Tras sopesarlo durante mucho tiempo desde que Nero le había puesto en su sitio, Reginald decidió que el Aegis tenía razón. Estar sentado, derrotado, sin hacer nada mientras Anneliesse podía correr un grave peligro era lo peor que podía hacer como padre y como rey. Cansado de fallar y de trastabillar, se dirigió hacia los aposentos del hechicero para reunirse con él para poder acordar por fin un plan efectivo para recuperar a la princesa y poder recuperarla. Tan seguro de sí mismo caminaba, que ni tan siquiera llamó a la puerta de la habitación, descubriendo al hechicero en ropas de dormir con una blusa blanca y unos pantalones de algodón sueltos y marrones para dormir. Nero estaba sentado en una mesa que había contra una de las paredes de su habitación, justo al lado de uno de los balcones. La luz del día ya estaba muriendo para dar pronto paso a la oscuridad de la noche. El hombre parecía trabajar sin descanso sobre un montón de diversos mapas de Lynastis -¿Nero?- la voz del rey sobresaltó al hechicero, que estaba tan ocupado con los mapas que nisiquiera le oyó entrar. El hechicero se puso visiblemente nervioso toqueteándose la cara por un instante, para luego calmarse y girarse hacia el rey.
-¿Alteza? ¿Qué hacéis aquí sin avisar?- quiso saber el mago, aún con la voz temblorosa.
-Discúlpame, supongo que vengo un poco distraido y se me ha pasado por alto- Reginald cruzó los brazos tras la espalda -Afortunadamente no te he pillado en vergüenzas-
-Estaba a punto- mintió. No era eso lo que estuvo a punto de hacer, pero hubiese sido algo difícil de explicar si le descubría.
-¿En qué andas ocupado, viejo amigo? Vengo a hablar contigo sobre el plan para rescatar a Anneliesse-
-No hay nada de lo que hablar, majestad. Prácticamente lo podré resolver yo solo con mis propias manos, lo he decidido- asintió el mago -Solamente necesitamos saber dónde están. Con ello, personalmente la traeré de vuelta. Sí he estado sopesando, sin embargo, el cómo mantenerla a salvo- unió los dedos de las manos en gesto pensativo.
-¿Y bien?- apuró Reginald al ver que no proseguía, manteniendo el misterio.
-¿Alguna vez habéis pensado en la posibilidad de enlazar a Anneliesse con Eirik Gelhart?- pronunciar aquel nombre hizo que Reginald abriese los ojos con espanto.
-¡Nero! ¿Los Gehlart? Son prácticamente el enemigo público número uno de Oriest- Oriest, el nombre que recibió el reinado después de que el continente se dividiera en dos. El reinado de los Gelhart, al oeste, recibía el nombre de Occest.
-Lo sé- asintió el mago -Y sin embargo sería una unión doblemente provechosa, más que con los Rajash o los Arunna. Los Gelhart cuentan con el ejército más poderoso de todo el continente. Se adueñaron de los secretos de los Ryudo antes de enviarlos al ostracismo y han hecho suyo ese conocimiento. Ahora usan esas antiguas y legendarias técnicas de batalla combinados con el ardor guerrero y la falta de honor de la antigua Zere... Tenerlos como parte de la familia haría que Lynastis fuese intocable y mantendría, además, una paz duradera entre los dos frentes del continente- Reginald estuvo pensativo todo el rato que Nero hablaba, sopesando sus palabras. El rey había ido a verle aceptando que tomaría una decisión y ahora el mago le venía con una propuesta muy, muy arriesgada. Prácticamente era una locura... pero... -No hace falta que toméis una decisión ahora. Tampoco es necesario que me hagáis caso- sonrió Nero -Solo es un pensamiento que me han dado estos mapas- los señaló con la mano -A fin de cuentas Ann es vuestra hija y vos el rey. Vos decidís cuánto anhelais protegerla y qué precio ponéis a su vida y su seguridad-
-¿Lynastis no es suficiente para protegerla, dices?- respondió Reginald un tanto ofendido.
-A la vista está que ni siquiera yo soy suficiente- confirmó el hechicero -Pues la raptaron en frente de nuestras narices y nuestros soldados no dan abasto para encontrarla-
-Tampoco tu Legión los detuvo-
-Soy consciente de ello, por eso no poseo Legión a mi servicio. Todos muertos- sonrió Nero de forma despectiva.
-Aún así...- Reginald se rascó el mentón -Los Gelhart...-
-Aguardad- Nero se puso en pie de forma veloz e inesperada.
