El pequeño soplo de aire fresco que resultó para Anneliesse llegar de nuevo a su habitación para apartarse de la pesada carga que suponía acompañarse de esos dos duró realmente poco para su pesar. En cuanto cerró la puerta a sus espaldas y se arrojó en la cama con un pesado suspiro, llamaron a la puerta con urgencia. Anneliesse se extrañó ante tanta prisa, lo que la hizo levantarse de la cama al tiempo que la puerta se abría -¿Princesa?- la voz temblorosa de una doncella asomaba por el umbral.

-¿Qué sucede?-

-Hay un enfrentamiento. El señor Namur ha desafiado al señor Hardum Svartal a un combate singular-

-¿Qué...?-

-

 Acompañada por la doncella a paso apresurado, Anneliesse llegó al oeste de palacio, una que no había visto de tan grande que era el hogar de los Rajash. Tras pasar por decenas de pasillos laberinticos, volvieron a ver la luz ante un enorme campo de combate donde ya se encontraban todos los familiares de Namur, parte de la guardia ravahta y la guardia arunna. Incluso los mercenarios estaban allí, a un lado, observando de brazos cruzados. Era a todas luces un espectáculo que se había formado en menos de lo que cantaba un gallo ¿Estaban locos? ¿De verdad? Apenas había tenido tiempo físico para planear el enfrenamiento ¿Significa que los Rajash viven siempre preparados para pelear? Nero tenía razón sobre lo peligrosos que podían ser. El mismo, además, agitaba su mano para indicar a Anneliesse hacia dónde debía dirigirse. Ella se debía sentar junto a Reev debido a su importancia como princesa. Sentada a su lado estaría también Yaali, que miraba de forma distraida a un lejano Kassad -¿Qué está pasando aquí? ¿Han perdido el juicio?- preguntó Anneliesse al llegar junto a Nero.

-Ahora no es el momento de hablar, Ann- dijo el hombre con enorme temple -Esto es importante para la familia Rajash. Deben zanjar este insulto- la invitó con un gesto de la mano a sentarse junto a Reev, que nisiquiera la miró. Estaba centrado en las dos figuras que había en el campo de combate. Cuando la princesa tomó asiento, se sorprendió de lo bien dispuesto que estaba todo para no perder detalle de los combatientes, que claramente eran Namur y Hardum. Como si fuese un cliché de novela romántica con tintes eróticos, ambos contendientes estaban desprovistos de vestimenta superior, luciendo sus cuerpos al sol. Ambos eran aguerridos, voluminosos y musculosos, quizá hasta en demasía.

 [Bleach OST 3 - Fiesta de Guerra]

-¿Vamos a ir en serio con esto?- se oyó hablar a Hardum en alta voz para que todos le oyeran.

-Muy en serio- gruñó Namur mientras un guardia le entregaba una vara de madera maciza. A su vez, le entregaban otro a Hardum.

-¿A esto le llamas ir en serio?- comentó con decepción inspeccionando el arma de madera -¿De dónde brotará la sangre con esto?- sonrió provocativo.

-Ahora verás- respondió Namur antes de lanzarse justamente hacia él como un rayo. Hardum le vio venir con suma facilidad y pudo parar el primer ataque de Namur sin muchas dificultades, lo que permitió que ambos hombres se miraran de cerca. La expactación del combate arrancó el aliento a los que contemplaban impotentes el devenir de la contienda, de la que dificilmente se podía adivinar el resultado.

Los contendientes se separaron de un corto y rápido salto hacia atrás para volver a colisionar en un nuevo placaje. Entonces, comenzaron la serie de ataques, bloqueos y esquivas. Desde arriba, desde abajo, por los lados. Ambos luchadores eran diestros en el manejo de la vara. Anneliesse, que presenciaba el combate, no pudo evitar pensar que eran afortunados de no estar utilizando armas punzantes o seguramente uno de los dos acabaría muerto. A fin de cuentas, dado que ambos eran enormemente habilidosos, no tardaron en comenzar los primeros aciertos. Namur consiguió realizar una finta en la que hizo fallar a Hardum, lo que le permitió atajarle por la derecha y castigarle el costado con un golpe tan fuerte que la carne del arunnes restalló de forma dolorosa y le arrancó un alarido que casi partió el cielo en dos. Los soldados de ravatha y Reev lanzaron gritos de júbilo y jolgorio, animando a Namur. El segundo en la línea sucesoria se vino arriba y saludó de forma efusiva a su familia y a Anneliesse, bajando la guardia, creyendo que había bastado para derrotar a Hardum. Craso error.

