El combate, que pareció eterno, en realidad duró lo justo y necesario para que en cuanto la pareja se quedó abrazada a ras de suelo, sus compañeros llegaran después de haber sido repelidos con gran agresividad por una Anneliesse que había perdido por completo el control de aquella cosa que la condenaba, que mantenía encerrada dentro de sí -¡Eh!- llamaba Gustav apareciendo entre los árboles para poder ver bien de cerca el enorme destrozo que había causado la princesa en el suelo, pensándose seriamente si debían caminar por un terreno tan deteriorado -¿Estáis bien?- preguntó el líder, preocupado. Fue Ren el que le miró, asintiendo.
-Ya ha pasado todo- confirmó, viendo como los demás suspiraban de forma aliviada. Kassad hasta dobló las rodillas de puro alivio, aunque duró bastante poco.
[Shiro Sagisu - Cometh the Hour - Part A]
El tipo que los había seguido desde Romhal apareció por detrás del grupo. Ren apenas tuvo tiempo de avisar a Kassad cuando éste aprovechó para golpearle las rodillas flexionadas y hacerlo caer al suelo, quitándolo de su camino como si fuera un obstáculo. Corrió sin dificultad por el campo de batalla que era ahora ese terreno y extendió la mano hacia una aún sollozante Ann. Ren la liberó de su abrazo desenvainando la katana en el proceso, con celeridad y precisión, lanzando un corte preciso directo al rostro de aquel desconocido con la total y absoluta intención de asesinarlo en el instante y acabar con aquello de una vez por todas. De forma inesperada, una cuchilla brotó de la parte baja del brazo, entre la piel y la manga. Llegó justo a tiempo para bloquear el ataque de Ren con tanto éxito que hasta saltaron chispas entre las hojas, emitiendo un chirrido molesto y ensordecedor que obligó al espadachín a cerrar un ojo para soportarlo. Ann gruñó contra su pecho -Tranquila- le dijo, cubriéndola con un brazo -¡Y tú, apártate!- ordenó, utilizando parte de su poder para impulsar con el choque de la katana al desconocido contra los restos de un árbol derribado. El estruendo que causó el cuerpo del hombre contra el tronco fue tal que no dudaron en darlo por muerto, pero se levantó como si hubiese sido un simple tropiezo. Ren frunció el ceño -¿Quién es ese tipo...?- soltó a Anneliesse una vez más y se puso en pie, preparado para encararle.
-¡Ren!- Gustav se acercó.
-Cuida de Annie-
-Ellos se ocupan- señaló al resto, que acudió a rodearla y abrazarla, asegurándose de que todo estaba bien -Yo te ayudo- el líder desenvainó su espada con una mirada brillante -Hace mucho que no luchamos juntos- señaló con la barbilla al misterioso encapuchado que caminaba hacia ellos. Mechones de sus cabellos que se filtraban de la capucha danzaban en torno a su barba recortada -Algo me dice que habiéndose levantado como si nada de semejante golpe... no es un bandido cualquiera-
-Estoy de acuerdo- ambos adoptaron una postura de combate similar, apuntándole con la hoja de las espadas con los brazos flexionados, preparados para una estocada.
-Eres fuerte- dijo a Ren -Pero no lo suficiente. La princesa debe estar conmigo- sonrió -Y no me podéis decir que semejante poder lo puede desatar un cualquiera ¡Es ella!- el desconocido se lanzó contra ambos esgrimiendo el ancho puñal que había sacado de su manga, el cual debió de llevar oculto. Gustav fue el primero en lanzarse al ataque y, detrás, le siguió Ren a paso rápido. El líder presentó la hoja de su espada al desconocido, que con una pícara sonrisa, desvió el golpe con soltura para luego propinar un rodillazo al estómago a Gustav, que lo dobló de dolor. Por detrás llegaba Ren, que saltó por encima del cuerpo encogido de su líder para caer con un ataque relámpago desde el aire, cortando de forma descendente. El extraño, lejos de asustarse por aquella coreografía de ataques, mantuvo los pies firmes sobre el suelo y alzó el puñal sosteniéndolo de forma inversa. La hoja de la katana de Ren se deslizó a través del filo del puñal, fallando el ataque. Cuando la hoja al completo pasó de largo, antes de que Ren pudiera siquiera contraatacar o apartarse del alcance del enemigo, éste atacó, teniendo únicamente que apuñalar a su contrincante. Ren sufrió una punzante herida entre el bíceps y el hombro, pero pudo apartarse antes de que le perforara seriamente los músculos.
