El grupo se levantó un último día más sabiendo que finalmente llegarían a Romhal de una buena vez. El viaje había sido bastante más agotador debido al hecho de que tuvieron que hacer constantes paradas para seguir cazando o volver a servirse de agua antes de llegar a la ciudad. Al menos les sonreía la fortuna y en todo el trayecto desde que salvaron a Ann hasta que rozaban las puertas de la famosa Ciudad de la Bruma no se encontraron con ninguna tropa de Arunna ni con mercenarios que pudieran ponerles las cosas difíciles. Siempre estaba bien tener razones para poder alegrarse -Bueno, por fin estamos aquí- dijo Gustav no con poca satisfacción en la voz mientras dejaban atrás la arboleda y la siniestra ciudad se alzaba imponente frente a ellos en el horizonte. Bandadas de cuervos volaban por encima de la ciudad, que se apreciaban como diminutos puntos negros surcando las nubes oscuras que caían sobre la ciudad como una cortina que la quería proteger de la vista de la gente.
-Es aterradora- comentó Ann. Obviamente nunca la había visto más allá de distintas pinturas y representaciones. Pese a que siempre se la mostraba así, jamás igualaría al impacto que causaba verla con los propios ojos y sentir ese hedor a humedad y las partículas diminutas de humedad golpeándole en la cara.
-No son mala gente, al menos- apuntó Kassad -Un poco siniestros, pero amables. Supongo que el clima no ayuda a que sea gente dicharachera, aunque suene a topicazo-
-Es el lugar ideal para Ren, desde luego. Le pega mucho- comentó Gustav con su tono alegre de siempre, queriendo limar asperezas.
-¿Me estás llamando chupasangre?- contestó Ren de manera inesperada, haciendo reir a los demás.
-Siempre te he visto pinta de vampiro, sí. No te quedaría mal ser como los de las historias- se burló Gustav.
-Quizá lo sea en secreto- sonrió con malicia -Cuando menos lo esperes, te dejaré seco de sangre y me libraré de ti-
-Siempre he considerado que portan un toque distinguido y masculino. Y no es que lo prefiera, pero la representación de un vampiro mordiendo a un hombre se me antoja tan erótico o más que a una mujer- comentó reflexivo Kassad.
-A ti también te mataré por hacer siquiera esa sugerencia. Qué asco- volvieron a reír mientras cruzaban a paso lento, sobre los caballos, a través de las grandes puertas que guardaban la ciudad. Los soldados que custodiaban los miraron pasar con detenimiento, estudiándolos. Pero verlos así, juntos, tranquilos y entre risas, los hicieron pasar como un grupo inocente de viajeros.
Avanzaron largo rato a través de la calle principal, toda envuelta en bruma fría que se agarraba a las gargantas. La gente pasaba por los laterales de las calles dejando el paso central a los caballos. No era mentira lo que le habían dicho a Ann: todos los habitantes de Romhal parecían estar enfermos, con pieles pálidas en lugar de simplemente blancas. Hasta aquellos que tenían pieles oscuras lucían macilentos y con ojos caidos y cansados. Era como si aquel lugar estuviera siendo arrasado por algún tipo de enfermedad, aunque afortunadamente solo era una niebla cansina y eterna a la que estarían más que acostumbrados, pero no debía sentarles demasiado bien -Ah, el bueno de Voris- dijo Gustav de pronto, deteniéndose ante una tienda -Aquí podremos comprar todo lo que necesitamos. Voy a ser generoso y voy a gastar todo el dinero que tenemos, así que agradecédmelo más tarde con unos vitores y alabanzas-
-Lo dices como si no te tuvieramos que dar permiso- gruñó Iona -Nosotras vamos allí- señaló a un cartel con dos tijeras cruzadas entre sí -Voy a comprarle al pajarillo un plumaje nuevo. Suelta las denas-
-Solo sabéis pedir, mujeres- dijo de mala gana dándole un buen puñado de denas a Iona -A ver cuando dais algo- sonrió pícaro.
-¿Hostias? Todas las que quieras y cuando quieras- replicó ella guiñándole un ojo y marchando con Ann y Aiko hacia la tienda de ropa.
-La tengo en el bote- dijo Gustav descabalgando -El día menos pensado, me la llevo al huerto-
-Sí, para que ella te entierre entre nabos y zanahorias- se burló Ren haciendo reir a Kassad.
-No lo habría dicho mejor. Lleva años en la banda y no te mira más de lo necesario, Gustav ¿Qué te hace pensar que algún día ella y tú...?- preguntó Kassad con un extraño interés. Gustav soltó una carcajada.
-Es broma, hombre. Entre compañeros es...- giró la mano mientras buscaba la palabra en su mente.
-¿Contraproducente?- arqueó una ceja Ren, esperando acertar.
