Mientras la princesa y su futuro marido disfrutaban de un comienzo de día especial, sobre todo para la primera, la banda Nihilia la pasaba en una posada aún en Roserun, cerca de Lynastis. Gustav era de los que siempre huían hacia delante y consideraba que era más astuto esconderse cerca del lugar del crimen que lejos. Hasta el momento, siempre le salía bien. La guardia, en general dando igual la región, siempre registraban las cercanías primero y luego peinaban con mucho interés los confines más lejanos. En conclusión, era más fácil pasar desapercibido cerca gracias a que nunca esperaban que fueran tan estúpidos de no alejarse del lugar donde se cometía el crimen. Gustav, sin embargo, era terriblemente estúpido -Buenos días a todos- dijo bostezando, sentándose en la mesa donde estaban los demás. La posada estaba tranquila y apenas había un par más de clientes a parte de ellos dado que era temprano y los aldeanos estaban ocupados con sus trabajos matinales. El líder de la banda había sido el último en despertar ya que había tenido una nochecita movidita con una joven camarera de la posada. Hacía ya mucho tiempo que no lograba divertirse sin tener que pagar.
-¿Cansado?- se mofó Kassad junto a Aiko. La joven hizo gestos -Dice que tienes pintalabios en el cuello-
-¿Eh?- Gustav se pasó la mano para ver que arrastraba rastros resecos de carmín rojizo -Ah... Es que se ha despertado con cierto interés en verme los lunares, por cuarta vez- sonrió orgulloso.
-Menudo fantasma estás hecho- dijo Iona llevándose la jarra a los labios.
-¿Qué bebes?- Gustav le quitó la jarra una vez la mujer dio un trago y comprobó que no era otra cosa que cerveza -Dioses, estás perdiendo el camino ¿Tan temprano y ya ingiriendo alcohol?-
-Podría estar peor- se carcajeó -Podría haber pasado la noche teniendo sexo cuatro veces contigo. Y además por la mañana una de ellas. Hay que estar mal de la cabeza- mientras decía aquello, la camarera bajaba a toda prisa acicalándose el pelo y amarrándose el blanco delantal sucio de trabajar la noche anterior. El dueño del local, su padre, comenzó a regañarla y a preguntarle dónde se había metido -Mira lo que has conseguido. A todo esto ¿No es muy joven para ti?-
-No voy a casarme con ella- se encogió de hombros -Para echar un polvo da igual la edad mientras no sea una cría- le dio un codazo -Además, seguro que tú también te lo pasarías bien con ella. Fíjate bien- hizo señas para que se fijara en el escote -Pelirroja y llenita de pequeñas y graciosas pequitas. Es muy divertido echar un rato intentando ver cuántas puedes comerte- le guiñó el ojo.
-¿Cuándo se te pudrió el cerebro y se te deslizó hasta la polla, Gustav?- se quejó Iona -No seas tan desagradable tan temprano- Kassad y Aiko no hacían más que reirse ante la extraña conversación que mantenían esos dos. Ren apareció cargando con un tres jarras que repartió entre Kassad, Aiko y él mismo. Eran unas infusiones de café de baja calidad. Ni siquiera era café real, pero servía lo justo para quitarse el sueño de la mente aunque sabía a rayos cayendo en un charco de lodo.
-Lo siento Gustav, no te he traido uno- comentó con cierta distracción Ren, pensativo.
-No pasa nada- alzó la mano y le hizo gestos a la chica, que con cierto nerviosismo le pidió que la bajara, que ahora le atendía -Yo tengo servicio personalizado- dijo complacido.
-Idiota-
-Pesada- le contestó a Iona mientras la muchachilla se acercaba con un café original para Gustav, así como un periódico -Gracias, bombón- al girarse, le dio una palmada en el trasero lo bastante sonora como para llamar la atención del padre de la chica, que afortunadamente no vio lo que sucedió.
-¿Café? ¿De verdad?- se sorprendió Ren con una sonrisa apagada -Y hasta el periódico... ¿Qué le hiciste a esa chica?-
-Cosas que no imaginarás, seguro- dio un trago al café -Pero se ha pasado. Quitarle el periódico al padre para dármelo a mí... me quiere meter en problemas-
-Trae- Kassad se lo quitó para leerlo con distracción mientras el resto seguía tomando su desayuno. El propio ravaht estaba dando un trago a su infusión cuando no pudo evitar escupirlo con solo leer el titular principal.
