempo de gritar, se tiró al suelo con una voltereta y pasó de largo al hombre mientras desenvainaba de nuevo su espada.

En la habitación, Gustav trataba de respirar y recobrar el aliento, sentado sobre el cadáver de Johan -Supongo que es hora de volver...- se fue a poner en pie para descubrir a una figura en el umbral de la puerta. Una figura reconocida -¿Edward? ¿Qué haces aquí?-

-Siempre tienes que salirte con la tuya ¿no? Incluso enfrentándote al que nos ha sometido durante años... llegas tú y le das muerte como si fuera un... montón de mierda- dijo cargado de ira -No, Gustav. Me niego. No vas a brillar. No vas a ser la estrella que nos lleve a nuestro destino. Tú no. Tú caerás hoy. Moriste a manos de Johan- asintió Edward mostrando un puñal en su mano.

[Revenge of the Sith OST- Anakin's Dark Deeds]

-Edward...- Gustav lo miró con desconfianza y dudas -Reflexiona sobre lo que estás diciendo... y planeas hacer...-

-No hay nada que reflexionar, Gustav. Eres el culpable de todo lo que nos ha pasado. Tu egoismo nos ha llevado a esto. Si hubiera justicia en este mundo, habrías muerto hoy. Y como Johan ha fallado... me ocuparé yo de traer la justicia que el destino se niega a brindar- Edward se lanzó, enloquecido, contra Gustav.

A su vez, Anneliesse retrocedía por uno de los pasillos mientras eludía la agresiva espada de Lars -¿¡Qué te pasa!? ¡Lucha!- Ann bloqueaba y esquivaba. Lars era mucho más diestro que los soldados y no parecía estar ebrio, lo cual empeoraba la situación de forma considerable -¿Vas a resistirte?- sonrió. Ann trastabilló y cayó al suelo pero se puso en pie velozmente -Qué triste...- comentó mientras la seguía -Que mis soldados hayan tenido que caer ante gente como tú... No... Tu espada está limpia- señaló -¿Han tenido que luchar por ti? Maldita inútil...- atacó de nuevo y esta vez Ann trató de luchar. Las espadas chocaron con firmeza, pero Lars la empujó contra una pared y le propinó una patada en el estómago. La chica quedó rendida, apoyada contra un mueble para no caer al suelo. La boca le sabía a vómito.

Edward y Gustav se enfrentaban en la habitación a su vez. El líder de la banda trataba de hacer entrar en razón al zerita, que parecía haber perdido el juicio por completo -¿Vas a obligarme a hacerlo en serio, Ed?-

-No me llames así. Nuestra amistad terminó hace mucho- escupió el rubio -¿Crees que somos iguales como para que me llames así? Claus y Ada han caido en tu engaño, pero yo no. Y aún asi... sales victorioso. Cómo te odio, joder...-

-Edward...-

-De poco importó que avisase a este desgraciado- miró con rencor a Johan -Toda la guarnición ha caido ¿A esto te has dedicado, eh? A hacerte un mercenario. Pudiste haber venido a salvarnos. Ahora te quedarás con el título de héroe y todo por una mera casualidad. De no haber sido por aquella tormenta, nos podrían haber dado por el culo a todos-

-Espera... ¿Has dicho que le avisaste?- Gustav quedó completamente consternado.

-Sí, le avisé. Esperaba que no fuera tan arrogante y que prepara a los soldados y el muy imbécil se lo calló para luchar a solas contra ti-

-Sabías que estabamos jugándonos la libertad del pueblo... ¿Y le avisaste?-

-Encontrariamos otra manera- le quitó peso Edward.

-Os habrían matado a todos...- Gustav no comprendía.

-¡Encontraríamos otra manera que no fuera depender de ti!-

-Ya veo...- asintió Gustav por fin -De modo que te has rendido al odio-

-Oh, sí... Es cuanto me queda. Odio y rencor hacia ti, maldito traidor-

-Esa no es una acusación que tú puedas hacer...- Gustav le apuntó con la espada y Edward hizo lo mismo.

-¡Muere!- Edward se lanzó al ataque y Gustav solo tuvo que hacer un movimiento con la espada. Un inmenso corte apareció cruzando el pecho del rubio mientras caía al suelo, comenzando a desangrarse, mientras Gustav no podía evitar derramar una lágrima mientras su espada goteaba.

Anneliesse se vio alzada en mitad del silencio del pasillo, contra la pared. Sentía la garganta cerrada mientras la mano de Lars le aferraba la garganta con crudeza. Estaba furioso y ofendido por la poca batalla que presentaba Ann -Me gusta que las mujeres sean obedientes- dijo -Y cuando quiero que luchen, espero que luchen- gruñó -Me enfada muchísimo que me desobedezcáis, malditas rameras...- la observó bien mientras Ann luchaba por respirar -¿Tú de dónde sales, por cierto? Se supone que venís de un intento inútil de ayudar a los zeritas de Midda...- frunció los labios -¿Sabes? De haberte visto antes allí... te habría llevado a ti en lugar de a esa mocosa. Eres más mayor, pero guapa. Creo que me habrías satisfecho mucho mejor que esa maldita cría llorona. Qué asco- Ann fruncía el ceño. Conforme le faltaba el aire sus ojos parecían más claros que de costumbre a la luz de la luna. El cabello le caía por el rostro -Dime... ¿Tú también tienes una madre tan insolente? ¿Debería ir a buscarla antes de jugar contigo?- dicho aquello, Ann gruñó. Una gigantesca punzada de dolor recorrió los sentidos de Lars, que soltó de inmediato a la joven y se separó de ella solo para descubrir que la entrepierna le sangraba a borbotones.

-Oh... oooh... ¡Aaaaaaahhh!- gritó de pura agonía. Ann apenas había recobrado la respiración cuando dio un paso hacia él. Su espada corta estaba empapada de la sangre del capitán, que volvió a perforarle una vez más en su estúpida y asquerosa masculinidad, entrando con fueza esta vez, atravesándosela por completo. El arma debió perforar hasta la vegija. Luego, en un movimiento instintivo, con la mente en blanco, la chica retorció el arma, desgarrando aún más el aparato y el cuerpo del hombre. Blanco y con una expresión de dolor indescriptible, el peso del hombre venció a la chica, que dejó que cayese al suelo, muerto y desangrándose. Cabizbaja, el pelo le cubría el rostro por completo, impidiéndole ver el resultado de su acción. Solo tenía a la vista su mano y su espada, tan empapadas de líquido carmesí, que le costaría un buen rato deshacerse de toda esa inmundicia. Y aún más para limpiar esa acción de su alma, que quedaría en ella gravada para siempre. Su primera muerte consciente. La primera vez que le arrebataba la vida a alguien de forma intencionada.

Comentarios