-¡Ren!- tosió Gustav.
-Estoy bien- dijo mientras volvía a adoptar una postura de combate ofensiva -Es bueno...-
-¿Y bien?- el desconocido se abrió de brazos, expectante -¿No tenéis nada más?- Ren y él se miraron a los ojos un instante. El desafío estaba servido. Era hora de luchar en serio.
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[Naruto Shippuden OST -Waltz of Wind and Fire]
El destino debía de tener un sentido del humor ridículo, y si no, lo tenían los dioses. Si aquella situación no era ya lo bastante desesperante y exasperante, más se tornó cuando de entre la arboleda surgieron tres jinetes misteriosos vistiendo de negro. La primera figura, más adelantada, cabalgó con completa agilidad y maestría entre los destrozos del bosque y, extendiendo su mano como una garra amenazante, aferró a Anneliesse y la arrastró como la marea arrastra la espuma del mar. Apenas tuvo tiempo de gritar. Extendió su mano tratando de alcanzar a Kassad y éste, a su vez, quiso sostenerla, protegerla, pero sus dedos se deslizaron entre los del ravaht con suma suavidad -¡ANNELIESSE!- se le escapó al gritar desesperado, viendo cómo la perdían por no haber estado atento. Aquella llamada de emergencia hizo que los contendientes se olvidaran del combate y miraran hacia aquella dirección para encontrarse al jinete cargando con la princesa cautiva perdiéndose entre los árboles.
-¡Ren, ve!- ordenó Gustav mientras veía a los otros dos jinetes desenvainar sus propias armas, katanas, para luego desmontar -¡Nosotros nos ocupamos de esos dos! ¡Eres el único que puede alcanzarlos, no dudes!- Ren nisiquiera tuvo que asentir o contestar. Desapareció con la velocidad del rayo, como si nunca hubiese estado ahí.
El jinete cabalgaba con suma velocidad, esquivando árboles como si el caballo fuera una extensión más de su cuerpo. Ann no podía vislumbrar la cara de su captor debido a que había quedado de espaldas y mirando hacia detrás, pero un detalle no escapó a su visión mientras se agitaba tratando de soltarse. Junto a ella, en el cinto de aquel hombre, pendía un arma brillante y encantadora que había visto anteriormente, no hacía demasiado... ¿Aquella no era la daga de su madre? ¿Su daga real, la que le pertenecía por derecho? No podía ser... ¿Era él? ¿¡Era realmente él!? De pronto, un árbol cayó en mitad del camino obligando al jinete a jalar de las riendas. El caballo se frenó en seco levantándose sobre sus patas traseras y relinchando de dolor debido al bocado que le tiraba de la boca. Acto seguido, un impacto invisible hizo caer al hombre y, con él, a la mujer. Afortunadamente, aquella caida la liberó de su agarre y pudo apartarse a toda velocidad de su captor, arrastrándose un poco para finalmente ponerse en pie -¿A dónde crees que vas?- la chica se detuvo instantaneamente al oirle decir aquellas palabras. Aquella voz, aquel tono amenazante y arrogante. Era él... Oh, sí, era él. Ann se giró con los ojos secos, abiertos, esperando verlo tullido y desangrado cuando lo mirase, pero no fue así. Ya se estaba poniendo en pie, sacudiéndose la elegante ropa de batalla negra que lucía, similar a la de Ren -¿No quieres tu daga?- sonrió encantador, como siempre hacía Eirik.
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Anneliesse comenzó a temblar, helada. Pero esta vez la chica podía sentir que no era miedo lo que la detenía, a pesar de lo que le hizo. Temblaba de impotencia, de no poder decidir las cosas que le haría de poder echarle la mano al cuello, de tenerlo a su merced. Era la primera vez en su vida que le invadía una rabia semejante. Ni siquiera cuando descubrió la gran mentira de su padre y de Nero se había sentido tan colmada de nervios. Se podía decir que quería verle sangrar, que quería verlo morir.