-¿¡Se puede saber qué coño te pasa!?- Iona se intentó sacudir las gotas del brazo y parte de la pechera.
-¡Mirad esto!- puso el periodico en el centro de la mesa y señaló el titular de primicia "¡La familia Gelhart de Ryudo visitan Lynastis en un encuentro histórico: la princesa Anneliesse Carsters contraerá matrimonio con el primogénito Eirik Gelhart en una alianza para las eras!". Cuando todos leyeron, se quedaron en el más absoluto silencio y lentamente, fueron mirando a Ren. Este se había quedado agarrando la jarra con una mano y mirándose la otra mano. Más en concretamente, un dedo -¿Estás bien? ¿Nos marchamos de aquí, Ren?-
[Final Fantasy 7 - Hollow (Instrumental)]
Sin hacer caso a las voces de sus compañeros de forma inconsciente, se quedó perdido en la punta de aquel dedo que, por alguna razón, aún le dolía. Desde temprano, de pronto, sintió un pinchazo que vino de ninguna parte y pese a no presentar ninguna herida ni tan siquiera pequeña, recordaba haber tenido una pequeña gota de sangre en el dedo que ahora había desaparecido sin dejar constancia de pinchazo alguno, ni tan siquiera un puntito oscuro cicatrizado. En aquel momento no pudo evitar acordarse de la princesa y esa extraña sensación que le causaba estar cerca de ella, esa quemazón en el estómago... Ahora haber leido ese titular le estaba causando estragos en la mente, no solo porque se había acordado de ese pinchazo, sino porque los Gelhart estaban ahí al lado, en Lynastis... y él... ¿Qué quería hacer él...?
-¡Ren!- Iona le quitó de golpe la jarra de la mano -¡Te estás quemando, gilipollas! Mírate la mano- tan distraido estaba que ni se había dado cuenta de que la mano que sostenía la jarra le ardía y tenía los dedos y la palma roja e irritada -Venga, será mejor que levantemos campamento. A este no le sienta bien oír el nombre de los Gelhart, menos aún tenerlos cerca-
-Sí, será lo mejor- comentó Gustav, poniéndose en pie y dejando unas monedas sobre la mesa que la camarera no tardó en ir a recoger -A ti ya te veré otro día, muñeca. No importa si estás casada y tienes hijos cuando regrese- le guiñó el ojo y comenzó a salir del local, seguido por los demás.
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El día para la princesa y el heredero de Ryudo seguía siendo prometedor, pues ahora se estaban dirigiendo, siguiendo al gentío, hacia donde parecía estar el festival conmemorativo. Eirik le comentaba diversas cosas sin demasiada importancia sobre Ryudo y lo que estaba viendo de Lynastis, haciendo comparaciones divertidas. Anneliesse le oía con interés y le seguía la conversación, hasta que de pronto detuvo el paso de forma inesperada y su brazo se escurrió del de Eirik, sorprendiendo al hombre -¿Anneliesse?- los ojos de Eirik se abrieron de par en par cuando se fijaron en la chica. Estaba pálida, con los ojos llenos de lágrimas y mirándose la mano completamente obnuvilada. El hombre se acercó a ella para comprobar si le pasaba algo, pero no tenía absolutamente nada en la mano -¿Estás bien? ¿Qué sucede? ¿He dicho algo malo?- de pronto la chica pareció salir de un extraño sopor, agitando la cabeza.
-¡Ah, no, no!- se echó a reir -¡Dioses, qué tonta soy!- se enjugó las lágrimas con uno de los dedos para evitar que cayeran por su rostro.
-¿Qué te pasa?- insistió Eirik con calidez -¿Quieres regresar?-
-Ni loca, en absoluto- se volvió a mirar la mano. Estaba bien, no tenía nada -Es solo que me había dado... la sensación de que me había quemado. Qué estupidez- abrió y cerró la mano varias veces. Ahora no, pero antes le había parecido verse la mano completamente enrojecida y con un ardor de mil demonios. Y no solo fue eso. Cuando sintió ese calor la invadió una ola de sentimientos desoladores que le hicieron lagrimear, pero no sabía por qué. De pronto se le unió una rabia y un miedo insondable en el pecho que le impidió moverse. Afortunadamente, todo pareció pasar sin mayores problemas. No iba a dejar que una tontería así le amargara el día, de modo que volvió a agarrarse de Eirik y a proseguir la marcha con la misma alegría que antes.