Hardum se levantó adolorido, pero risueño. Ver a Namur de espaldas fue un regalo de los dioses para él. Reev, desde su asiento, se puso de pie para gritar a su hermano que tuviese cuidado. Cuando Namur se giró, ya era tarde. La vara de Hardum le alcanzó tan de lleno en la cara con una estocada que derribó al gigante Rajash de espaldas con un reguero de sangre debido a su nariz partida. El moreno se retorcía de dolor en el suelo mientras Hardum caminaba en círculos en torno a él -Nunca bajes la guardia, amigo- a diferencia de su contrincante, el rubio no se relajó ante aquel golpe triunfante. Alzó la vara por encima de su cabeza como si fuera una lanza y la descargó como un relámpago directa el estómago de Namur. No una vez, sino dos, tres y hasta cuatro veces. El Rajash sangraba profusamente por la nariz y la boca en ese instante tendido en el suelo. Era una mezcla de pelo, sangre y saliva regurgitada del estómago debido a la crueldad de los ataques de Hardum. Anneliesse estaba completamente bloqueada ante aquel alarde de salvajismo del rubio ¿En qué estaba pensando? ¿Toda esa barbarie era simple y llanamente por ver quién sería su esposo? ¿No era acaso una guerra reducida a un combate de dos por el trono de Lynastis? Era aberrante. Vomitivo. Asqueroso.

-¿¡Ya está!?- vociferó Hardum, ahora sí, asimilando su victoria. Hasta se permitió soltar la vara -¿¡Esto es todo lo que ofrecéis en Ravahta, Reev?!- se atrevía a desafiar al heredero. El Svartal definitivamente había perdido el juicio -Anneliesse, princesa- sonrió complacido -Ya puedes ver con tus propios ojos lo que los Rajash tienen para poner a tus pies- señaló a Namur en el suelo -Mucho músculo, pero poco cerebro para utilizarlo. Descuidados, torpes y con la apariencia por encima de la sustancia- dicho aquello, Hardum se arrodillo en dirección hacia donde Ann estaba sentada -Yo, Hardum Svartal, heredero del trono de Arunna, hijo de Tilka Svartal, la Soberana del Invierno, pido ante los dioses y los presentes tu mano en matrimonio. Unamos nuestros futuros, nuestras casas y nuestros destinos- el silencio que se alzó tras aquellas palabras era poco menos que amenazante. Era tenso, frío, lacerante. Anneliesse podía sentir como si un millar de hilos punzantes la anudaran por cada parte de su cuerpo y se tensaran hasta cortarle la piel. El atolladero en el que ese hombre la estaba metiendo era una condena de muerte para ella, dijera lo que dijera en ese preciso instante. Por suerte o por desgracia, no fue necesario que contestase, ya que a espaldas del rubio Namur se levantaba.

Con la mirada perdida y chorreando sangre aún por la nariz, el moreno se llevó la mano a la muñeca izquierda. Ahí había portado siempre una pulsera muy hermosa, una reliquia familiar. Lo que los extranjeros no sabían era que era el refugio de una de las armas antiguas y poderosas de la familia. Al tocarla, como si de un hechicero se tratase, Namur manifestó en sus manos una gran y temible cimitarra de gran tamaño. Su hoja curvada terminaba en un filo terrible y se podía apreciar que tenía grabada a lo largo de la misma un sin fin de letras en el idioma antiguo de los Rajash -Ifrit...- murmuró Namur derrotado -Ayúdame una vez más... Ayúdame a destruir a mis enemigos...- la hoja comenzó a encenderse al rojo vivo como si hubiese estado expuesta al fuego, hasta que empezó a humear. Reev, junto a Anneliesse, sonreía de forma malvada.

-Hermano, no...- sollozó Yaali, alertando a la princesa. Namur comenzó a hacer lo que Anneliesse temió, y fue cargar contra el arrodillado Hardum blandiendo aquella magistral arma en pos de matarle, pues no era un arma de entrenamiento, sino una letal. Su velocidad fue mucho más superior que antes, su precisión también. Hardum apenas tuvo tiempo de terminar de levantarse al sentir el peligro venir a su espalda cuando la cimitarra voló directamente a su garganta, sedienta de sangre y de deseos de ver rodar su cabeza. Pero... algo inesperado sucedió.

[Evangelion 3.0 OST - The Ultimate Soldier]

De una forma que ninguno de los presentes esperaba comprobar, como si se tratara de un espejismo, apareció una figura entre ambos hombres. Anneliesse sentió aquel terrible ardor de nuevo en el vientre, cada vez más pronunciado. La mano de Nero cayó sobre su hombro, tensa, apretándola por alguna razón que ella desconocía ¿Podía percibir que ella se sentía mal? Más se agrabó cuando pudo comprobar que aquella figura la miraba con ojos furiosos. Era él. Era Ren, de espaldas a Namur, bloqueando su ataque utilizando su katana y apoyándola sobre su espalda para hacer una mayor resistencia ¿Cómo lo había hecho? ¿Cómo había aparecido así? ¿Quién era... ese hombre?