Para interrumpir aquel arranque que comenzaba a cegarla, hizo acto de presencia Ren. El hombre apareció ante ella como un suspiro, de la nada. La chica se sobresaltó ¿Es que acaso era una especie de fantasma cuando quería? -¿Sabéis?- comenzó a decir Eirik negando con la cabeza, enormemente divertido -De tantas y tantas cosas que he vivido, de tantas y tantas cosas que he hecho, jamás me imaginé que los pasos más cruciales en mi ascenso al poder fueran tan simples y sencillos ¡Los Dioses me sonríen, desde luego!- los señaló con las manos abiertas -¡Miraos, las dos piezas más escurridizas del puzzle, juntitas! ¿¡Quién me lo iba a decir!?- comenzó a desternillarse como si estuviera loco -¡Y lo mejor... lo mejor...!- apenas podía hablar de la risa. Ren gruñía frente Anneliesse. La chica pudo percibir que el mercenario temblaba tanto o más que ella -¡Lo mejor es que TÚ!- señaló a Ren -¡Eres el que viene a por ELLA! ¡Si es que es fácil, demasiado fácil!- poco a poco, dejó de reír. Se secó una lágrima que brotó de las enormes carcajadas y al final, suspiró. Miró a Ren con aire de nostalgia y se frotó las manos con deleite y lentitud -No tienes ni idea de cuanto te he echado de menos, hermanito- a Anneliesse le vino un repentino golpe de realidad ¿Hermanito? Como si alguien hubiese pulsado un interruptor en su cerebro, encajó la mirada de Ren que tan familiar le resultaba con la mirada de Eirik. Eran exactas, frías como el hielo, desalentadoras y capaz de hacerte sentir que ibas a morir con solo contemplar sus ojos.
-¿Hermanito...?- preguntó la chica en un hito.
-No me llames hermano- escupió Ren -Nunca vuelvas a llamarme así-
-Oh, venga ya- se encogió de hombros Eirik -Sé un poco cariñoso, hombre. Hace muchos años que no coincidimos. Tenemos mucho que contarnos-
-¿Ren? ¿Qué significa esto?- la chica le tiró de la manga de la chaqueta. No lo comprendía.
-¿Ren?- Eirik ladeó la cabeza -¡Oh...!- dio una palmada -¡Te has cambiado de nombre! Muy listo ¿Pero Ren? Qué mal gusto, Kyran- pronunció su verdadero nombre con suma claridad y pesadez.
-Kyran... Espera... ¿Entonces tú...?- la chica dio un paso atrás, alejándose de Ren. Eso lo explicaba todo: sus habildidades, su fuerza colosal en ocasiones, esa forma de moverse tan veloz como si apareciera y desapareciera -Dioses...- la chica no podía evitar mirarlo como si de pronto fuera a estallar, como tantas veces le decía su padre que pasaría si las dos mitades coincidían.
-No es momento de distraerse, mujer- gruñó el mercenario -Tú- Ren desenvainó su arma y le apuntó -Vamos a poner punto y final a esto de una vez por todas. Aprovecharé que estás aquí, ahora, para dejarle claro a la vida que no voy a volver a cruzarme contigo-
[Evangelion 3.0 OST - Out of the Dark]
-Estaba deseando que dijeras eso- siseó de placer mientras desenvainaba su propia arma. Devoraalmas, la katana serrada. Ann pudo percatarse de que en ese momento el mercenario volvió a temblar con fuerza. La katana en su mano danzaba, vibraba ¿Era miedo? ¿Ren podía sentir... tanto miedo? -¿Comenzamos, hermanito?-
Con aquellas últimas palabras, Eirik se lanzó al ataque contra Ren corriendo a toda velocidad. Ren hizo lo propio contra su hermano. Las hojas chocaron con fiereza, buscándose la una a la otra. Con el simple roce, los dientes serrados de la Devoraalmas causaba brillantes chispas con cada golpe que compartían ambos luchadores. Ann, viendo la desesperación en el rostro de Ren, se sintió inferior a aquella gigantesca superior ¿Qué clase de rival era Eirik si tenía al mercenario tan asustado? ¿Qué podía hacer ella? Le fallaban las piernas, le temblaban. Apenas podía mantenerse en pie del cansancio que le ocasionó la salida de control de la que acababa de recuperarse. No podía hacer nada... ¿Nada? No, como siempre, una completa inútil. Si al menos pudiera recuperar la daga que bailaba en el cinto de Eirik... pero ni para eso servía. Tuvo que aferrarse al tronco de un árbol para poder contemplar anodada el espectáculo de esgrima que mostraban ambos hombres. De forma incansable intercambiaban golpes y aquella vez era de verdad. Ren no parecía contenerse en ningún momento y buscaba acabar con la vida de Eirik pero ¿Por qué no usaba su poder? De pronto parecía un hombre normal, no parecía destacar de una forma demasiado especial más allá de su increible habilidad y maestría. Eirik, por su parte, solo se reía mientras atacaba y bloqueaba a su hermano. Sádico como siempre, se deleitaba y degustaba la desesperación que estaba despertando en el mercenario -¡Muere!- gritó Ren, loco de ira, lanzando una estocada que parecía que por fin podía acertar. Eirik se apartó con un elegante paso lateral, dejando a Ren vendido. Sorprendentemente, no atacó.
