Ya todos dormían cuando Gustav se acercó a Ren para poder hablar con mayor comodidad y en un tono bajo que no los despertara. La hoguera aún crepitaba de forma leve, lanzando chispas al aire como si fuese un pequeño volcán. Sus llamas derramaban ráfagas de luz anaranjada contra las paredes del refugio y la cara de todos los presentes, durmientes o no. En los ojos de Ren se reflejaban esas mismas chispas como vestigios de pensamientos y recuerdos dolorosos -¿Cómo te vas encontrando?- quiso saber Gustav, bastante achispado por la bebida.
-Estoy algo mejor- comentó Ren, asintiendo.
-Me alegro- Gustav se rascó la nuca aguantando un instante de silencio mientras la hoguera seguía emitiendo pequeños crujidos, terminando de incinerar la madera que le daba vida -Siento... mucho todo esto- dijo por fin. A Gustav lo de disculparse no le iba mucho, chocaba contra su propia personalidad de absoluta seguridad en sí mismo el aceptar que toma decisiones incorrectas -Últimamente hemos dependido demasiado de ti y de tu...- señaló de forma imprecisa su vientre -Tu cosa-
-Dicho así parece que me habéis prostituido- se burló Ren con media sonrisa.
-No, bobo. Ya sabes de qué hablo- le miró Gustav con seriedad.
-Ya, ya lo sé. La verdad es que hacía muchos años que no recurría a su poder tan seguido y mi cuerpo no está acostumbrado. Me somete a mucho estrés. Me drena le energía- parecía que iba a decir algo más pero se mantuvo en silencio.
-¿Pasa algo más?- Gustav se inclinó hacia él ligeramente, con curiosidad. Ren evitaba mirarle -Sabes que puedes confiar en mi, hermano-
-Últimamente, desde que aceptamos el trabajo y nos pusimos en dirección a Ravahta, siento que se mueve dentro de mí-
-¿Como un embarazo?- se carcajeó en voz baja.
-Creí que hablábamos en serio- suspiró Ren.
-Que sí, es solo que suena extraño-
-Porque es extraño- confirmó Ren -Jamás me había pasado. Es un ardor... un fuego que me quema como si estuviera poniendo la barriga sobre esta hoguera- señaló con la cabeza -Es desquiciante. No para. Sientes que todo tu cuerpo vibra con una energía que no es tuya y últimamente ha ido a más- Gustav frunció los labios y miró a la chica, al ver que Ren la miraba, allí dormida.
-¿Es ella? ¿Es lo que sugieres?-
-No lo sé- declaró -Pero desde que crucé mi camino con ella esta cosa está descontrolada y, a juzgar por lo que he podido observar, a ella le pasa lo mismo-
-¿Y no crees que deberías contarle todo esto a ella? Quizá sepa algo- se encogió de hombros Gustav.
-No. Parece que no ha descubierto que yo soy el otro portador y así lo mantendré. A fin de cuentas, mañana volverá a su hogar. Mientras menos sepa nadie quién soy, mejor-
-Yo creo que sería conveniente. Podría ayudarte. Además... me da cierta lástima. A ella le ha jodido la vida en ciertos sentidos. No sois tan diferentes si lo analizas, con todo lo que nos ha contado-
-No me importa- concluyó Ren -Mi forma de pensar no ha cambiado, Gustav-
-Pues quién me iba a decir que Ren iba a compartir un entrenamiento con una noble. Y con la princesa, nada menos- le miró de forma sugerente -¿No será que esa carita, sus ojos tan claros, sus formas un poco adivinables... te ablandan? ¿Te ha calado un poco? ¿Hay algo en ella que te ha gustado?- alzó las cejas un par de veces -¿O al menos te pone alegre el gusanillo?- Ren tardó en contestar.
-No- dijo, sin más, con total tosquedad -Simplemente me desconcierta todas estas cosas que estar cerca de ella provoca en mí. Y no es nada emocional- remarcó mirando a su compañero -Es por el Ente. Creía que empezaba a conocer a este ser y sin embargo ella me ha demostrado que no. La quiero lejos, Gustav. Cuanto antes. Lo de enseñarla a usar el arco no ha sido más que una necesidad- se puso en pie con brusquedad -La he utilizado, nada más- afirmó mirando Gustav desde arriba -Por salvaros a vosotros he sido capaz de renunciar a mis principios durante un rato, pero ya no es necesario. Y espero que no tenga que volver a ocurrir- comenzó a alejarse.