Llegaron entonces por fin a la calle principal del festival, donde había tiendas por doquier, decoradas con miles de flores más de las habituales. En el aire flotaban pétalos por todas partes, tan livianos que parecían levitar sin intención de caer al suelo. Eirik estaba enormemente sorprendido por la belleza que estaba presenciando, así como Anneliesse. Los tenderos y las gentes estaban disfrazados, al parecer, ya que sus ropas no eran las típicas que se acostumbraban a ver en Lynastis. Iban ataviados con corsets y jubones de un estilo mucho más antiguos, de la edad media, cuando todo era mucho más sencillo y básico. El pan, carne y dulces que vendían por esa zona también eran recetas clásicas y antiguas que Anneliesse reconocía gracias a sus innumerables libros de historia. Estaba claro: era la época de Gwynevere la Grande -¿Gwynevere la Grande?- preguntó Eirik con interés.
-Vaya- se avergonzó la chica -¿Lo he dicho en voz alta?- Eirik asintió -Gwynevere la Grande fue uno de los iconos más grandes de Lynastis. Básicamente es la madre de esta época dorada que vivimos y, según los historiadores, la mejor reina que ha tenido jamás esta región- la chica casi hablaba con nostalgia. Eirik percibía que podía haber soñado con vivir en esa época alguna que otra vez -Fue todo lo que una persona puede ser. Era pura como el agua del rocío, tenía los cabellos oscuros de color azabache y la mirada azul como el cielo ahora mismo, despejado en la mañana- miró hacia arriba. El cielo estaba tintado de pétalos en su campo de visión -Fue reina, guerrera, hechicera y sacerdotisa, todo en uno. Una figura de admiración para hombres y mujeres por igual. Prácticamente era perfecta-
-Qué mujer más interesante. Me hubiese encantado conocerla- asintió.
-¿Y a quién no? Era una diosa entre humanos- la chica se llevó inconscientemente la mano al vientre. Eirik la observó, perspicaz.
-¿Portadora del Ente, también?- preguntó mirándole la mano. Ann se percató de ello y se miró a sí misma, apartando su propia mano.
-Sí, también lo fue- sonrió con torpeza.
-¿La envidias? Quizá envidia no es la palabra- pero lo dijo queriendo -¿La admiras? ¿Querrías ser como ella?- Anneliesse soltó un largo suspiro.
-No es tan sencillo como admirar- torció los labios mientras trataba de explicarse, pensativa -Quizá sí. Creo que es envidia. En el buen sentido- remarcó -Era portadora del Ente y sin embargo, fíjate- mientras caminaban la chica señalaba a diversas estatuillas o cuadros que se vendían, todos representando grandes momentos de aquella reina legendaria: guerreando contra invasores, presidiendo omilías a los dioses, visitando enfermos y obrando sus milagros con sus hechizos curativos... -Ella lo hacía todo. Era una heroina. Se sacrificaba por el pueblo como una verdadera reina y sin dejar de hacer todo lo que tuviera que hacer, o ir a donde tuviera que ir- bufó, esta vez más molesta -Siempre la había envidiado pero viviendo este día contigo... se me hace mucho más desesperante. Ojalá tener su fuerza y su determinación- Eirik se detuvo en su avance para que la chica igualmente lo hiciera. Le tomó la mano y se la besó sin venir a cuento, pero transmitiendo una enorme calidez y comprensión. La miró a los ojos con encanto y entonces volvió a mostrar esa sonrisa entre misteriosa y seductora.
-Solo toma la decisión y podrás ser igual o más grande que ella. Te lo aseguro. Te pedí que confiaras en mí para venir a dar una vuelta por Lynastis, pero en este tema del que me hablas... creeme, soy yo el que confía en ti- Anneliesse enrojeció de forma inevitable. Era la primera vez en su vida, en toda su larga vida de cautiverio, que alguien le decía claramente que confiaba en ella. Fue como una sacudida eléctrica que recorrió su espalda y le erizó el vello de la nuca. Casi quedó extasiada por oír esas palabras -¡Eh, mira eso!- el entusiasmo de Eirik la sacó de su ensimismamiento mientras la guiaba hacia la plaza central, donde había montado un escenario. Allí la gente se arremolinaba o se sentaba en el suelo para poder apreciar la obra que estaba comenzando, donde un hombre gallardo engalanado con una antigua armadura que tintineaba a cada movimiento que hacía narraba los acontecimientos que estaban por pasar.
