Con Ren completamente destrozado y con la inmensa necesidad de descansar, la banda decidió asentarse finalmente en ese mismo punto del bosque para que el espadachín pudiera recobrar algo de fuerzas. Desgraciadamente, Gustav sabía que no podían pasarse días enteros allí, pues el caos que causó Ann en cuestión de segundos con aquella escapadita de sus poderes podría haber llamado la atención de cualquiera. Con la llegada de la noche y sin hoguera podrían pasar mejor desapercibidos, pero con la llegada del día... -Al menos, hay luna llena hoy- comentó el líder mirando al cielo -Eh, Ren- llamó -¿No sueles estar de buen humor en noches así? Esa alma tuya tan bohemia y melancólica vibra al son de las noches de lobos y cuentos de terror- dobló una comisura, pero no obtuvo respuesta de Ren, más apartado que ellos, en aquel árbol. Decidieron dejarle espacio, como tanto solía disfrutar, por si eso le animaba un poco o lo sacaba de ese extraño sopor en el que se había visto sometido. Miraba a la nada con los ojos muertos y los labios ligeramente abiertos, con la mente perdida en unas profundas mareas de pensamiento que seguramente no le traerían absolutamente nada bueno, pero de la que nadie podía rescatarle.
-Parece que vuestro amigo necesita desconectar- comentó el desconocido, Vian Kallum, sentado no muy lejos de Gustav. Este le miró como si de pronto hubiese recordado que ese tipo estaba ahí, con los ojos muy abiertos.
-Oye, creo que quizá nos hemos precipitado un poco- comentó el líder.
-No me digas- bufó Iona. Gustav alzó una mano para que se callara.
-Verás, dada la situación, no te voy a negar que un brazo como el tuyo nos viene de puta madre- remarcó mucho el "puta madre".
-Pues eso, contad conmigo- sonrió Vian.
-No, no, "contad conmigo", no. Cuéntanos tu historia, pateabosques. Eso de que eres un soldado de Lynastis, sin más, no me vale. Un tatuaje se lo hace cualquiera- Anneliesse dejó de mirar a Ren para observar a Vian. La verdad es que no le sonaba de nada. No le había visto jamás. Este soltó un largo bufido y se acomodó en el suelo.
-A ver...- se llevó una mano a la barbilla, rascándose -Soldado, soldado, no soy- dicho aquello, Aiko e Iona echaron manos a sus armas -Eh, eh, eh. Calma-
-¿Empezamos mintiendo, guaperas?- siseó la romhi -Mal camino-
-No es mentira- gruñó -Solo faltan datos. Veréis... Hace unos años, concretamente...- contó con los dedos -Hará unos cinco años... perdí mi puesto entre los soldados de su majestad, Reginald- miró a Anneliesse -Reconozco que no fui el mejor, prin...- frunció los labios -Anneliesse- lo pronunció con dificultad. Las viejas costumbres no morían -Me expulsaron del cuerpo de la guardia real por haber tenido una pequeña salida de tono con el capitán- dijo avergonzado, pues estaba ante la princesa -Bebí un poco de más con los compañeros. Me avergüenzo enormemente de aquello-
-¿Le arreaste un puñetazo o te cagaste en su madre?- quiso saber Gustav, arqueando una ceja, divertido.
-Solo puse en tela de juicio la forma en la que se actuaba con ella- señaló a Anneliesse con un gesto de la cabeza -Sobre su encierro, ya sabéis, imagino. No hay nadie en todo el reino que no sepa de su cautiverio del que, por fin, parece que se ha liberado. Me alegro, Anneliesse- sonrió de oreja a oreja. La chica no le prestaba demasiado atención, pues había vuelto a vigilar a Ren. Sin embargo aquellas palabras no cayeron en saco roto. No se volteó para mirarle, pero no quiso quedarse callada.
-¿Te alegra la muerte del rey? ¿Y la del aegis real?- preguntó con dureza y frialdad.
-Dioses, no- se inclinó hacia delante el ex-soldado -Nunca me atrevería a...-
-No me dirijas la palabra. Hoy no. No me interesas lo más mínimo- todos miraron a Anneliesse con suma extrañeza ¿De dónde le nacían esos modales?
-Bueno, bueno... Ya ves, muchacho, que tu "princesa" es ahora más aguerrida que yo, así que ya puedes ir olvidándote de protegerla- palmeó y frotó las manos el líder.