-Eh ¿A dónde vas?-
-A dormir lejos de ella. Empiezo a sentir la necesidad de degollarla mientras duerme- dijo de mala gana, alejándose del fuego con su manto para dormir.
-Gilipollas...- masculló Gustav sin poder evitar maldecir lo terriblemente cabezón que era Ren. Miraba a Anneliesse con ojos pesados, que le pedían a gritos que los cerrara y se marchara a dormir. No podía evitar pensar que era una lástima, una verdadera lástima, que Ren fuera tan inflexible. Ella hubiese podido ser... una buena compañera. Eso pensó hasta que sus ojos se cerraron.
-
-¿Y bien?- Reginald se acercó a la mesa de Nero, como solía hacer desde que Anneliesse fue secuestrada -¿Cómo van los preparativos?-
-Todo el dinero está ya reunido, majestad- asintió Nero mirándolo desde la silla -10 millones de denas. Esos malditos desgraciados van a vivir como reyes a costa de la princesa- maldijo.
-Suficiente. Esperemos a la hora acordada- Reginald miró hacia el balcón -Está amaneciendo y se acerca el momento-
-Insisto, majestad, que deberiamos actuar. Si me lo permitís, usaré a mi nueva Legión para...-
-Ya te he dicho que no- Reginald cortó al Aegis con mala cara. Estaba harto de discutir sobre ese tema -Quiero a mi hija de vuelta de una maldita vez. Estoy cansado de vivir con esta ansiedad porque está ahí fuera, haciendo sabe qué y con quién. La necesito a salvo en estas paredes. Necesito a ese Ente encerrado donde nadie pueda alcanzarlo- Nero frunció el ceño.
-Si me lo permitís, creo que el honor y la vida de Anneliesse es más importante que mantener al Ente encerrado-
-Y la vida de Anneliesse estará resguardado aquí, junto al Ente. Si atacamos y fracasamos de nuevo... Si fracasas- se corrigió, señalando a Nero -podrían volver a llevársela. No me importa si volvieran a aumentar el precio por ella, lo que me asusta es que no pidan nada y decidan quedársela como una rehén para protegerse de nosotros y, de paso, castigarnos- el hechicero bajó la mirada, pensativo. En cierta manera, Reginald tenía razón. No podía dejarse llevar por las emociones. Lo que primaba era que Anneliesse estuviera segura; lejos de esa gente, lejos de Ren. Si no actuando y entregando el dinero lo conseguían sin más dilación, así debía de hacerse.
-¿Y los Gelhart?- cambió de tema el hechicero -¿Llegó la respuesta?-
-Aún no, pero no tardará en llegar- Reginald cruzó los brazos tras la espalda.
-¿Creeis que aceptarán?- Nero fingió no conocer de antemano la respuesta.
-Claro que aceptarán. Al menos, aceptarán venir y reunirse con nosotros ¿Quién se negaría a contraer nupcias con una princesa?- bufó.
-Sí... ¿Quién se negaría?- se cuestionó Nero.
-
Cuando salió el sol y todos los miembros de la banda se pusieron en pie, comenzaron a preparar los caballos para partir. Todos se movían de forma lenta y pesada debido a la enorme resaca que presentaban. Hasta Anneliesse estaba un poco torpe y pesarosa a la hora de hacer cualquier cosa, aunque era, claramente, la que menos labores tenía que hacer. Solamente preparaba bien los amarres de la silla y las riendas del caballo por el mero hecho de espabilarse a sí misma del sueño creciente -¿Contenta, princesa?- quiso saber Kassad -¡Por fin vuelves a casa!- Ann le miró un tanto extrañada. Parecía que no recordaba nada de lo que ella había dicho anteriormente ¿Pero cómo culparle? Habían estado bebiendo y... tal vez consideraban que podía haberlo dicho presa del alcohol. A fin de cuentas ella también sabía que ese no era su lugar ¿Y a dónde podía ir, si no es a su casa? No tenía alternativas. Menos de las que podía creer, de hecho. Lo comprobó al mirar con ojos cansados a Ren, que estaba más alejado de lo habitual de la banda. El mercenario preparó su caballo con velocidad y luego simplemente se quedó observando el refugio. En un instante fugaz, ambos cruzaron las miradas. Anneliesse pudo sentir de nuevo aquella ráfaga de frialdad, como si le estuviera lanzando miles de puñales. No era algo que debía extrañarle desde luego, pero no podía negar que hubo una pequeña chispa de decepción en su interior. No tenía el menor interés en Ren, en ninguno de los sentidos, pero quizá que la viera con otros ojos tras lo vivido podría haber sido una señal de que su padre o Nero podrían verla también de otra forma. Aquella mirada de Ren le hizo sentir que no sería así: quien te ve de una manera, difícilmente cambiará su percepción por muchos logros que consigas. Los prejuicios son inamovibles.