-¡Y así quedó sellado el pacto, así quedó marcado el destino de la reina! ¡Ay, de aquellos bribones que me acompañan, que a funesto destino se enfrentan! Pues no era para nadie un secreto que a perte de fiera guerrera, con el poder y amor de Adryan Bellock contaba su alteza- comentaba el hombre, yendo de un lado para otro por el escenario.
-Están representando la leyenda de Gwynevere- se sorprendió Anneliesse -¡Qué emocionante! Es realmente preciosa- sonrió mirando a su acompañante, entusiasmada.
-Sí, realmente preciosa- repitió él mirándola a ella, obligándola a apartar la mirada mientras seguían lloviendo pétalos sobre ellos. La chica parecía estar viviendo una mentira. Era imposible que Eirik Gelhart fuera tan ideal... ¿Verdad? ¿Podría ser que por fin tuviese algo de suerte en su vida y que todo pudiera mejorar?
-¡Y ahora encontraremos a la reina, que escondida entre el público está! Ah... ¡Cuántas miradas sorprendidas! Pero no escapará, no ¡No escaparéis, alteza, a mi mirada fiera de halcón!- el narrador bajó del escenario y escuadriñó entre el público. Anneliesse se encogió un poco, intimidada y avergonzada de pensar que la pudieran elegir. Eirik soltó una carcajada.
-¡Venga, adelante!- la empujó con cortesía por la espalda, pero la sacó del gentío y la plantó frente al narrador y actor, que sonrió enormemente al topársela de frente.
-Aquí estáis...- murmuró con malicia, tomándola de la mano -¡Aquí está, la bella reina, por fin en mis manos!-
-¡N-no, esperad, esperad...!- se lamentó Anneliesse tratando de soltarse, pero el hombre lo interpretó como parte de la actuación y jaló de ella mientras le llevaba al cuello una espada de juguete hecha de plástico pero muy realista. La chica llegó al escenario acompañada de aquel falso secuestrador. Encontró a Eirik riendo entre el gentío mientras ella se moría de la vergüenza.
-¡Venid a mí, mis lacayos!- aparecieron cinco individuos más en el escenario -¡Hela aquí, la reina Gwynevere, que tan peligrosa como narran las historias, se encuentra temblando como un conejito!- el público rio -¡Venga, alteza, demostrad de qué sois capaz!- ante aquella bravata, Anneliesse se quedó petrificada. Quiso buscar de nuevo a Eirik entre el público pero esta vez no lo encontró ¿¡Dónde se había metido!? Una de esas espadas de plástico voló directamente hacia ella desde bambalinas, que la cogió con torpeza, pero evitando que cayera al suelo -¡Pues sí que la mujer sabe cazar moscas al vuelo!- se mofó el narrador haciendo reír más al público, expectante y emocionado -¡Venga, mujer! ¡Esta es la caida de tu reino! ¡Por fin será nuestro!- uno por uno, los actores fueron haciendo florituras y pasos coreografiados para atacar uno por uno con las espadas falsas. Lo hacían despacio y con mucha telegrafía para que la chica supiera cómo bloquear sus ataques. Hasta exageraban mucho sus rostros para que supiera quién iba a atacar. Anneliesse, avergonzada pero sin ganas de quedar en ridículo, bloqueó el ataque del primero, recibiendo los vítores del público. Aquello la enrojeció aún más, distrayéndola -¡No decaigais o pereceréis!- recordó el segundo actor. Anneliesse se desenvolvió de nuevo con habilidad suficiente para despachar a uno, otro y otro, derrotando a los bellacos. El público aplaudía mientras se levantaban los enemigos fingiendo estar heridos -Ah... Sois fiera guerrera, a la par que hermosa ¡Mas qué puede hacer una sola mujer contra un grupo mayor!- más actores aparecieron al borde del escenario -¡Estáis perdida, ahora sí que sí!- atacaron una vez más pero esta vez sin darle tregua. El objetivo era desarmarla y lo consiguieron en un par de movimientos, dejándola a merced del narrador, que la mantuvo cautiva mientras uno de sus lacayos le apuntaba con un arco y flecha a la cara -¡Y ahora decid adiós, pues aquí cae Lynastis junto a su reina! ¡Gloria a los pueblos del sur!-
[Vamo alla flamenco (FFIX) Distant Worlds]
-¡No tan rápido!- la voz de Eirik sonó mientras aparecía a escena, armado con una bella espada, también de plástico, así como un escudo del mismo material.