-Aunque ella no lo necesite, mi vida siempre la he destinado para esto- espetó Vian -He dedicado cada día y cada noche a prepararme físicamente para servir a la familia real. He entregado mi corazón a su bienestar, a su causa-
-Ya no hay causas, chico. Lynastis no existe. Ahora forma parte de Arunna- bufó Iona.
-Lo sé... pero no podía hacer nada. Siempre me he mantenido cerca de la ciudad. Me dediqué a la vida de mercenario porque era lo más parecido y si me contrataba alguien de Lynastis era como trabajar al servicio de la ciudad, como ser soldado- suspiró con tristeza -Supe que moriría si me metía entre el ejército del norte, así que decidí huir. No es lo más valiente, pero sí lo más práctico. Quizá algún día podría aportar venganza- asintió -Pero luego oí los rumores de que la princesa no había muerto y recuperé la esperanza- Vian la miró aunque ella mirara a Ren de forma indiscriminada -Aún tengo algo por lo que luchar. Y podré demostrarme a mí mismo además que tenía razón: no me expulsaron justamente. La princesa Anneliesse necesitaba ser libre, podía ser libre, se merecía serlo- concluyó.
-No la llames princesa de nuevo. Ella no quiere. No volveremos a avisarte- intervino Kassad, acercándose a ella. Vian asintió.
-Solo dejadme acompañarla. Lucharé y moriré encantado por ella, por su bien- Gustav asintió tras un momento de silencio.
-Si formas parte de la banda, luchas por todos. Morirás, sí, pero por cualquiera, no solo por ella- recalcó el líder.
-Si ese es el precio que debo pagar por cuidar sus pasos, que así sea- se llevó de nuevo la mano al corazón.
-Dioses, eres tan formal que repugnas- Gustav se agitó como si sintiera un escalofrío.
-No te preocupes- masculló Kassad junto a Ann. La chica se sobresaltó al escuchar a su compañero tan cerca -Estará bien-
-Kassad...- masculló la joven -¿Alguna vez ha estado así?- quiso saber.
-No... Jamás le he visto en este estado- se lamentó el ravaht -Él siempre ha sido un hombre fuerte, serio y testarudo. Se me encoje el alma viéndole tan... Maldita sea...- golpeó la tierra con rabia -Es mi amigo y yo... no he podido ayudarle- Ann posó su mano sobre la del moreno, consolándole.
-No es culpa tuya, Kassad- le miró a los ojos -Estabais protegiéndonos de los guardias de ese... malnacido-
-Pero si fuese un guerrero mejor... Si hiciera honor al origen ravaht que corre por mis venas... Pobre Ren...- le palmeó la mano a la princesa y la retiró. No se sentía digno de confianza de estar en contacto con su mano.
-Me gustaría ver si tiene fiebre pero... seguramente me lo impida- suspiró la chica -¿Por qué debe ser tan solitario hasta en momentos así?-
-Siempre hay razones para todo- intervino Gustav. Parecía que no les oía conversando con Vian y por la baja voz de aquellos dos, pero sí. La proximidad le permitía oirles perfectamente -Cada uno tiene las suyas, Ann- Gustav entrelazó los dedos y miró cabizbajo hacia el suelo. La chica podía percibir en Gustav, al igual que en Ren, un enormísimo pesar. Sin embargo compartía una extraña empatía con el espadachín, del que sentía su tristeza y su abismo interior como si tuviese un cartel pegado en la frente ¿El cómo era posible? No lo sabía y le intrigaba de forma colosal... pero lo único que podía hacer era comprenderle, empatizar con él y tratar de ayudarle en lo que pudiera -Debemos pensar en qué hacer a partir de ahora- dijo Gustav de pronto.
-¿Crees que es momento?- cuestionó Iona con un tono de voz bajo.
-Sí- Gustav esnifó de forma sonora por la nariz -Es el momento- los miró a todos -Estemos heridos o no, derrotados o no, debemos seguir hacia delante. Todos juntos- decía convencido -Nuestros cuerpos caen pero nuestras almas deben seguir ardiendo. Mientras sigamos vivos, podremos salir de cualquier agujero- poco a poco, terminó por sonreir -Así que venga, ayudadme a planificar. Si algo tenemos claro es que debemos abandonar Oriest-
-Sabia elección- participó Vian -Si bajamos por el suroeste, podremos acercarnos por Baekshi y evitarnos subir por senderos montañosos de Lynastis hacia Oriest- Aiko empezó a hacer gestos furiosos. Estaba claro que se negaba.