-Ya estarías muerto- comentó, aburrido -¿Eso es todo? ¿15 años y sigues sin aprender? Esta sería la... no sé, perdí la cuenta de cuantas veces habrías muerto ya a mis manos-
-Cinco veces por cada día de los 16 años que crecí a tu lado- gruñó él, cegado de odio -¡Y ahora te toca a ti!-
-Relájate, relájate- bloqueó el embite de su hermano -Vas a terminar rompiendo tu espada ¿Dónde está su obsidiana?- observó -¿Le has quitado...? Oh... pero si esta no es Shindo...- sonrió, perverso.
-¡¡CÁLLATE!!- Ren lanzó un último tajo que Eirik, por supuesto, esquivó.
-Decepcionante, como siempre- de pronto, miró a Anneliesse -Ella está poco participativa ¿A esto te dedicas? ¿A proteger a niñas desamparadas?- se carcajeó -Pues ni para eso sirves-
-Déjala en paz. Esto es entre tú y yo- el pelo alborotado de Ren le llovía por la frente.
-Oh, en absoluto. Por los Dioses ¿Te crees tan único e importante? Esto va del Ente, hermanito- tanto Ren como Ann le miraron -Sois las dos piezas que componen el mosaico ¿Y crees que solo me importas tú? Los dos os vais a venir conmigo hoy, cuando me canse de jugar- rio
-¿Quién te crees... que eres?- Ren apretaba tanto la mandíbula que la boca le sabía a sangre. Todos los momentos más oscuros de su vida se le estaban arremolinando en el corazón. Estaba volviéndose loco de ira y, como de costumbre, ese maldito engendro de su interior no respondía. Nunca respondía ante Eirik. El trauma, el miedo, la incapacidad de derrotarlo jamás le bloqueaba. Sus poderes se esfumaban cuando lo encaraba y eso le causaba aún más frustración en un círculo vicioso de desesperación.
-¿Yo? El futuro amo y señor de estas tierras, de este reino y del otro. Y pronto, de más allá. Surcaré los mares hermanito. Las tierras en el horizonte también caerán ante mi cuando consiga poneros las correas- contempló a Ren con aires de grandeza -Y aquí estáis, mis fieles perros...- Ren se lanzó al ataque pensando que había bajado la guardia con su discurso. Craso error. Eirik desvió la katana de Ren y le propinó un poderoso puñetazo en el costado que lo dejó tumbado en el suelo, derribado y dolorido -¿Y qué hay de ti, Anneliesse?- la miró. La chica volvió a sentir el frío de su mirada cruel y traviesa -¿Quieres probar?- abrió los brazos, invitándola -A lo mejor tú consigues algo ¿Aunque quién sabe? Apenas lograste hacerme disfrutar en la cama. Si no me entretienes con mi permiso, dudo mucho que lo hagas sin él- se mofó -Eres una completa inútil. Un despropósito. Una vergüenza para Lynastis, los Carsters y lo que representamos la nobleza. Eres un ser inferior digno de una cuna de barro y paja- escupió, ofendido. Suspiró -Ni siquiera servirías para ser una puta. Qué lástima- se encogió de hombros y se lanzó contra ella a toda velocidad. Ann echó mano de forma instintiva a su espada corta que la banda le regaló, adquirida en Lynastis. Adoptó una postura defensiva como bien le enseñó Gustav y los demás. Pudo ver a Eirik sonreír mientras se acercaba -¡Oh, sí! ¡Defiéndete otra vez! Ya pudiste ver cuánto me gusta eso- terminó en un siseo amenazador cuando llegó ante ella, dispuesto a descargar la katana dentada sobre la chica. Tenía sed de sangre y ya había esperado demasiado. Pero, por una vez, Ren le interrumpió los planes. El mercenario apareció ante Anneliesse utilizando sus poderes y la serrada hoja le cortó la carne de forma violenta, desgarrándole la piel y los múscululos a la altura del hombro cerca de la clavícula. La hoja se desenterró, pero la punta siguió cortando de forma perpendicular hasta la altura de la cadera, sesgando además la ropa del mercenario.