-¡Diablos! ¿No es ese Adryan Bellock?!- dijo el narrador, haciendo que el arquero se girara hacia él -¡Dispárale, demontre! ¡Que se nos viene encima el cielo!- el arquero disparó la flecha de juguete y Eirik, en el papel del enamorado Adryan y caballero de la reina, bloqueó el ataque con el escudo. Con maestría, se acercó al bellaco y le golpeó con la espada en el costado, derrotándolo -¡Cielo santo! ¡¿A qué esperáis!? ¡Vamos, a por él!- uno por uno, se lanzaron contra él. Eirik, al contrario que Ann, no se mostró avergonzado en absoluto y utilizó su verdadera experiencia para deshacerse de los torpes actores antes de tan siquiera poder interpretar que le atacaban. Fue un huracán de golpes y alaridos fingidos, amontonando cuerpos en el suelo. El público gritaba de júbilo y emoción.
-¿Es esto todo cuanto ofrecéis, malandrines?- preguntó Eirik apuntándole con la espada -Soltad a mi bella dama, soltad a mi amor ¡Pues os atravesaré de lado a lado, lo juro por los Dioses!- el narrador estaba enormemente sorprendido por Eirik, pues se sabía el guión palabra por palabra y no le conocía de nada ¿De dónde había salido ese tipo?.
-Veo que has podido con mis hombres mas no significa que conmigo salgáis victorioso- el narrador soltó a Anneliesse, empujándola con suavidad hacia el suelo para que la chica se dejara caer -Ahora veréis, cruel Bellock, lo que significa acabar con la vida de mi pueblo- ambos hombres se enzarzaron en un duelo desesperado. El plástico de las espadas chocaba y restallaba ante el silencio emocionado del público que contenía el aliento mientras la princesa se arrastraba por el escenario. Ella no se sabía el guión, pero sí la leyenda. Sabía lo que tenía que suceder en ese momento, de modo que tomó el arco y la flecha y apuntó a la vez que esperaba el momento de su acción. Fue cuando el malvado narrador atravesó falsamente a Eirik con su espada cuando supo que el momento había llegado -¡Y así cae Adryan Bellock! ¡No sois nadie contra Sarfa Ra-him! ¡Líder de las tierras del Sur! Ahora os toca, alteza ¡Morid con la misma premura que vuestra pareja!- ahora tocaba la parte más difícil y que nunca salía del todo bien en las actuaciones, que era acertar de lleno en el corazón a aquel tipo como bien hizo Gwynevere en su día. Anneliesse respiró hondo y soltó el aire, como Ren en su momento le había enseñado. No quiso intentar acertar, sino que sabía que iba a acertar antes de soltar la flecha. Lo hizo sin pensar, actuó por instinto, para ser libre y eludir a su perseguidor. La flecha voló como si fuera de verdad, con fuerza. Certeramente acertó al hombre entre el pecho y el brazo, dando la ilusión de que la flecha se clavó. El narrador sonrió con gigantesca felicidad ¡Había salido perfecto! -¡Ay, me llevan los demonios! ¡He sido derrotado por la bella Reina de los Lagos!- el hombre cayó, quedando Eirik en el suelo aparentemente malherido. Anneliesse corrió hacia él y se arrodilló ante el amado de la reina Gwynevere, que entregó su vida por salvarla a ella y al reino.
