[FF7R - Seven Seconds Till The End]

Apenas había podido avanzar demasiado cuando empezaba a sentir la fatiga adueñándose de su cuerpo. La princesa no era una persona que estuviera acostumbrada a la actividad física y, menos, con ese torpe y pomposo vestido que debía llevar estúpidamente hasta para huir de sus cadenas. Al menos, su decisión y terquedad la empujaban a continuar. Frente a ella ya podía ver un pequeño puente de piedra que cruzaba un bravo río, cuya corriente agresiva generaba un fuerte ruido que le permitiría hasta soltar unos cuantos improperios a viva voz de así quererlo, que no la oirían ni siquiera en el silencio de la noche. Suponía que, quizá, estaría cerca de otro poblado en el que podría esconderse y buscar una solución a su huida, pensar en qué podía hacer después cuando Nero ordenara su búsqueda inmediata. Tenía que pensar, tenía que actuar rápido y... Oh, no. No podía ser tan fácil.

Al caminar por el puente tratando de recuperar todo el aliento posible y sintiendo el ligero y fresco aroma de la humedad del frío río, dejó una de sus manos reposar en el puente al instante en que veía una sombra acercarse a ella desde el otro lado. Sintió una temible punzada en el pecho al no poder distinguir en la penumbra quién era esa persona, solo podía adivinar que poseía una alta estatura y un físico ancho e intimidante. Peor fueron sus sentimientos cuando, al acercarse y destellar la luna sobre sus cabezas tras apartarse unas ligeras nubes, pudo distinguir que era uno de los miembros de la banda. Aquel de la mirada amenazadora y aspecto temible. De nuevo, volvió a sentir aquella pequeña punzada en el vientre, un ardor ligero pero molesto -¿Qué hacéis aquí?- preguntó ella con amabilidad, tratando de mantener la calma. Quizá era mejor no provocarle. El individuo la estaba estudiando de arriba a abajo con suma calma, sin contestar -¿No me habéis oído? ¿Qué hacéis aquí a estas horas?-

-Volved al campamento- le contestó, sin más.

-¿Perdón?- Anneliesse entornó la mirada ¿Le estaba dando una órden? ¿A la princesa?

-Volved, ahora- el hombre mantenía la voz calmada y la mirada serena.

-¿Eres consciente de con quién hablas, verdad?- Anneliesse perdió la cortesía al instante. Empezaba a ponerse nerviosa ¿Tan mala suerte era capaz de acarrear? Incluso al amparo de la noche no podía salirle nada bien. El mercenario no le contestó a esa pregunta -Si vuelves a darme una orden te meterás en un lío-

-No más que tú- el hombre, por igual, dejó de hablarle con cortesía.

-Esto es... Es...- frustrada por su aparente fracaso y empeorado por el insufrible ardor en el vientre, se apoyó con ambas manos en el puente y disparó una profunda mirada a las poderosas aguas del río ¿Por qué no podía ser ella así? Imparable, barriendo todo lo que se pusiera en su camino, como ese río.

-Vuelve, vamos- el hombre dio un paso hacia ella y la chica se volvió hacia él.

-¿O qué?- gruñó -¿Vas a tocarme? No tendrás la osadía de llevarme a rastras- al decir aquello, se percató de que el mercenario tenía su mano apoyada en el arma, como si amenazara con desenvainarla en cualquier momento. La princesa no era estúpida y no pasó por alto ese detalle. Soltó una sarcástica y nerviosa carcajada al observarlo -¿Me estás amenazando con eso, acaso?- el hombre no dijo nada, simplemente se mantuvo en su posición -Eso imaginaba- armándose de valor y tragando saliva, con los ojos vidriosos, la chica suspiró pesadamente y echó a caminar con intención de sobrepasar al mercenario, confiando en que por temor a las represalias, no tendría el valor de ponerle una sola mano encima. Quizá la reputación de su enclaustramiento y el valor que portaba en su interior le sirvieran por una vez en la vida, pero se equivocó.

Al pasar junto al individuo con toda la calma que era capaz de fingir, sintió cómo algo le aferraba el pomposo faldón. Ese terrible ardor se incrementó aún más, al punto de hacerla gruñir de molestia. Al girar la cabeza, el mercenario le estaba agarrando un pedazo del faldón para que no avanzara. Visiblemente molesta, la chica tiró de su traje para que se escurriera de la mano de aquel impresentable descarado -¿¡Cómo te atreves!?- vociferó, empezando a nacer de ella de nuevo aquella necesidad de soltar lo que sentía, como con Nero.

-No te vas a escapar- concluyó el mercenario -Regresa conmigo al campamento. Ahora- ordenó de nuevo.

-¡Basta de órdenes!- le señaló -¿¡Quién te crees que eres!? ¿¡Quién os creeis, todos, que sois?!- estalló finalmente -¡Hasta una panda de vagabundos se atreve a decirme qué he de hacer! ¡Es de locos!- el mercenario la miraba con una ligera muestra de dolor en el rostro, como si algo le estuviera molestando. El ardor en el vientre de Anneliesse no hacía más que crecer, empeorándole el carácter. Se llevó una mano al estómago, como si el traje le apretara demasiado -Esto es... indignante- le disparó una mirada furiosa al mercenario -Vuelve por donde has venido ¿Me oyes? Vuelve al campamento y ni se te ocurra decir que me has visto. Esta es mi decisión. No voy a formar parte de más teatros ¿¡Te has enterado!? Y tú no vas a darme órdenes. Ni tú ni nadie. Voy a decidir por mí misma lo que...- antes de terminar su discurso, se vio incapacitada por el mercenario. Tan grande como era, aprovechó la aparente debilidad de la princesa y su molestia estomacal para aferrarla del brazo. La mano de aquel hombre parecía enorme en contraposición al brazo de la chica, que no tuvo problemas para apresarla -¿¡Qué haces!? ¡Suéltame!- se rebatió ella, tratando de tirar del brazo para liberarse. El hombre, sin embargo, era demasiado fuerte para ella. No hacía más que agitarle el brazo de un lado para otro, sin resultado.