-Eso, contraproducente. Siempre puede generar problemas, desestabilizar el grupo...-
-Y que ese cuerpazo no se iguala- asintió Kassad -Las otras te sabrían a poco- dicho aquello, el ravaht y Ren entraron en la tienda mientras Gustav miraba de lejos a las mujeres entrar en la tienda rodeadas de bruma. Chasqueó la lengua con rabia y siguió a sus compañeros.
Tras un buen rato aprovisionándose, los tres hombres salieron y comenzaron a repartir lo comprado en alforjas y enrollando los sacos sobrantes en las sillas de los caballos mientras las chicas aparecían. No pasó mucho tiempo hasta que las tres aparecieron de entre la bruma. Ann era la que lucía diferente llevando unos pantalones de cuero ceñido y un chaleco rojo cerrado sobre una camisa. Ahora sí que parecía uno de ellos por completo. Pocos o nadie podrían llegar a sospechar que era una princesa a la fuga con esas pintas -Te acabarás acostumbrando- venía Iona hablando con ella -Y creeme, no te arrepentirás del sujetador. Cuando vuelvas a entrenar, notarás enormemente la comodidad. A veces es cansado llevarlo, pero bueno, peor es nada- se calló al llegar frente a los tres hombres, sobre todo por la cara de Gustav -¿Y a ti qué mosca te ha picado?-
-¿Qué talla es?- preguntó el líder.
-¿Talla?- Ann miró a Iona, curiosa -La verdad es que no lo sé...- se quedó pensativa.
-Pero no le contestes, tonta- gruñó exasperada -Por los cielos, tienes mucho que aprender, Ann. Y más aún del gilipollas baboso este- Gustav se echó a reír en lugar de ofenderse.
-Ella sabe que bromeo- aclaró.
-Si, siempre bromeas- volvió a gruñir.
-Bueno, va. Hablemos de cosas serias. Comamos algo con lo poco que queda. Iona, tú eres de aquí. Recomiéndanos algo- Anneliesse miró a su compañera con interés.
-¿Eres de aquí? Eres completamente distinta al resto. No pareces...-
-¿Moribunda? Ya. Y no es por la niebla, creeme. Es que el gobierno de los Drelen deja mucho que desear. Esa familia está mal de la cabeza- suspiró -Pero no es un tema del que me guste demasiado hablar- miró distraida a lo largo de la calle -Vamos allí- señaló -Aquella taberna no está mal. Quizá el dueño que en su día conocí ya no la regenta, pero por alguna razón allí se está algo más "seco"-
-Pues vamos- asintió Gustav -Espero que mi garganta no se quede "seca" allí-
Tras el chiste malo, dejaron a los caballos bien amarrados en una calle lateral de la taberna donde no molestaban al tránsito de la calle principal. Iona aseguró que no les robarían, pocos tenían el valor de hacerlo bajo el dominio de los Drelen. Cuando decía que eran una familia que estaban mal de la cabeza no solo se refería a una clase de locura, sino que eran verdaderos barones y baronesas de la sangre. Si había un gobierno severo para con los criminales en Oriest, ese era el de Romhal.
Cuando entraron en la taberna buscaron de forma natural el lugar más alejado de la puerta. Dentro no había mucha gente, de manera que había espacio de sobra donde sentarse -Cerveza, por favor- dijo Gustav alzando una mano -Una para cada uno-
-¿Eh? ¿Para mí también?- se sentó Anneliesse, curiosa.
-Pues claro que sí-
-Yo no... la he bebido nunca. De por sí no debería beber. Ya la última vez...- musitó.
-Solo una- guiñó el ojo Gustav -Tampoco tengo para más- se burló de sí mismo, riéndose, mientras el camarero tabernero llegaba con una bandeja a dejarles las garras encima de la mesa redonda -Es una celebración ¿Está claro?- los miró a todos -Aquí y ahora celebramos oficialmente el reagrupamiento de esta banda con la nueva incorporación de Annie- sonrió complacido. Todos agarraron sus jarras y brindaron. Ren con un poco menos de ánimo que el resto, pero sin dejar de mirar a Ann. Cuando ella le miró, él apartó la mirada. Parecía estar algo más animado pese a su estancia, pero ausente desde que ambos entrenaron. Era una completa realidad que ese hombre era más difícil que cualquier otra persona que hubiese conocido nunca.
-Bueno ¿Y ahora qué?- dijo el espadachín tras dar un trago.
-Es una buena pregunta- Gustav se acabó la cerveza antes de hablar. Se la tomó sin respirar. Ann dio un trago y casi escupió.
-Dioses, que amarga está-
-Si no te gusta, me la beberé yo- guiñó el ojo Iona.
-Y una mierda. Si no la quieres, dámela- intervino Gustav.