[Roses of May (Final Fantasy IX) Distant Worlds]
-Ah... así que esto es lo que significa morir- actuó Eirik -¿Pero cómo puedo sentir pesar, teniendo vuestras manos como lecho para mi eterno descansar?- Anneliesse estaba aguantando la risa. Estaba demasiado metido en el papel -Por favor...- Eirik alzó la mano y le acarició la mejilla -Mi amor...- sonrió con tristeza -Dadme un último beso antes de marcharme al horizonte de los lagos, más allá de donde las flores reflejan vuestra belleza... Dadme un último beso, que me guíe por la senda con vuestra compañía- Ann estaba petrificada ¿Besarle? ¿Estaba loco? La chica miró al público de soslayo. Algunos estaban hasta sollozando ¿Qué tenía que hacer? Para ganar tiempo, bajó la cabeza despacio, pensando en cómo podía quedar bien ¿Cómo lo iba a saber? Si no era actriz, no había hecho eso en la vida ¡Diablos, acababa de salir por primera vez! Eirik, más habilidoso, supo ayudarla. Tomándola aún de la mejilla, ladeó el rostro para que la chica no le tocara con los labios. Además, los cabellos de la princesa ocultaron los rostros, de modo que el público estallo en aplausos y vítores -¿Creías que me ibas a besar?- se burló en susurros en el oido de la chica, muy cerca de ella -Aún no. No hasta la boda. Tómate tu tiempo para disfrutar, princesa- la chica se apartó de él y lo miró a los ojos. Era tan puro, tan bueno, tan sincero en todo cuanto hacía, decía y en la forma de mirarla... Era un hombre impresionante, sin duda.
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Tras acabar de participar en la obra, recibieron innumerables elogios del narrador y el resto de actores, que casi les agradecieron de rodillas que volvieran para la próxima, pues nunca habían tenido ayudantes tan buenos. Los quisieron invitar a cenar, pero tuvieron que declinar, debido a que debían regresar a palacio para evitar mayores problemas. Ya el sol estaba decayendo cuando los pétalos que flotaban en el aire habían desaparecido y en su lugar solo quedaba el humo y el agradable olor de la comida y los brebajes que se vendían. El suelo, eso sí, estaba inundado de ellos, como si fuera una gigantesca alfombra a los pies de la princesa y su prometido -Eres increible- dijo la chica, por fin, tras mucho rato de silencio en agradable paseo -¿Hay algo que se te de mal?-
-Muchas cosas- asintió Eirik
-¿Como qué? Todo cuanto te veo hacer está perfectamente ejecutado ¡Hasta eres un buen actor!-
-Siempre se me ha dado bien actuar- se carcajeó -Pero me daba vergüenza hacerlo delante de ti- se encogió de hombros -Pero quería que vivieras una experiencia única. Aprendi viendo cosas de estas en Ryudo-
-Ojalá pudiera ver más. Ojalá verlo a menudo. Ha sido muy divertido, he de reconocerlo- sonrió complacida la princesa.
-¿Solo divertido?- Ann le miró. Se encontró con que él la miraba con profundidad. No era esa expresión de todo el día de calidez y amabilidad. Era entre preocupación y serenidad -Era una obra de arte pero ha sido necesario poner de tu parte. Has sabido desenvolverte y, que me lleven los Dioses, ese disparo de arco ha sido magistral, mejor que yo desde luego- asintió Eirik -Tú puedes estar a la altura de cualquiera, Anneliesse. Puedes estar al nivel de Gwynevere e incluso superarla, pero para ello debes romper tus cadenas-
-¿Qué quieres decir?- bufó la chica -¿Quieres que me enfrente a mi padre y a Nero?-
-Cielos, no- el hombre soltó una risilla, quitándole peso al asunto -Pero no tengas miedo en reclamar lo que te pertenece cuando intenten quitártelo. Eres digna, Anneliesse. Digna y válida, como todo el mundo, de tomar tus propias decisiones y hacer lo que te plazca. De poder salir, de poder ser libre y de portar tu grandeza, tu derecho de nacimiento, allí donde vayas- ambos se miraban con intensidad -No pueden privarte de tu arma, de tu magia... de tus buenas intenciones- insistió -Si te quitan la libertad total, que no te quiten el derecho a aprender y la capacidad de poder hacer lo que deseas. Te mereces la oportunidad de ser Anneliesse la Grande- sonrió amablemente por fin y la chica se la devolvió. Era frustrante, muy frustrante, sentirse más segura con él, en mitad de la calle, que encerrada en palacio con su padre y Nero ¿Quién era el que realmente estaba mirando por su bienestar y cuidando de ella...? -Estoy muriéndome de ganas de ver tus capacidades. De ver hasta dónde puedes llegar. Y, si te soy sincero, empiezo a estar emocionado de pensar que tendré una vida junto a ti para verte mejorar cada día más y más. Por favor, enséñame quién es Anneliesse Carsters. Enseñame quién es de verdad- luego solo quedó silencio y la cercanía del fin de un día que no tenía derecho a terminar nunca.
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