-Baekshi ni mencionarlo- gruñó Iona -¿Siguiente propuesta?-
-Ann- llamó Gustav -¿Conoces las montañas? Sé que no en persona ¿Pero y en teoría? ¿Sabes algo de ellas que nos ayude a cruzarlas?-
-He leido y leido...- comentó pensativa -Pero no estoy segura de cuanto podría aportar. La teoría no sirve de mucho contra la orientación y la resistencia para cruzar esos pasos. Algunas son bastante altas. Eso era lo que nos protegía de Ryudo-
-Es cierto... Bueno, pensemos. Tardaremos unos días en llegar a la frontera, pero la mejor forma sería sin duda por Baekshi, cosa que sabemos que no será así- recalcó -Las montañas son complicadas... ¿Debemos entonces atajar por Zastra? Las fronteras del norte son algo más...-
-¿¡Ren!?- Anneliesse se puso en pie de golpe, sin venir a cuento. Todos miraron en su dirección para comprobar que el cuerpo del espadachín, antes perfectamente visible apoyado en el árbol, ahora no estaba. En el tronco una mancha oscura de sangre brillaba a la luz de la luna -¿Dónde está? ¿Qué ha pasado?- quiso saber Ann, pero nadie lo vio ponerse en pie. De hecho, no debía estar en condiciones aún de ir a ninguna parte. No hasta el amanecer, por lo menos.
-No ha habido gritos así que no le ha atacado ningún animal. No se oyen ruidos. Usemos eso a nuestro favor- comentó Vian -Separemonos-
-Buena idea. Si alguien lo encuentra, que de una voz. No debe estar lejos en absoluto- todos asintieron ante aquella orden y se separaron como si fueran fragmentos de una explosión, cada uno en una dirección. Anneliesse decidió ir por el rumbo más lógico: la dirección contraria a la que ellos se encontraban.
[End of Evangelion - Opening of Dream]
Qué extraño era perseguir a un fantasma. Al menos, eso era lo que sentía la chica. A más se adentraba en la oscuridad del bosque siguiendo un imaginario rastro de Ren, más fuerte podía sentir aquellas emociones que antes manaban de él como aguas torrenciales que amenazaban con arrastrarla al olvido. Al final, tras un corto trayecto en carrera, vislumbró una silueta bajo los árboles teñidos de un color azul triste. Era un hombre que se apoyaba adolorido en un árbol con la espalda cubierta por un... ¿Un tatuaje... de un dragón? El pulso de la mujer se aceleró. Recordó de forma inevitable a Eirik desnudarse en su habitación. Sintió incluso el impulso de echar manos a su arma ya estrenada para poner fin de una vez a la vida de ese malnacido pero... no, no era Eirik. Aquel cabello, el pañuelo rodeándole el hombro... Era él -¡REN!- llamó la chica, desesperada. El hombre no se giró para mirarla. Solo estaban ella y aquel dragón espeluznante en su espalda, largo y serpenteante, cadavérico. A diferencia del de Eirik, el de Ren era un completo esqueleto maquiavélico y le ocupaba por completo la espalda, tanto hueso como su sombreado. Estaba perfectamente acabado... y eso más que hacerlo hermoso, lo hacía pavoroso. Debió de haberle dolido por las innumerables marcas que había en su piel, plateadas, adornando el tatuaje -¿A dónde vas? ¿Te has vuelto loco?-
-Vete- ordenó, hablando por fin -Vuelve con los demás. Me marcho-
-¿Cómo... que te marchas?- la chica no comprendía -Ren, deja de hacer el idiota- se atrevió a decir -Estás herido y cansado. Posiblemente puedes hasta enfermar por infección. Regresa y descansa-
-He dicho que os vayáis- se giró un tanto para mirarla. Su cabello despeinado casi le ocultaba la mirada -Yo voy por otro camino. No lo entenderías si te lo explicara-
-No tiene ningún sentido eso que me estás diciendo. Por favor, hazme caso, aunque solo sea una vez- suplicó -Y no volveré a molestarte-
-Ann...- por un instante, la chica creyó percibir un tono divertido en la forma en la que pronunció su nombre ¿Era la primera vez que lo acortaba? No estaba segura -Es gracioso que después de todo... tengas que ser tú quien me encuentre y me pida que me quede. La vida, sin duda, es ironía pura-
-Deja de mascullar y regresa- casi ordenó. Ren alzó más la cabeza para mirarla.
