Muy a pesar del recién liberado Gustav, la revelación de aquel supuesto plan de Anneliesse tuvo que verse retrasado una vez salieron de aquel inmundo sótano en el que había estado confinado cuando se oyeron lejanos relinchos y el eco del trote de caballos acercándose a la zona -Subid, aprisa- ordenó Claus -¡No perdáis tiempo, vamos!- Gustav asintió y Anneliesse lo arrastró del brazo escaleras arriba hasta la habitación, donde los demás lo recibieron con enorme sorpresa.
-¡Gustav!- Kassad corrió hacia él y le palmeó con ánimo el brazo, el hombro y la espalda -¡Amigo mío! ¡No te doy un abrazo porque apestas a cadáver!-
-Bajad la voz- ordenó Ann -Apagad esas velas. Viene alguien- Vian obedeció ipso facto las palabras de la princesa, apagando con sus propios dedos aquellas llamas sin pestañear. Como ese mismo día al amanecer, se agazaparon en torno a la ventana, esta vez con más seguridad gracias a la oscuridad que la noche ya estaba brindando sobre Midda. A Claus ya se le podía ver en mitad del camino, colocado exactamente en lo que era la mitad del diminuto pueblo. Desde la zona de los campos traían el carro, ya arreglado y cargado con las ofrendas para Johan. Su único temor, el de todo el pueblo, era quienes venían con el capitán Lars. Afortunadamente, para alivio del anciano corazón de Claus, adivinó la figura de la joven muchacha, Gina, frente al capitán en la montura del caballo. Su sonrisa sin embargo duró poco, pues cuando el jinete se detuvo frente al anciano, la inercia de detener la marcha hizo que de pronto, Gina cayese de bruces al suelo.
-¡Oh, no!- Claus corrió hacia ella. Cayó sobre sus doloridas rodillas para socorrerla lo más rápido posible. La madre de la chica, que también se asomó con el sonido de la llegada de los caballos, siguió al anciano entre lágrimas y lamentos por el estado de su hija. Cuando un aldeano brindó luz con una antorcha, pudieron ver que la chica estaba destrozada: su cara estaba llena de heridas e hinchada, así como su cuerpo. Sus ropajes estaban empapados en sangre por distintas laceraciones. Y la parte baja del vestido...
-¡Monstruo!- tronó la mujer, sollozando por su hija, mirando al capitán entre lágrimas -¿¡Qué le has hecho!? Se fue voluntariamente contigo-
-El carro- la ignoró el capitán. Se le notaba la molestia en la voz.
-¡Contéstame!- la mujer se puso en pie, dejando a Gina en brazos de Claus. Se atrevió a acercarse al caballo. El capitán la miró desde lo alto de la montura con sumo desprecio, con una mueca de desprecio en el rostro -¿¡Por qué!?- la peor decisión que tomó aquella zerita fue agarrarle del pantalón y tirar ligeramente de él. Solo pretendía llamar su atención, pero solo consiguió darle una excusa.
-¿¡Intentas tirarme del caballo, maldita puta!?- rugió el capitán desenvainando la espada -Aprende cual es tu lugar-
-¡Espera, no!- suplicó Claus justo antes de ver cómo la hoja del capitán se clavaba de forma horrenda en la boca de la triste mujer hasta atravesarle la cabeza, asomando la hoja sangrante por la nuca. La boca de la ahora cadáver madre de Gina comenzó a supurar sangre a borbotones entre los dientes rotos y descolocados. El anciano cerró los ojos y llevó una mano al rostro de Gina para que no lo viera, si espabilaba. Hubo gritos. Decenas de gritos se extendían por el pueblo.
-¡SILENCIO!- ordenó el pelirrojo, extrayendo la espada de un tirón de brazo y dejando que la mujer cayese al suelo por su propio peso, ya muerta. Un charco de sangre comenzó a formarse bajo la cabeza de la misma -Creo que lleváis parasitando estas tierras el tiempo suficiente para que sepáis de una vez cual es vuestra posición en la vida- dijo con aires, sobre la montura, mirando a todas partes, abarcando el pueblo con la mirada -Este es el destino que os depara si traspasáis los límites. Y podéis tener suerte- se dirigió a Claus -Mucha suerte- remarcó -de que no carguemos este pecado a todo el pueblo y solo la hayamos condenado a ella. Dadle las gracias a la cría- sonrió con maldad -Me costó lo mío, como puedes ver... pero al final sí que fue muy buena, más de lo que esperaba-
-El carro está listo, señor- dijo Edward, apareciendo de la penumbra cerca de Claus -Está amarrado al caballo de uno de vuestros soldados. Irá como la seda- asintió con estoicidad, ignorando la escena.