-¡¡REN!!- Anneliesse lo sostuvo como pudo cuando el alto espadachín se derrumbó frente a ella, con el rostro apagado y una mueca de dolor. La herida sangraba profusamente, a borbotones. No tardó en llenar las manos, el pecho y las piernas de la princesa con el líquido carmesí mientras la ropa cortada del mercenario se abría al caer al suelo. Al descubierto quedó, finalmente y ante los ojos de Anneliesse, el mismo sello en el vientre que ella portaba, exactamente el mismo. Ambos eran los portadores. Ella y Ren eran las dos caras de una misma y maldita moneda. Apretando los dientes, Anneliesse aferró la empuñadura de su espada corta mientras dejaba a Ren tendido en el suelo.
-¿No es precioso?- se deleitó Eirik mirando la sangre correr por su hoja -¿Y no lo es también ese acto de sacrificio? ¿Quién me iba a decir a mí que mi mujer y mi hermano...? Oh, Dioses, qué engaño- dijo teatrero, fingiendo sentirse engañado por una infidelidad.
-¡Eres un monstuo!- Anneliesse se lanzó al ataque. Eirik desvió el arma de la chica sin apenas esfuerzo y la miró de cerca.
-Esto no es más que el principio. No pongas resistencia. Ven conmigo o se desangrará. Hay que tratarle esa herida- le dijo con tono seductor -Mientras le curan podrás hacer algo por mí, aunque tristemente no das para mucho, como ya he dicho-
-¡Antes muerta!- rugió la chica, apartándose de él con una finta que le habían enseñado sus nuevos compañeros para después volver a atacar. El cansancio hacía mella en ella, pero el odio le daba fuerzas, así como la necesidad de demostrarse a sí misma que no era una carga, que el sacrificio que acababa de hacer Ren por ella no era en vano. Que Eirik no tenía razón en nada de lo que había dicho.
[Bleach OST - Nothing Anymore]
-Creeme- bloqueó de nuevo Eirik -Nada me haría más feliz que poder matarte, pero hasta que no te saque esa cosa de dentro, tú y mi hermano debéis seguir viviendo- mantenía esa odiosa y maldita sonrisa de maníaco encantador -Deja de pelear. Tú no puedes vencerme; nadie me ha vencido jamás- con un elegante movimiento, la espada de Ann voló a través del aire y, tras varias vueltas, cayó a la tierra -¿Lo ves?- la hoja serrada y empapada de sangre de Ren se apoyó bajo la barbilla de la chica y le levantó el rostro para mirarle a los ojos -Eres una completa inútil-
-¡Anneliesse!- la voz de Kassad de dejó oír a la vez que sus siluetas aparecían entre la arboleda -¡¡ANN!!- gritó desesperado cuando, por fin, vio la escena.
-¡Apártate de ella, maldito loco hijo de puta!- vociferó Gustav, espada en mano, cargando al ataque. Eirik los miró a todos de forma centelleante ¿Dónde estaban sus Satsu? ¿Los habían derrotado? ¿Ellos, una panda de mugrientos mercenarios vagabundos? De ser así, sería mejor no subestimarlos debido a que le superaban en número.
-Parece ser que me cortan la diversión- se echó a reir, cogiendo a Anneliesse de rehén, colocándole la katana en el cuello. La banda se detuvo al instante. Kassad corrió a socorrer a Ren junto a Aiko.
-Aguanta, tío. Joder, joder, joder...- se lamentaba entre sollozos -Gustav, Ren está mal. Está muy mal. Tenemos que parar la hemorragia y coser esta herida o...-
-Suéltala- Gustav tenía el corazón dividido. Quería socorrer a Ren pero Ann corría peligro. Mantuvo el tipo y la frialdad, sin perder de vista a Eirik.
-Sois un grupo interesante y, por hoy, tenéis una suerte que no volverá a aparecer- de pronto, silbó. El sonido de un caballo comenzó a oírse llegar en la distancia. Era su montura, adiestrada y obediente, que se alejó tras caer el árbol -No voy a tirarme el farol de que la mataré si me seguís, porque sabéis de sobra que tiene algo que no me conviene matar- se burló de ellos -Os la dejaré aquí, pero no me sigáis, os lo advierto- empujó a Anneliesse con fuerza contra la banda mientras el caballo corría a sus espaldas. Se giró con habilidad y se adhirió a las riendas para verse arrastrado por la montura y aprovechar el impulso para subir a la silla -¡No os merece la pena!- rio -¡Volveremos a vernos pronto!- se despidió como un amigo, lo que lo hacía aún más desalentador e inquietante. Pero eso poco importaba. Ren estaba malherido y más valía tratarle cuanto antes o su vida podía peligrar seriamente...
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