-Bueno, nos vamos- Gustav había encendido una antorcha -Vamos saliendo, que voy a quemar este sitio-
-Vas a desarrollar piromanía- bostezó Iona mientras pasaba por su lado.
-¿No la tengo ya?- se mofó Gustav mientras lanzaba la antorcha al interior de la guarida -En fin. Otro sitio menos. Afortunadamente fuimos preparando decenas y decenas de ellos por todo el continente.
-¿También habéis estado en Occest, no?- preguntó Annelisse. Pese a que era un hecho que ella no formaba parte de la banda, en ese momento se sintió aún más una forastera, sabiendo que volvía a palacio. La noche anterior casi parecían una familia a ojos de cualquier extraño que pudiera verlos. Ya no. Esa ilusión se desvaneció.
-Hemos estado en todas partes- sonrió Kassad -Seguramente os habría gustado, alteza. Occest, pese a ser un territorio muy hostil debido a las familias que viven allí, es enormemente bello. Ryudo y Baekshi sobre todo. Tienen una flora y fauna que...- se mordió los labios -¡Dioses, que hermoso es!-
-No le pongas los dientes largos, Kassad- comentó Gustav -Le estás describiendo el cielo azul a un pájaro enjaulado- sonrió Gustav mientras montaba en el caballo.
"Pobre pajarillo enjaulado, creyéndose halcón"
Las palabras de Ren resonaron en la mente de Anneliesse, que cerró los ojos con fuerza, queriendo apartar esos pensamientos de la mente. Fue difícil reprimir el impulso de montar en el caballo y cabalgar lejos, huir de ellos y que no la entregaran. No lo hizo porque sabía que Ren la atraparía. Siempre parecía que la atraparía, hiciera lo que hiciera... ese maldito mercenario -En marcha- dijo el mismo Ren, apremiando -Vamos a por el pago-
-¡A hacernos ricos, muchachos!- se echó a reir Gustav con júbilo mientras ponían rumpo al Valle de Molinos, al norte de Roserun.
Tardarían un par de horas en llegar manteniendo un ritmo no demasiado acelerado, de manera que prefirieron ir al trote, de modo que los caballos pudieran respirar de forma relajada mientras se movían y no se ahogaran por el camino. Ademas ellos también podían montar sobre los animales sin sufrir la molestia de galopar a toda velocidad. Gustav confiaba sobradamente en que estaría ya el dinero allí, esperándoles. El trayecto, sin embargo, se empezaba a hacer largo en el creciente y agobiante silencio que se estaba formando entre todos ellos. Había una pequeña sensación de melancolía en la banda que no pasó por alto al líder. Mirando de soslayo a uno y otro, todos tenían las caras largas y pensativas. Curiosamente, incluso Ren parecía distraido -¿¡Quién quiere ser rico hoy!?- reiteró Gustav, queriendo levantar los ánimos. Todos le miraron pero nadie contestó de inmadiato ni con entusiasmo.
-¿Es ser muy entrometida si pregunto qué vais a hacer con el dinero?- preguntó la princesa con cierto rintintín. A fin de cuentas, el dinero era de la casa real. Su dinero.
-Me compraré una mansión en Merran, el Oeste del Oeste. Allí tu padre no me podrá echar las zarpas- se mofó el líder -Con la mansión compraré tierras y la alquilaré al populacho. Me volveré un noble terrateniente y formaré mi propia familia. Utilizaré mi ingenio para moverme entre rivales políticos y alcanzaré un puesto, eventualmente, en el consejo de los Baldier ¿Quién sabe? Quizá algún día derroque a la familia principal y los Westalch sean los próximos líderes de Merran-
-¿Westalch?- ladeó la cabeza Anneliesse.
-Es su apellido- suspiró Iona -No le hagas ni caso. Es un fantasma. Uno tan grande que podría encantar todo Lynastis él solo- Anneliesse no pudo evitar esbozar una sonrisa ante ese comentario. Definitivamente empezaba a conocer a Gustav para saber que sí, era un enorme fantasma.
-Habla mucho pero luego es un pedazo de pan- se burló Kassad -Siempre usamos el dinero para ayudar a los desfavorecidos, alteza. Y esta no es la excepción. La mayor parte del dinero la iremos entregando en las poblaciones más desfavorecidas para potenciar la ganadería, el comercio y la labranza-
-¿Dais dinero a los pobres?- se sorprendió Anneliesse.