-Bien. Pues hasta la próxima. Sed buenos si no queréis acabar así- miró divertido al cadáver de la mujer antes de darse la vuelta y ordenar la retirada. Hubo quietud hasta que se dejó de oír el traqueteo del carro, significando que estaban por fin en paz, pues se encontraban lejos. Tras el silencio, todo el pueblo, los pocos que eran, se acercaron a despedir a la madre de Gina.
Anneliesse y los demás no tardaron en bajar de la habitación cuando pudieron comprobar que no había peligro. Toda la banda quiso gritar de rabia y odio, pero el ambiente apesadumbrado de aquel pueblo les golpeó tan fuerte que los dejaron sin palabras una vez salieron de la taberna. Todos lloraban por aquella mujer. No había ni un solo zerita que no estuviera derramando lágrimas tras aquella ejecución cruel. Gina, al menos, seguía viva ¿Pero a qué precio? Estaba tan herida, tan ausente, que no contaban mucho con su futuro bienestar mental -Es terrorífico vivir así- dijo Vian, rompiendo el silencio -Terrorífico e injusto- Claus miró hacia atrás, hacia la puerta donde se encontraba la banda.
-Volved arriba. Esto no os concierne- pidió el hombre con pesar pero con cierta amabilidad -Respetad nuestro dolor como pueblo. Dormid esta noche. Mañana hablaremos- apuntó -Tenemos un cuerpo que enterrar bajo los ritos zerita-
-¿Seguro que...?-
-¿Annie, no?- preguntó -Pareces una buena mujer. Me lo estás demostrando con tu estadía aquí. Y vosotros también- miró a los demás. Gustav no estaba presente -Al menos sois capaces de empatizar con este dolor...- suspiró -Pero por mucho que lo comprendáis, no os concierne. Por favor, dejadnos al pueblo a solas. Esto no es para vuestros ojos ni vuestro corazón- dicho aquello, Ann miró a los demás y todos comprendieron que debían volver a la habitación con Gustav.
Cuando subieron las escaleras, se encontraron a Gustav en pie junto a la ventana, completamente inmóvil, incapaz de hacer o decir nada -¿Gustav?- Iona se acercó a él velozmente y lo tomó por los hombros desde la espalda -¿Estás bien...?- el hombre se giró lentamente para mirarla con dolor y lágrimas -Oh, Gustav...- en un acto que poco o nada esperaba Anneliesse presenciar jamás, Iona se fundió en un sentido abrazo con el hombre, que la correspondió como un niño pequeño, escondiendo el rostro compunjido entre el cuello y el hombro de la mujer, así como su mullido cabello. Estaba claro que era mejor no hablar aquella noche. También estaba claro que ninguno de ellos podría pegar ojo tras la barbarie que habían presenciado. Estaban enfrentándose a seres descorazonados e inhumanos... nada nuevo, tratándose de Arunna.
---
Cuando la luz del sol comenzó a salpicar la habitación a través de la ventana, Anneliesse supo que, por fin, había llegado el momento. No fue la única que se movió en la habitación, pues tal y como pudo suponer, ninguno había podido dormir con comodidad tras lo presenciado. Menos aún Gustav, que estaba apoyado contra la pared como si montara guardia para que nadie entrase en la habitación sin permiso. Fue al primero al que Ann miró para encontrarse con que ya la estaba mirando él -Contéstame rápido Ann- dijo con la voz tomada, como si le faltara fuerza en la garganta -Ese plan que has dicho que se te ha ocurrido... ¿Incluye despellejar a ese tipo? ¿Y a Steiner?- al oír aquellas palabras, la princesa, que podría haberse horrorizado, no hizo más que mostrar una ligera sonrisa así como una mirada fiera y llena de determinación. Gustav le correspondió con la misma mirada -Vamos a hablar con Claus, entonces-
Dicho y hecho, toda la banda bajó, liderada de nuevo por su cabecilla, que caminaba con ciertos aires renovados. Desahogarse un poco la noche anterior y haber reflexionado había fortalecido su espíritu, era algo que todos podían percibir. Al salir al exterior, Anneliesse le señaló la nueva casa de Claus y la banda se dirigió hacia allí, no sin la atenta y sorprendida mirada de todos los aldeanos con los que se cruzaban ¿Qué hacía Gustav libre? -Si tenéis intención de tomar medidas- avisó -Más os vale esperar. Tengo una cita con vuestro papaito- guiñó el ojo a uno de los aldeanos mientras le pasaba de largo, lleno de confianza. Ann e Iona se miraron ligeramente y ambas sonrieron, entre burlonas por el carácter de Gustav, como si fuese invencible después de haberse llevado tamaña paliza en el sótano, pero también contentas por comprobar que no se había perdido en un mar de dudas y remordimientos.