-¿Qué sucede?- el rey ladeó la cabeza, sin comprender. Nero no dijo nada y echó a correr rumbo a la habitación de Anneliesse -¡Nero!- Reginald fue tras el mago, preocupado ¿Qué mosca le había picado?.
Cuando el rey llegó a la habitación de la princesa, en la que había visto entrar al hechicero, lo encontró con un papel en las manos justo al lado de la cama de la joven -¿Qué es eso? ¿Qué sucede?-
-Es la letra de Ann- dijo el hechicero, leyendo.
-¿¡Qué dice!? ¿¡De dónde sale!?- exigió saber el rey, dando un paso hacia Nero. El Aegis leyó la carta al rey, haciendo que este se sentara en el lecho de su hija -Esos malditos bastardos... Más les vale que realmente esté bien...- mientras reflexionaba el rey, el Aegis empezó a reir -¿De qué te ríes tú?- quiso saber, extrañado.
-Esto es lo que me hacía falta, alteza- agitó la carta de un lado para otro -Con esto los encontraré-
-Déjalo, Nero. Podremos negociar con ellos. Primero tendremos a Anneliesse de vuelta entregando el dinero y después podremos darles caza y...-
-No- declaró Nero, decidido -Vos dadle una vuelta a la posibilidad de entablar contacto con los Gelhart, alteza. Yo me ocupo de esto. Traeré a Anneliesse sana y salva antes del amanecer- Reginald le miraba con dudas y hasta algo de rabia ¿Por qué se empeñaba ahora en desobedecerle? -Como Aegis y guardián de la princesa, prometo que no os fallaré. No voy a permitir que pase ni un minuto más con... ellos- aseguró antes de salir por la puerta.
Mientras tanto, en la guarida, la banda seguía haciendo lo suyo, matando el tiempo hasta que Ren regresara. A esas horas en las que la noche empezaba a caer una vez más, algunos como Aiko e Iona se dejaban ya caer en sus sacos para echar una cabezada y estar despiertas temprano. Kassad seguía intentando mantener a la princesa ocupada y entretenida mientras que Gustav parecía mostrarse un tanto inquieto, pues Ren estaba tardando un poco en llegar. Finalmente, lo percibió por el rabillo del ojo -¡Hombre! Empezaba a preocupa...- no terminó la frase debido al hecho de que lo vio sin oirle. Ren no emitió sonido alguno al llegar, cosa que hizo arquear la ceja al líder -¿Estás... aquí?-
-No- gruñó, visiblemente molesto -Esto es una proyección- Gustav alargó la mano para tocarle y la mano le atravesó. Anneliesse y Kassad se quedaron ampliamente sorprendidos al ver semejante despliegue.
-¿¡Desde cuándo puedes hacer esto!?- se echó a reir Gustav -¡Qué pasada! ¡Iona, Aiko, mirad esto!- ambas se despertaron sin saber qué pasaba exactamente -¿Sabes la de genialidades que podemos hacer con esto?- Gustav ya estaba haciendo planes, tantos, que ni parecía caer en cuenta que Ren debía de estar haciendo eso por alguna razón -¿Entregaste la carta? ¿Todo bien?-
-La entregué- Ren parecía no estar muy bien. Realizar esa proyección no parecía ser fácil en absoluto. Se le veía cansado y con ganas de terminar la conversación -Pero eso no es lo importante. Tenéis que iros. Ya. No sé aún cómo pero me están siguiendo y debéis idos. No pueden encontrar a la princesa-
-¿Que te están siguiendo?- se sorprendió Gustav -¿A ti, nuestro mejor miembro en el sigilo?-
-No encuentro explicación aún pero...- Ren de pronto se dio la vuelta, como si mirase a algo lejano que se acercaba a su espalda -Marchaos. Ya- ordenó y se desvaneció en el aire. Gustav soltó un pesadísimo bufido.
-Ya habéis oído...- recorrió a la banda con la mirada -Iniciamos el plan "Salir cagando leches"- sentenció.
Allí donde se encontraba Ren, a medio camino para llegar al refugio, se quedó esperando a que la figura que le observaba tras los árboles se revelara. Las ropas le eran conocidas, pero no podía verle el rostro debido a una capucha que llevaba puesta. Aún así, el espadachín casi estaba seguro de que se trataba del Aegis Real -Sal. Sé que estás ahí- ordenó Ren.