-No lo entiendes. No, no haces siquiera el intento de entenderlo. No te culpo. Así todo es más fácil. Tú ya has sufrido suficiente, imagino-
-¿Qué quieres decir?-
-Márchate Ann. Has hecho suficiente por mí- se llevó la mano sana al pañuelo del hombro -Más que suficiente. Olvida que me has visto- Ren se dio la vuelta para seguir caminando. Había algo, una extraña fuerza que la chica no se atrevía a identificar, que la impedía moverse desde que le llamó. Era como si él hubiera construido un muro invisible entre ambos... y ahora que sabía que él era el otro portador, no le extrañaría en absoluto.
-¡Eh, gilipollas!- Gustav llegó corriendo a toda velocidad acompañado por los demás -¿A dónde coño crees que vas?- adelantó a Anneliesse a toda prisa y, efectivamente, se dio de bruces contra algo invisible. Tan duro fue el golpe que su nariz comenzó a sangrar profusamente -¡Me cago en...!-
-Volved al campamento- ordenó Ren, esta vez con amargura en la voz -No me hagáis repetirlo-
-¿Cómo vamos a volver al campamento sin ti? Nadie duerme si no estamos todos ¿no?- pronunció Kassad, abriéndose de brazos -¿Lo recuerdas? Eso lo dijiste tú. Lo dijiste cuando me perdisteis de vista porque me retuvieron unos guardias en Rogorok- Ren no respondió -Además... ¿A dónde diablos crees que vas? Vas a morir. No llevas siquiera una camisa puesta, maldito testarudo. Vuelve y deja de ser tan infantil-
-Volved- dijo, sin más. Comenzó a caminar.
-¡Ren!- Gustav volvió a darse de bruces contra el muro invisible. Lo golpeó furiosamente como si fuera su peor enemigo -¡Mírame cuando te hablo! ¡Míranos a todos, maldito gilipollas!- dio un poderoso golpe final que, de nuevo, no sirvió de nada -Míranos, joder... Al menos, lo último que podrías hacer es no darnos la espalda de esa manera- de pronto sus ánimos se vinieron abajo.
-De entre todos, Gustav... tú eres el que mejor debería comprenderme- Ren hizo caso y les concedió el mirarles de frente. El pañuelo a modo de venda estaba lleno de sangre, ya secando. El semblante del espadachín era fúnebre, macilento y cargado de un inmenso pesar -Esperaba que tú... me dejaras marchar-
-Y lo haré- aquellas palabras sorprendieron a todos -¡Silencio!- ordenó antes de que pudieran decirle algo -Sabes que te dejaré ir- volvió a dirigirse a Ren -Pero no así. No sin decirme que te vas mirándome a la cara. No sin despedirte, imbécil- escupió -¿Me dirás al menos por qué?- Ren, sorprendentemente, pasó de mirar a Gustav a mirar a Anneliesse.
-¿No podéis imaginarlo después de todo?- casi sonrió con torpeza -Hay un camino que debo seguir a solas a partir de hoy. Finalmente me han encontrado-
-A solas o con nosotros te encontrará de nuevo. Y juntos seremos capaces de mantenerlo a raya, Ren- insistió Gustav.
-¡Eirik es un cobarde!- se atrevió a vociferar Anneliesse, sacándose el odio del pecho -¡Ese maldito desgraciado huyó en cuanto llegaron los demás! ¡No hay por qué... temerle! ¡No merece nuestro miedo!- confirmó con rabia desgarradora.
-Dame una excusa mejor, Ren, o tumbaré este maldito muro invisible que has levantado y te traeré a rastras, cabronazo- desafió Gustav.