-Tú ya te has bebido la tuya- se quejó la mujer
-¿Y qué? Yo pago, me llevo lo mejor-
-Tú pagas porque consigues dinero gracias a que colaboramos todos. Ni que hicieras tú todo el trabajo-
-Callaos- ordenó Ren de pronto -Bajad la voz, al menos- los miró con severidad -Hay ojos y oidos escuchando- Gustav miró a todas partes.
-Pero si casi estamos solos- se sorprendió de la precaución de Ren -Tampoco hablamos de nada serio-
-Hay un tipo, aquel de la capucha negra y chaqueta- decía sin mirarle ni señalarle, disimulando -Lleva mirándonos desde que entramos. Sé que no habláis de nada comprometido pero siempre nos ha beneficiado el pasar inadvertidos. Somos un grupo de personas, ahora con una más- señaló a Ann con la barbilla -Así que si sumamos miembros, agrandamos el bulto que hacemos. Si encima os ponéis a montar jaleo, empezarán a prestarnos atención y puede ser que nos hagan preguntas- miró a Iona -Te recuerdo que eres una vieja ladroncilla de esta ciudad, así que yo que tú no me confiaría- Iona miró a todas partes, repentinamente preocupada. Ren demostró la capacidad de no distraerse nunca. Era curioso que Gustav fuera el líder en lugar de Ren, que siempre parecía más frío, sereno y con los pies en la tierra además de ser el mejor luchador de todos, dicho por todos los demás miembros de la banda.
-Bueno, está bien- suspiró Gustav -Pero sí, no estaría mal planificar futuros movimientos. A ver- se inclinó sobre la mesa apoyando los brazos -Dado que nuestra Annie está más a salvo en los bosques y cuanto más lejos de su casa, mejor, propongo que nos movamos al otro lado del telón-
-¿Al oeste?- preguntó Kassad sorprendido -¿En serio? Sería la primera vez que vamos por allí. Toda nuestra vida la hemos pasado por el Este- Gustav asintió.
-Expandamos horizontes-
-En el Oeste hay dragones- comentó Ren con aquella terrible mirada afilada. Ann volvió a sentir un vuelco en el corazón al mirarle a los ojos.
-Pues se les mata, ya ves tú qué problema- sugirió Gustav con tono juguetón. Ren suspiró pesadamente mientras la conversación se veía interrumpida por un hombre que entraba apresurado en la taberna. Casi trastabilló para llegar a la barra, a la que se afanó como un desesperado. La banda no le miró directamente, pero aguzaron los oidos. Algo le pasaba a ese tipo y podía significar dos cosas: dinero o problemas.
-Luka, ponme un trago. Rápido. Whiskey- exigió. El tabernero le sirvió con sorpresa.
-¿Se puede saber qué te pasa, August?-
-Es horrible. Es terrible- se tomó la copa de un trago -Más- dio golpes en la barra. Luka le sirvió de nuevo y volvió a tragar -Es asqueroso. Vomitivo-
-Pero cuéntame, hombre ¿Qué sucede? Me tienes en ascuas- se echó a reír el tabernero.
-No te reirás tanto- miró hacia la puerta para asegurarse que no entraba nadie en ese momento -Arunna. Tropas de Arunna se movilizan hacia el Este, vienen hacia aquí. Es terrible ¡Terrible!-
-¿Arunna?- aquella conversación alcanzaba los oidos de la banda. Todos miraron a Ann sin excepción, que estaba blanca como la niebla -¿Qué pintan tropas de Arunna por aquí?-
-Es imposible que no te hayas enterado- al hombre, el tal Luka, se le desencajaron los ojos -¡Lo sabe ya todo el mundo a estas alturas, por los Dioses! ¡Han tomado Lynastis a la fuerza! ¡Es un maldito golpe de estado!-
-Algo oí ¿Pero qué tenemos que ver? ¿No fue por disputas familiares con los Carsters? Me contaron que insultaron el honor de los Svartal y, claro, las cosas pasan...- las noticias volaban eso estaba claro.
-Será mejor que nos marchemos- dijo Ren entre susurros -Annie- la llamó. Ella le miró, sobresaltada de que la llamara por su "nombre". No la llamó, solo movió la cabeza en un ligero asentimiento, pero la chica podía sentir que era un gesto de confianza, de que todo iba a salir bien. Ella respondió de la misma forma con la sombra de una sonrisa intentando aflorar en su rostro, pero por poco tiempo.