-Tienes unos sentidos muy finos para ser un simple mercenario. Además, estabas hablando solo... ¿o no hablabas solo?- salió a la luz de la noche el hechicero, con la capa volando al viento -Eres un hombre de lo más peculiar- Ren no dijo nada. Solo le miraba con ojos afilados y amenazantes -¿Cuántos secretos guardas bajo esa manga, me pregunto?- el mercenario seguía callado, desenvainando muy lentamente su katana -¿Oh?- Nero se echó a reir -¿De verdad?-
[Evangelion 2.22 - In My Spirit]
-Vamos a dejar de perder el tiempo. Si esperas que te lleve ante Anneliesse... no lo vas a conseguir- Nero mantuvo una amplia sonrisa.
-Si supieras cuánto me arde el corazón si te oigo pronunciar su nombre...- masculló. Ren ladeó la cabeza ante ese comentario.
-¿Ah sí?- le apuntó con la katana -Me alegra saberlo- se permitió, ahora sí, sonreirle por igual -Porque no te la voy a devolver. A Anneliesse... me la quedo yo- remarcó, haciendo brotar la verdadera furia en el rostro de Nero.
-¡Ya lo veremos!- el hechicero convocó en sus manos dos esferas igneas de gran tamaño que disparó contra Ren. El mercenario las cortó con suma facilidad, pero perdió al Aegis de vista debido a las llamas y chispas que brotaron. Miró en todas direcciones y seguía sin encontrarlo -¡Arriba, novato!- cuando Ren siguió la voz y alzó la mirada, el Aegis descendía sobre él con una espada forjada con fuego mágico. Fue por los pelos, pero el mercenario consiguió bloquear el embite desviando la hoja, pero no pudo evitar que le cortara la cara provocándole una quemadura. Ambos contendientes mantuvieron el pulso. Al estar la espada de Nero hecha de puro fuego moldeado, las manos y brazos de Ren estaban sufriendo del dolor de quemarse poco a poco mientras mantenía la lucha. El Aegis, aunque algo mayor, era sorprendentemente fuerte y, lo que era peor, parecía saber cómo iba a moverse Ren. Sabía cómo iba a bloquearle, cómo iba a atacar y de qué forma ¿Cuán poderoso era realmente el Aegis? No lo sabía, pero sí podía ver en sus ojos que tenía un odio visceral hacia Ren. Debía de dolerle en exceso el secuestro de Anneliesse -He sentido dudas de qué pasaría si te mato. Y llegué a la conclusión de que no sería bueno para mí...- comentó místico el Aegis -¿Pero sabes? Ahora mismo la tentación es demasiado poderosa...- al rededor de ambos comenzaron a parecer más espadas flotando en el aire -Todo me vale a cambio de Anneliesse, hasta mi propia muerte- sonrió como un loco. Las espadas flotantes de fuego apuntaron con sus hojas a ambos contendientes. Ren debía tomar una decisión rápida. En un abrir y cerrar de ojos, las espadas volaron hacia el mercenario... y no le encontraron. Con un solo pestañeo, Nero se vio solo en mitad del campo. Sus armas llameantes se disolvieron en el aire mientras el hechicero cerraba los ojos para calmarse. Ahora más que nunca debía de mantenerse concentrado. Se concentró en la esencia mágica de Ren, la cual iba dejando al utilizar esos transportes instantaneos que tanto le gustaba hacer. Gracias a ese rastro daría con el refugio. Solo debía calmarse y localizarle.
Ren apareció en el refugio, cayendo de rodillas, derrotado. El uso repetido de esas habilidades le consumía en demasía, le dolía enormemente la cara debido a la herida, así como las manos y los brazos. Además, su vientre le dolía el triple de lo que había llegado a dolerle al estar en contacto con Anneliesse ¿Por qué? Fue justo al llegar, justo al aparecer, con solo mirarla. Ella parecía mostrar el mismo semblante de dolor que él cuando cruzaron las miradas -¿¡Qué ha pasado!?- preguntó Gustav mientras vertía el contenido de un barril al suelo.
-Ya os lo explicaré... ¡Vámonos, aprisa!- apremió.
-¡Ya voy!- Gustav cogió una vela y la arrojó al barril que no tardó en empezar a arder con virulencia -¡Todos, en marcha! ¡A los caballos!- Kassad ayudó a Anneliesse mientras que Gustav ayudaba a caminar a Ren.
-Ya viene...- gruñó el mercenario -¡Deprisa!- el grupo salió de la guarida y montaron en los corceles, que se mostraban enormemente nerviosos ante el fuego creciente, que comenzaba a alcanzar el árbol que había sobre la guarida. En cuanto montaron, salieron a galope a toda velocidad, alejándose de allí. Cuando Nero llegara, no encontraría más que fuego.
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