-No... te resistas- dijo con extrañeza en la voz, mirándose a sí mismo el cuerpo. Se sentía extraño.

-¡Suéltame!-

-Desiste, princesa-

-¡Que me sueltes! ¡Es una orden! ¡SUÉLTAME!-

-¡DEJA DE RESISTIRTE Y OBEDECE!-

[Attack on Titan - Apple Seed]

El choque de sus voces los distrajo del extraño trueno que sonó de la nada. La oscuridad había regresado a bañar sus imágenes, opacando por completo la tenue luz de la luna. Unas temibles nubes de tormenta danzaban sobre sus cabezas y lanzaban extraños destellos de colores que ninguno sabía identificar. El mercenario no tuvo más remedio que soltar a la princesa y llevarse una mano al estómago al igual que ella ¿Qué demonios estaba pasando? -¿De dónde sale esta tormenta?- se preguntó el mercenario. La princesa no contestó. Parecía faltarle el aliento de forma importante -Vuelve de una vez. El tiempo se está poniendo feo-

-Cállate...- dijo ella de mala gana -No pienso volver jamás ¿Me oyes?- un nuevo relámpago cayó con el cruce de miradas que se lanzaron, cargadas de rabia mutua. Ese relámpago sin embargo trajo la oscura silueta de un extraño ser de forma humanoide, pero no del todo humano, cerca de sus cabezas. Levitaba en el aire como si no pesara absolutamente nada. Y, a pesar de que no parecía tener rasgos distintivos, ambos podían jurar que los miraba con la fiereza de un depredador -¿Qué es... esa cosa?- la princesa no pudo evitar sentir un terrible temor que le apresaba las entrañas. De alguna forma, aquella ominosa sombra le hacía recordar algo terrible. Algo que había visto antes.

El sonido metálico y vibrante del acero la hizo mirar al mercenario, que había desenvainado su katana -¿Qué haces?-

-Cumplo mi trabajo- el hombre adoptó una postura de combate, apuntando con la hoja hacia aquel ser. Como si de una invitación se tratara, la criatura se dirigió hacia el mercenario con la mirada. En un abrir y cerrar de ojos, lo que duró un nuevo destello de otro relámpago, se precipitó contra él.

-¡Cuidado!- vociferó instintivamente la princesa justo en el preciso instante en que apareció frente al guerrero, que hábilmente bloqueó la mano llena de garras de aquella criatura con la hoja de la espada. El mercenario parecía ciertamente sorrpendido a juzgar por su rostro ¿Cómo había podido detenerlo a semejante velocidad? Ciertamente, no era tiempo para preguntas. El espadachín desvió la garra del monstruo y contraatacó con habilidad tratando de segarle la cabeza, pero la criatura se echó hacia atrás con la suavidad de un suspiro y volvió a la carga. El mercenario logró bloquear la marabunta de ataques que aquella temible sombra le estaba lanzando pero con dificultad. Finalmente, la entidad consiguió clavar sus garras en el hombro del hombre cuando éste hizo un bloqueo fallido. Ante el alarido de dolor del hombre y el chorro de sangre que salpicó la piedra del puente, la princesa no pudo evitar soltar un grito de sorpresa y horror. La entidad la miró.

-N-no, por favor...- pidió ella viendo como se alejaba del hombre y levitaba amenazantemente hacia ella con su garra goteando sangre de forma terrorífica -No puede ser...- cuanto más se acercaba, más grande parecía ser y eso hizo recordar a la princesa. Esa forma en la que las sombras conformaban la silueta, sus garras, su mirada sin ojos... era muy similar a como las escrituras antiguas describían y retrataban al Ente pero... ¿Cómo podía ser? Si ella le tenía encerrado en su interior, no podía ser posible que...

La estupefacción de Anneliesse la abstrajo de reaccionar ante el ataque de la temible sombra, de forma que solo pudo reaccionar arrinconándose contra el lateral del puente. Afortunadamente, la sombra del mercenario se proyectó frente a ella, deteniendo de nuevo la acometida de aquel demonio -Tú...- musitó ella.

-Solo eres una carga- murmuró furioso el mercenario -Una maldita carga inútil, como todos los demás. Malditos seais- escupió lleno de rabia -No voy a morir protegiéndote a ti. No voy a morir protegiendo a un miembro de la nobleza y menos, de la realeza ¡No voy a morir así!- el demonio volvió a atacar y el mercenario bloqueó el ataque, viéndose empujado por la poderosa fuerza del ser contra la princesa. Al colisionar ambos por aquel empuje, ambos parecieron perder la noción del tiempo y de la gravedad misma. Un siniestro destello trajo un completo silencio a la tormenta y al combate. Los dos parecían flotar en el aire por una fracción de segundo y luego, humedad. Princesa y mercenario cayeron al embravecido río y comenzaron a verse arrastrados por la fuerte corriente mientras intentaban mantenerse a flote mientras el hombre no hacía más que perder sangre por su herida del hombro. Su visión se volvía un tanto borrosa debido a la arremetida del agua.

No. No podía morir... así.

Comentarios