Pese a que no era la idea de Anneliesse avasallar a nadie, Gustav no parecía tener la misma intención de mostrar prudencia. Ni siquiera llamó a la puerta. Entró de golpe, con un empujón con el hombro. La puerta se abrió con tanto estruendo que casi parecía que la casa iba a venirse abajo, pero afortunadamente no fue así. El líder entró como si fuese intocable, ignorando el malísimo aspecto de su rostro y el gigantesco hambre que le estaba devorando por dentro. Estaba más hambriento aún de dar paso a la acción. No esperaba, sin embargo, encontrarse de frente con Edward y Ada además de con Claus -¿Qué demonios haces tú aquí? ¿Cómo te has liberado?- gruñó Edward adelantándose hacia Gustav.
-Espera- Claus se puso en pie con prisas para evitar una confrontación -Yo le solté ayer. Esa chica que viene con él- señaló a Ann -Me propuso algo anoche-
-¿Ah, sí? ¿El qué? ¿Cama a cambio de la libertad de Gustav?- Edward tenía una mirada furiosa.
-¡Ed! No le hables así a mi padre- advirtió Ada con mal humor -Ya es suficiente. Te estás dejando llevar demasiado-
-Oh ¿En serio? Me dejo llevar demasiado por el culpable de que muriera tantísima gente de nuestro clan- frunció los labios con ironía -Disculpa, Gustav. Resulta que el malo soy yo-
-Esto no va de buenos y malos, no entre nosotros, al menos- intervino Ann -Claus y yo hablamos ayer, tenemos un plan que puede beneficiar a ambas partes-
-Ambas, sí, seguro- Edward se cruzó de brazos.
-Deja de comportarte como un niño estúpido y escúchala- ordenó Claus, cediendo a su enfado con Edward.
-¿Vais a informarme de una vez? Esta curiosidad es lo que me mantiene en pie- Gustav alzó una de sus comisuras -Decidme que vamos a por sangre y ni siquiera pararé a comer algo-
-Habla, niña- dijo Claus sentándose, mirándola con cierta dulzura. Debía de ser duro para ella y los demás aguantar a Gustav día sí y día también. Edward y él no eran tan diferentes, realmente.
-Lo que propongo es romper las cadenas- dijo de primeras, dando un paso al frente, llevándose la mirada de todos. Vian se cruzó de brazos y sonrió mirándola -A falta de terminar de ver el resultado de los actos de ese tal Lars, ya había podido llegar a imaginar la magnitud de la crueldad que vierte sobre vuestro pueblo. Lo que propongo es librarnos de él-
-No lo habíamos pensado nunca. Gracias- interrumpió Edward con sarcasmo -¿Crees que es tan fácil, mocosa?-
-Sé que no es una idea nueva para vosotros. Claus me contó las innumerables veces que habéis planeado algo así y siempre ha fracasado con solo idearlo. No disponéis de armas ni de recursos-
-Exacto- asintió Ada -¿Entonces qué tiene de diferente tu plan?- quiso saber, interesada.
-Para comenzar, nosotros sí tenemos armas- asintió.
-Solo sois 5 ¿Qué pensáis hacer contra toda su guarnición? Al menos son unos 20, 21 si contáis a Steiner- gruñó Edward.
-Seis- corrigió Ann -Gustav viene con nosotros-
-Y un cuerno. No hay más que hablar- sentenció el rubio.
-Silencio, Edward. Prosigue- invitó Claus.