-Dicen que el cuerpo de la princesa Anneliesse Carsters no aparece, por lo que se la considera desaparecida. La pobre seguramente ha tenido que morir pero estará sepultada entre tanto escombro y restos de la batalla- negó con la cabeza -Están desplegándose por todas partes para encontrarla y no solo a ella, quieren anexionar Romhal y Ravahta ¡Es terrible!- se llevó una mano a la frente -Se avecina una terrible batalla. Vamos a morir todos. Ojalá Lord Drelen haga algo útil por una vez en su vida y acceda sin prestar resistencia. Así al menos nos ahorraremos morir- Gustav se acercó a la barra a dejar las monedas de la bebida mientras los demás se levantaban. Intentó pasar desapercibido para que ni siquiera le hablaran y lo metieran en la conversación, pero no lo logró -Eh, buen hombre- le llamó Luka -¿De dónde eres?-
-De lejos- comentó sin más, alejándose.
-Entiendo el celo de tu vida privada, pero ten cuidado. Hardum Svartal en persona está paseando por todo el reino con la cabeza del rey Reginald clavada en una pica para demostrar su victoria. Todo aquel que le vea debe arrodillarse o será ejecutado de la peor de las maneras. Entiendo por tu respuesta que no eres de aquí- luego miró al grupo -¿Vais juntos? Tened cuidado. Si le veis no huyáis, os lo aconsejo- dio golpes desesperados en la barra. El tabernero volvió a servir. Tragó el contenido de un sorbo veloz y se le enlagrimaron los ojos -Por los Dioses, no os crucéis con él. Rezo por vosotros y por cada habitante del reino. Dioses, Dioses...- el hombre cayó derrotado sobre la barra, sollozando profundamente.
-Venga, vamos- apremió el líder. Al salir a por los caballos, se dieron cuenta de que Ann caminaba despacio y temblorosa. Le costaba mover las piernas. Más bien las arrastraba.
-Pajarillo- Iona la agarró de los hombros -Eh, mírame- pálida, blanca como la luna y con los ojos vacíos de emoción más que una profunda y enorme angustia que la devoraba, alzó el rostro hacia su compañera -Sé que lo has oido. Todos lo hemos hecho- la princesa temblaba terriblemente bajo las manos de Iona -Pero todo pasará ¿De acuerdo? Todo irá bien. Todo estará bien. Nos vamos juntos. No nos vamos a cruzar con él-
-Y si nos lo cruzamos...- gruñó Gustav -Le damos muerte-
-Nada de peleas- dijo Iona. No con su constante refunfuñar, lo decía en serio, muy en serio, con convicción -Lo mejor ahora es alejarse de los caminos si vienen hacia aquí. Vayamos al bosque profundo y rodeemos hasta la frontera con Occest-
-Bajad la voz- dijo de nuevo Ren. Estaba mirando hacia la puerta de la taberna, pues aquel tipo de la capucha había salido. Lucía una chaqueta negra y un pantalón marrón sobre unas botas de cuero negras. Bajo la sombra de la capucha asomaba una pequeña barba no demasiado larga, poco cuidada. Les disparó una veloz mirada y luego siguió su camino -Tenemos que irnos ya-
-¿Qué pasa? ¿Por qué te inquieta tanto?- Gustav no lo comprendía. No veía nada sospechoso en él.
-Si alguna vez has confiado en mí, hazme caso- le miró severo -¿Cuándo me ha fallado mi instinto?- aquellas palabras pesaban más de lo que parecía. Ren siemper solía tener un sexto sentido para evitar grandes peligros y pocas veces se equivocaba. Era mejor hacerle caso, de manera que se apresuraron a los caballos -Tú, conmigo- tomó a Ann de las caderas y la subió al caballo nuevamente sin esfuerzo alguno. La chica no estaba en condiciones para volver a asombrarse, sin embargo -Aprisa- Ren montó tras ella y tomó las riendas.
-Sin correr, no levantemos sospechas- dicho aquello, se pusieron en marcha bajando de nuevo por la calle principal. Debido a que Ann parecía estar sufriendo un pequeño colapso emocional por lo que acababa de oir, Ren le subió la capucha de la capa que le habían comprado y le ocultó el rostro lo mejor posible. Afortunadamente lo hizo a tiempo antes de que pudieran presenciar una cuadrilla de al menos 20 soldados de Arunna apareciendo entre la bruma, surcando las puertas. Comenzaron a vociferar que todos los habitantes de Romhal debían salir al exterior a escuchar lo que venían a decir si querían conservar las cabezas sobre los hombros.
-Demos un rodeo- ordenó Ren, adelantándose a Gustav -Iona, guianos. Sácanos de aquí, ya- Iona asintió mientras daba la vuelta a su caballo. La profunda niebla les cubriría lo suficiente para pasar desapercibidos. Ahora solo debían rodear las calles y pasar por detrás de aquel grupo que, con suerte, venían solos y no había todo un ejército sitiando la ciudad. Si lo que el tipo de la taberna decía era cierto, no sería el caso, dado que un resucitado Hardum estaba pavoneándose del crimen que había cometido y seguramente tardarían en llegar, pero debían abandonar la región cuanto antes...
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