-No exactamente- negó Iona -Les ayuamos pero no "damos" el dinero como tal. Les "prestamos" el dinero con la condición de que deben usarlo de forma concienzuda, inteligente. De nada nos sirve si se lo gastan en comprar comida, bebida y mujeres u hombres de dudosa reputación y no aprenden nada- Iona sonaba severa, pero lo decía con convicción.
-Venga ya, no le contéis la verdad a la princesa. Vamos a quedar de pedantes- gruñó Gustav.
-Cállate- ordenó Iona -Quiere saber para qué queremos el dinero y se lo estoy diciendo ¿Qué más te da? Además, se lo debemos. Y más aún si además podemos enorgullecernos de no hacer nada malo con él- Gustav gruñó -¿Ves? Te digo que no le hagas caso- Iona se encogió de hombros -Le da vergüenza admitir que es un bandido con corazón de oro- la mujer no pudo evitar sonreir un tanto -Sí, robamos, asaltamos... pero siempre es por una razón, Anneliesse. Como te contaba, queremos que la gente de a pie tenga una oportunidad, al menos una- recalcó -de poder seguir adelante. A veces...- negó con la cabeza -No, a veces no. Vosotros, los poderosos y ricos, ignoráis los problemas que tienen los aldeanos para vivir. No os preocupáis del por qué no pagan sus impuestos, simplemente los exigís- dijo con dureza Iona mirando a la chica con severidad -Nosotros queremos entregarles la oportunidad que vosotros no les dais. Luego, si ese dinero lo invierten en mejorar su futuro, nos hacemos los tontos y nunca les pedimos el dinero de vuelta-
-Y si no lo invierten de forma inteligente, simplemente les dejamos sufrir las consecuencias y ayudamos a otras personas- intervino Kassad -Tampoco somos unos santos imbéciles. Somos duros con los que no aprecian que nos jugamos la vida por ayudarles a vivir mejor-
-¿Y ya está? ¿Sois una organización desinteresada?- se sorprendió la princesa.
-No- Gustav la miró con el ceño fruncido -Esa gente luego está agradecida. Se vuelven nuestros aliados. Nos deben la vida, como nos suelen decir- sonrió con malicia -Y cuando llegue el momento les pediré un favor que no va a gustar a ningún noble- la chica sintió un escalofrío. Aquella sonrisa de Gustav era muy distinta a las habituales -Pero eso ya lo descubrirás a su debido momento- dicho aquello, el tema pareció quedar zanjado ¿Un favor que no gustará a los nobles? Sin duda era intrigante... Y aunque no sonaba bien y parecía amenazante, al menos, era encomiable que el dinero fuera a parar a gente necesitada y no para engrosar sus bolsillos.
Finalmente llegaron al Valle de Molinos y pusieron pausa a la marcha. Los caballos resoplaron y taconearon en el terreno con las pezuñas, pues empezaban a cansarse y dieron alegres la bienvenida al hecho de detenerse -Bueno, aquí estamos- Gustav hizo un gesto con la cabeza a Kassad -Echa un vistazo, anda- el ravaht sacó su catalejo e inspeccionó los alrededores.
-Veo a un soldado. Uno solo- indicó -No parece haber nadie cerca. Tiene un par de sacos depositados a unos metros frente a él-
-Debe ser el dinero- sonrió el líder.
-Dame el catalejo- Ren le arrebató el objeto a Kassad antes de que éste se lo diera y miró por su propia cuenta.
-¿Qué mosca te ha picado, Ren?- el mercenario observaba con detenimiento a aquel soldado. Finalmente le entregó el catalejo a Kassad de vuelta.
-Me aseguraba de que no era el maldito Aegis disfrazado. No me fío-
-Pues venga, si no te fías, adelante- le invitó Gustav -Ve a por el dinero- Ren y el líder se miraron durante unos instantes y, finalmente, el espadachín aceptó con un gesto de la cabeza. Azuzó al caballo y echó a galopar, recorriendo velozmente la distancia que los separaba de aquel soldado.
Cuando Ren llegó, el soldado alzó la lanza y le apuntó desde los metros que lo separaba de los dos sacos de monedas -¡La princesa! ¡Entregadla!- Ren se bajó del caballo lentamente, sin prisa. Agarró ambos sacos enormes y los comenzó a enganchar en la silla del corcel. Pesaban bastante, pero el animal lo podría soportar sin demasiados problemas.