-Como decía, somos 6, pero experimentados. Ellos sobre todo- con un gesto de la cabeza, señaló a la banda -No sabría decir a la cantidad de peligros que se han enfrentado, pero os puedo asegurar que son... somos, más que capaces-
-20 soldados no son nada- sonrió Gustav, fanfarrón -Además, tenemos el brazo de ese- señaló a Vian -Es una máquina de matar-
-¿Eso vais a hacer entonces? ¿Matarlos a todos?- la pregunta de Ada, mirando directamente a los ojos de Ann, la hizo abrir la boca para luego callar ¿Era cierto, no? Estaba proponiendo asesinar a seres humanos, seres vivos. De pronto la expresión de su rostro cambió y su mirada, al principio fiera, se volvió brillante y blanda.
-Mírala...- Edward chasqueó la lengua -Se ha venido abajo, de pronto ¿Y así pretendes enfrentarte a un grupo de soldados? Pareces una niña pequeña-
-Annie es nueva- intervino Iona -Más o menos- se corrigió -No es la más letal de todos nosotros, desde luego- mintió. Si la chica supiera manejar al Ente... -Pero a mí no me tiembla el pulso, ni al resto-
-Deberiais ver luchar a la enana- Gustav miró orgulloso a Aiko, que hacía movimientos de puñetazos con las manos hacia el aire, llena de energía.
-Es una pérdida total de tiempo. Nos van a matar a todos- se quejó Edward mirando a Claus -¿Vas a creer en serio a esta panda de chalados? Van a ser nuestra ruina-
-Ellos no nos conocen. No saben que estamos aquí- corrigió de nuevo Ann, recomponiéndose al cambiar de tema -Siempre podemos ser chivos expiatorios. Si nos pillan, no seremos más que una vulgar panda de asaltantes que hemos intentado allanar una hacienda y hacernos con el botín. Vosotros estaréis libres de sospecha- ante aquella propuesta, Edward soltó un bufido.
-La chica tiene agallas, Edward- sonrió Claus -Y sabe utilizar su posición en la vida a su favor. Es inteligente-
-No tanto como quisiera- dijo ligeramente avergonzada -Por eso necesitamos a Gustav con nosotros- el líder la miró -Es nuestro jefe, nuestro líder. Nihilia no es nada sin él- todos asintieron ante aquella afirmación y el líder no tuvo más remedio que bajar la cabeza un instante para ocultar una mueca conmovida -Es nuestra cabeza pensante. Estoy segura en que ideará un plan mucho más profundo y detallado para que salga adelante-
-Él ha sido el eje central de cada uno de nuestros movimientos- aseguró Iona -Si seguimos vivos es porque él ha tomado las decisiones difíciles y se ha asegurado de que nuestro bienestar esté por encima de todo. No nos defraudará ni mucho menos a vosotros-
-Tarde- gruñó el rubio.
-Si así logro redimirme, pagar ligeramente el precio de lo que supuso mi marcha, os ruego que me permitáis hacerlo- de forma sorpresiva, el líder cayó sobre sus rodillas, justo en linea recta frente a Claus, sentado en su silla -Si habéis decidido escuchar a Annie aunque sea un instante y os parece que puede que esta vez haya una ínfima posibilidad al contar con nosotros, por favor, permitidme participar. Confiad en mí. Confiad en que no volveré a fallaros, ni a Zere- miró a Ann -Ni a ninguno de vosotros- la chica le respondió con una amable sonrisa.
-¿Padre...?- Ada lo miró con dudas. El anciano se mesaba la barba observandolos friamente a todos.
-Yo propongo que acabemos de una vez con esto. Castiguemos a ese malnacido como se merece- señaló a Gustav -Y expulsemos del pueblo a esta panda de desgraciados antes de que nos caiga encima un nuevo castigo. Ya visteis como acabó Agatha anoche. Gina ahora está sola, rota por dentro y por fuera -¿Queréis que acabemos todos así?- Claus ignoró las reiteradas palabras de desánimo de Edward y terminó por asentir despacio, soltando aire pesadamente.
-Si hay algo de lo que estoy segura en esta vida larga y pesada con la que cargo a mis espaldas, es que esta situación es insostenible. Si seguimos así, nos extinguiremos de una forma horrible. Más nos vale actuar-
-¡Pero Claus...!- el anciano, cansado, miró a Edward lleno de coraje.