-¿Quieres más...?- Ren apretó los puños de manera visible -¿Necesitáis más razones...?- igual para la mandíbula, la apretó hasta que le dolió. En ese instante Ann sintió cómo el pesar se convertía en una ira cegadora que amenazaba con quemarla por dentro ¿Por qué sentía eso manar de Ren de esa manera? Era lo más cercano a meterse de lleno en un volcán -¡Sois un lastre!- vociferó por fin -Seguiros el ritmo, tener que cuidar de vosotros, tener que detenerme para vuestros planes... ¡Todo es un maldito atraso!- rugió -No puedo parar. No puedo detenerme. No puedo retrasarme ni un solo día más ¡Ya casi había olvidado incluso cual es mi objetivo en esta... maldita vida!- se lamentó -Últimamente me había olvidado de que perseguía un destino fijo, un destino inmutable que me juré que jamás se vería empañado por influencias ajenas... y aquí estoy: vagando sin rumbo, sin mejorar, sin crecer, sin cumplir objetivos, haciéndote caso ciegamente, confiando en ti... y acabo cuidando de... ella- concluyó con asco, señalando a Anneliesse. Aquel tono le cogió completamente por sorpresa -Una princesa. No una noble cualquiera, no, la princesa- remarcó -Debería estar regodeándome de haber sido yo el que hubiese causado la destrucción de Lynastis y no Hardum. Yo debería de haberme ocupado de clavar tu cabeza en una pica. Porque al final este es el resultado de vuestra existencia- se golpeó con la mano el sello en el vientre -¡LA MALDITA SED DE PODER DE LOS NOBLES ME HAN CONVERTIDO EN ESTO! ¡Y A TI TAMBIÉN!- señaló a Ann, desgañitándose. Tan fuerte rugía que hasta parecía poderse apreciar la saliva escapársele de los labios -¡ME VOY PARA LOGRAR MIS METAS, PARA NO VOLVER A SUFRIR LA HUMILLACIÓN QUE HE SUFRIDO HOY! ¡ME VOY PARA APRENDER A SUPERAR A MI HERMANO, COMO SIEMPRE DESEE! Y en el camino... En el camino... ¡¡VOY A PONER FIN A ESTE SISTEMA CORRUPTO Y A ACABAR CON LAS VIDAS DE TODOS AQUELLOS QUE HACEN POSIBLE ESTE MUNDO TAN INJUSTO Y QUE SE LUCRAN CON ÉL!!- concluyó. Todos estaban absorvidos por su discurso. No porque tuviese razón, sino porque jamás habían visto a un corazón hablar tan al desnudo. La furia de Ren y su odio era tan palpable que les cerraba las gargantas.
-Ren... Por favor...- Anneliesse apoyó la mano en el muro invisible -Recapacita. Aún puedes relajarte y descansar. Seguro que mañana lo verás todo de...- se quedó en silencio al percatarse de que su mano atravesó el muro invisible sin saber cómo ni por qué. Creyendo que Ren lo había disuelto o que, en su silencio, le permitía pasar. Dio un paso al frente. Al hacerlo, salió despedida hacia detrás. Kassad reaccionó rápido y se colocó tras ella con velocidad antes de que pudiera estrellarse contra un árbol, sosteniéndola. Vian se apresuró a acompañar al ravaht para asegurar a la princesa.
-Tú eres la última que debería dirigirme la palabra... ¿Es que nadie me escucha...?- se cuestionó Ren llevándose una mano a la cara -¿Cuánto tengo que gritar? ¿Cuánto tengo que suplicar? ¿Cuánto tengo que arrastrarme para que se me permita avanzar...?- finalmente, miró a Anneliesse directamente a los ojos -Eres el peor de los sucesos que me ha ocurrido en mi vida, Anneliesse. Desde que nos cruzamos contigo para hurdir tu secuestro, todo en mi vida se ha puesto del revés. No podías ser una consentida más, encantada con su vida. Tenías que tener planes- escupió con saña aquellas palabras -Tenías que ser distinta y querer huir. Ser libre... ¡Pues ya lo eres! ¿¡Y QUÉ HA CAMBIADO!? ¡NADA!- gritó -Seguirás siendo siempre la misma inútil que se queda parada viendo como todo sucede a su alrededor y yo no pienso perder mi vida por protegerte- la miró directamente a los ojos una última vez -¿Para qué quiero a alguien a mi lado que ni siquiera mueve un dedo para impedir que Eirik acabe con mi vida...? Solo has sido un maldito estorbo desde el principio. Ojalá... te hubiese matado en aquel puente, como tanto deseaba...- dicho aquello, se dio la vuelta y comenzó a caminar, consciente del daño que estaba causando... y las mentiras que él mismo estaba diciendo y trataba de creerse.
-¿No podemos seguirle?- preguntó Vian.
-No. Dejadle ir- dijo con suma calma y pesar Gustav -Además, el muro no nos dejará pasar- Aiko extendió el brazo y... lo atravesó: no había muro mágico. Había desaparecido.
-El muro se ha desvanecido- indicó Iona preparándose para correr tras Ren, que se alejaba lentamente. Gustav agarró su hombro como un depredador, inmovilizándola.
-No...- musitó el líder de la banda, sombrío -No se ha desvanecido- su mirada estaba fija en Ren y jamás, jamás, le habían pesado tanto los ojos -De hecho... se ha vuelto más alto, denso e infranqueable que nunca...-
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