-Más os vale que esté todo- advirtió Ren.
-10 millones- declaró el soldado -¿Y la princesa Anneliesse?-
-Cuando me haya ido, ella vendrá- el soldado dio un paso al frente, acercando la lanza a Ren.
-Si intentas engañarme, mercenario, te empalaré en mitad de la plaza de Lynastis- dijo con rabia el soldado -No nos insultaréis nunca más-
-Acerca esa patética lanza un poco más- advirtió Ren -Venga, hazlo- caminó hacia el soldado un par de pasos. El soldado mantuvo la posición. La lanza quedó a la altura de la garganta de Ren, casi pinchando la piel. Solo tenía que empujar con la lanza un poco para matarlo ahí mismo. El soldado rompió a sudar -La gente que habla y no actua me da asco. Sabéis de sobra que no podéis darnos caza, que no podéis con nosotros, por eso nos llevamos a la princesa con éxito dos veces- observó el mercenario -Así que no intentes amedrentarme, inútil- con un ágil movimiento, desenvainó la katana y cortó la lanza en dos, destrozándola. Luego, al envainarla, aprovechó para hacerle un ligero corte en la cara al soldado que apenas percibió, pero era lo bastante pronunciada como para sangrar. Pasados unos segundos, el soldado sintió el escozor y se tocó la herida para luego verse la mano llena de sangre.
-¿C-cómo...?- Ren bufó y montó en el caballo
-No podéis con nosotros; no podréis jamás conmigo- declaró -Ahora viene tu maldita princesa. No te desmayes mientras- Ren regresó al mismo galope con el que llegó, enseñando al grupo los sacos en el caballo. Gustav se frotó las manos con suma alegría.
-Bien, pues ya está. Puedes irte con el soldado Anneliesse- dicho aquello, volvió a crearse un pequeño silencio. Anneliesse fue a bajarse del caballo para cederselo a Aiko, pues originalmente era suyo. La baekshi hizo gestos.
-Dice que te lo lleves- tradujo Iona.
-Pero es suyo...-
-Insiste- tradujo de nuevo los gestos de la chica, que sonreía apenada a Anneliesse -Dice que te echará de menos, le has caido bien-
-G-gracias, supongo...- la princesa no supo qué decir. Los miró a todos uno por uno, incluso a Ren -No me habéis tratado mal-
-Ha sido un placer compartir días con vos- agachó la cabeza Kassad -Lamento profundamente cualquier molestia alteza. Os debo la vida y así os lo pago-
-Todo eso quedó atrás- asintió Anneliesse -No sé si debo decir que espero veros de nuevo o... si acaso no debería despedirme de alguna manera- realmente era confuso ¿Eran buenos o no? La linea se estaba volviendo difusa pese a que los quería perder de vista, pero en el momento de despedirse para quizá no verles jamás...
-Cuando necesitemos dinero para financiación, volveremos a raptarte, si te parece bien- sonrió Gustav -Cuídate mucho, Anneliesse. Intenta ser feliz, aunque sea un poco. Vive para ti misma y olvida a los demás- dicho aquello, con un gesto de la mano, indicó a todos que se pusieran en marcha. Iona fuera la primera en irse con Aiko despidiéndose con la mano de Anneliesse. Kassad se marchó tras ella tras inclinar la cabeza ante la princesa -A más ver, preciosa- Gustav se puso en marcha y, finalmente, solo quedó Ren. No le decía nada, solamente la miraba con ojos entornados.
-Adiós- dijo Anneliesse, imitándole. El ardor en el vientre les volvió a ambos de forma imprevista, repentina.
-Si nos volvemos a encontrar...- empezó a decir Ren.
-Seremos enemigos, intentarás matarme o lo que sea que vayas a decir. Lo sé- interrumpió Anneliesse de mala gana, molesta por el ardor y por lo indescifrable de la actitud de ese hombre. Sin más, puso al corcel en camino en dirección al soldado. Podría haberle dicho más cosas, haberse desahogado ahora que iba a separarse de ese hombre de una vez por todas. Podría haberle deseado, al menos a él, que todo le fuera mal y que se tragara esa personalidad errática o se la metiera por donde le quepa, pero hasta para eso estaba confusa. El hecho de regresar a su cárcel ocupaba toda su mente y no cabía ni un solo pensamiento más. Acercarse a aquel soldado fue, sin dudas, mucho más terrorífico que ser secuestrada. Ya no había vuelta atrás.
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