-¡Ya basta! Cierra la boca y déjame hablar- ordenó, causando un obediente silencio en Edward -Gustav... fuiste el origen del más grande de nuestros males. Hagas lo que hagas, caminarás eternamente entre sangre y huesos de tu pueblo. Allí donde te dirijas, sus espíritus irán contigo. Cada noche, te preguntarán por qué hiciste lo que hiciste...- Gustav bajó la mirada -Pero aún puedes conseguir que los que quedamos vivos tengamos algo que agradecerte- ante el último comentario, el líder miró al anciano lleno de esperanza -Confiar en ti son palabras mayores, peligrosas y afiladas como cuchillas ¿Pero confiar en esa joven?- miró a Anneliesse -Eso es algo que puedo intentar por una vez. Espero que no me defraude-
-No lo hará. Ninguno os defraudaremos- asintió Gustav.
-¿Y bien?- sonrió Ada con ojos acuosos -¿Tenemos que esperar a idear un plan o...?-
-Ya tengo una ligera idea- sonrió Gustav con tono triunfante -¿Sabéis dónde viven esos desgraciados?- Claus asintió -Bien. Empezaremos por un rápido vistazo a esa hacienda suya. Observaremos, acecharemos. Contaremos cada paso que dan los guardias, de ser necesario, pero aprenderemos su rutina nocturna en un abrir y cerrar de ojos. Luego organizaremos el ataque en función de ello- Claus asintió, le parecía bien -Vosotros, mientras tanto, teneis que trabajar. Árboles. Talad árboles- explicó -No sois muchos aquí, así que con unos cuantos carros bastarán. Si podéis fabricarlos, mejor. Si podemos robar algunos alguna vez hayamos exterminado a las ratas... también los sumaremos-
-Necesitaremos caballos para los carros- interrumpió Ada.
-Los tomaremos de los soldados y de sus caballerizas. No hay que temer por ello- Gustav se puso en pie, por fin. Le dolían enormemente las rodillas -Con suerte, en menos de una semana todo estará dispuesto para que nos marchemos. Podréis dejar atrás este pueblo infecto-
-Y cruzar hacia Oriest con nosotros, de ser posible- asintió Ann, convencida -Merecéis esa libertad-
-Tú, por cierto, puedes quedarte- dijo Gustav a la princesa -Tu experiencia en combate no es suficiente, así que puede ser peligroso. Esta noche quedate aquí y ayuda con los árboles, la comida o lo que sea que quieras hacer-
-¿Qué? Ni hablar- contestó Ann -Ni en broma. Yo voy con vosotros-
-Annie...- gruñó Gustav.
-He dicho que no. Voy a ir con vosotros. Somos un equipo. Daré lo mejor de mí. Te prometo que no bajaré la guardia-
-¿Vas a discutirme delante de Claus?- se avergonzó.
-Sí. Te recuerdo que estás aquí frente a mí porque yo propuse el plan en primera instancia, así que no quieras apartarme ahora como si fuera una chica indefensa- lo miró a los ojos -¿Estamos juntos en esto y en todo, no?- Gustav reconoció aquella ligera chispa en su mirada. Esa chispa de soledad que aún no se apagaba del todo y que le nació cuando la rescataron en el bosque gracias a Ren. El líder no tuvo más remedio que chasquear la lengua.
-Nos protegeremos entre todos- aseguró Vian -Jamás dejaré que le pongan una mano encima-
-Ni yo- se sumó Kassad.
-Ni yo- siguió Iona. Aiko se dio una palmada en el pecho y sonrió a Ann, asegurando que ella también.
-Todos o ninguno ¿eh?- se encogió de hombros Gustav -Está bien... Tú ganas, pequeña cabezona- Ann le sonrió con sinceridad.
-¿No es patético?- se quejó Edward -Parecen un grupo de adolescentes soñadores... Van a acabar sepultados antes de que amanezca- se cruzó de brazos.
-Edward... no quiero volver a oirte en lo que queda de día- condenó Claus, pero con rostro encantado, sin dejar de mirar a ese grupillo de mercenarios a los que había decidido confiar el futuro de Zere -No quiero volver a oír una sola crítica a ese espíritu de unidad- Ada le puso una mano en el hombro a su padre, reconfortante -Es lo que más añoro de nuestro pueblo... y quiero creer que, gracias a ellos, aún podemos tener una pequeña oportunidad- miró a su hija y su hija le miró. Ambos asintieron, conformes -No nos falléis- exigió Claus en voz alta a la banda.
Comentarios
Publicar un comentario