-¿Osas... entrometerte?- gruñó Namur -¿¡Te entrometes, maldito mercenario!?- el Rajash obvió a Hardum para centrarse en Ren, al que atacó con furia. El mercenario se giró a toda velocidad y en lugar de defenderse, contraatacó a su vez. Las armas chocaron creando un inesperado pulso de energía casi imperceptible a la vista, pero que agitó hasta los cimientos del palacio. Namur mantenía el enfrentamiento de las armas con suma sorpresa -¿Cómo es posible? ¿Qué clase de arma es esa que portas?- Ren no respondió, pues Hardum era otro problema a su espalda.

-Has intentado asesinarme...- toda su arrogancia se fue por el sumidero. El Svartal ahora también estaba furioso -Espero que sepas lo que significa esto, Rajash- el arunnes hizo lo mismo que Namur, pero con un tatuaje que portaba en el antebrazo. La magia de la familia Svartal materializó la legendaria hacha de batalla de los Arunna, cuya hoja parecía cristalizarse y helarse en hielo con solo el pensamiento de Hardum -¡Apártate, sucio mercenario! ¡Esto es entre él y yo!- ordenó -¡Se acaba de iniciar una guerra! ¡¿ME OÍS!? ¡GUERRA!- Ren hizo caso omiso a la orden de Hardum, lo que acarreó que éste lo ignorara y atacara dando igual herir al mercenario de forma colateral. Sin embargo, Ren supo mantener al margen a ambos nobles, bloqueando sus ataques sin cesar en una rápida demostración de destreza y reflejos con el uso de la katana. Tanto era así, que por un instante Namur y Hardum se olvidaron el uno del otro y ambos intentaron colaborar desde ambos lados para quitarse del medio a Ren. Solo así, lanzando un ataque sincronizado, consiguieron herirle al cortarle Namur en el gemelo izquierdo y Hardum en el brazo derecho, obligándole a soltar la katana. Ren terminó derrotado, sintiendo una poderosa y dolorosa pulsación ardiente en el estómago, cada vez peor, cada vez más creciente. Anneliesse, en su asiento, tampoco podía soportar más ese ardor. Le costaba fingir que no lo sentía.

-Basta... Ya basta...- musitó, tratando de calmar su propio dolor -Detente...- se decía a sí misma sin querer mostrar debilidad. Reev la oyó y, malinterpretando sus palabras, se puso en pie -¡Se acabó!- ordenó, alzando una mano autoritaria. Namur y Hardum se vieron instantaneamente rodeados por soldados de los 3 territorios, finalizando así, por fin, el bochornoso combate -Por deseo de la princesa, se acabó la contienda- mientras decía eso, la banda acudía a socorrer a Ren, al que cargaron fuera de la arena de combate antes de que pudiera volver a estallar una revuelta.

-¡Esto no quedará así, Reev!- rugió Hardum -¡Habéis intentado asesinarme!-

-Tienes el valor de señalarnos cuando has pedido la mano de la princesa frente al cuerpo derrotado de mi hermano, reclamándola como premio, cuando ella estaba aquí para arreglar un matrimonio con Namur- Reev escupió asqueado -La muerte es poco para lo que mereces, Hardum Svartal. Los norteños no tenéis aprecio ninguno por los valores, las leyes o por las tradiciones...- gruñó -Has insultado gravemente a nuestra tierra y nuestra familia de diferentes maneras y esta habrá sido la última vez. La afrenta, sin embargo, ha sido mutua. De modo que como desea la princesa, aquí acaba el enfrentamiento: en un punto muerto- Hardum no tuvo más remedio que apretar la mandíbula y callar, pues solo quedaría en mal lugar si revatía ese argumento -Vete, Svartal. Regresa a tus heladas cumbres y no vuelvas jamás ni tú, ni tus hijos, ni los hijos de tus hijos. La familia Svartal queda formalmente, de ahora en adelante, desterrada de Ravahta. Os prohibo cruzar los límites de mis tierras por toda la eternidad-

-La sentencia es mutua, sucios Rajash- escupió al suelo Hardum -Pero tendréis noticias pronto, Reev. Aquí no acaba el cruce de nuestros caminos. Pronto oireis grandes cosas de Arunna y os arrepentiréis de esta enemistad- declarada la enemistad, Hardum y sus soldados se esfumaron de la escena y se prepararon para partir. Ahora solo quedaba, de nuevo, esa nerviosa y tensa calma, ese silencio incómodo mientras trataban las heridas de Namur y mientras la banda ayudaba y atendía a Ren. Anneliesse no empezaba siquiera a ser consciente de toda la responsabilidad que cargaría en sus espaldas en su regreso a Lynastis.

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