Sin necesidad de moverse de allí en aquellos precisos instantes, Ren se acercó a la chica y le tendió el arco así como las flechas. Perpleja, Anneliesse observó el arma mientras el mercenario se alejaba y colocaba uno de aquellos pétalos arrugados en el tronco de uno de los árboles más cercanos a su posición, dejándolo parcialmente clavado sobre una astilla que encontró que sobresalía de forma válida para posicionarlo -Ahí- señaló, apartándose -Dispara-

-Tienes que estar bromeando- se mofó Anneliesse -¿Pretendes en serio que le de a ese pétalo? ¿Qué parte de que nunca he disparado una flecha no has entendido?- Ren la miró con severidad.

-Si no lo haces, nunca sabrás si podrás hacerlo-

-Es una locura-

-En el peor de los casos fallarás y la flecha irá al suelo- gruñó Ren -¿Quieres dejar de hacerme perder el tiempo y probar?- Anneliesse tragó saliva, de nuevo, ante aquella mirada del hombre -Venga, te enseñaré- apremió, acercándose a ella. La chica se puso visiblemente nerviosa y dio un paso atrás de forma instintiva mientras Ren extendía el brazo para agarrarla -¿A dónde crees que vas? No voy a hacerte daño-

-Es... Solo que...- el ardor, de nuevo. Pero menos agresivo.

-Venga, extiende el arco- Ren se colocó tras ella para ver cómo lo hacía. Anneliesse no era ninguna experta ni de lejos, pero desde el balcón de sus aposentos pudo ver alguna que otra vez a los soldados practicando, de modo que los imitó según sus recuerdos y extendió el brazo con el arco y luego el otro con una flecha, intentando colocarla en la cuerda. Ren le sostuvo el brazo del arco para que no lo doblara a la hora de colocar la flecha -Así- le dirigió la mano para colocarla alineada con la cuerda con la que debía dispararla. Anneliesse no pudo encontrar el verdadero tamaño de aquel hombre hasta que la rodeó con los brazos para poder ayudarla a colocarse en posición. De querer, podría abrazarla y apretar tan fuerte que la reventaría por dentro. Así de diferentes eran sus tamaños -¿Te estás enterando?- la chica asintió, perpleja. Si antes sentía miedo, ahora más. Además, Ren tenía un olor peculiar. No apestaba, no era sudor o suciedad. Era algo que ella sentía familiar, que juraría que había olido antes... -Tensa- indicó Ren, devolviéndola a la realidad. La chica apartó su curiosidad por el aroma del mercenario y obedeció mientras el mercenario se hacía a un lado -Apunta, suelta todo el aire de tus pulmones lentamente... y suelta- Anneliesse hizo paso por paso lo que el mercenario le indicó y finalmente, soltó la flecha. La saeta voló de forma perfectamente recta y, por mucho que pareciese mentira, se clavó en el árbol. El punto de impacto quedaba lejísimos del pétalo que puso Ren en el árbol, pero sorprendentemente pudo acertar al menos al tronco. La chica abrió los ojos con enorme sorpresa, sorprendida de su puntería.

-¡Le he dado!- casi dio un salto de alegría.

-Has fallado. Si fuese un kuvlai, le habría pasado por encima sin pena ni gloria- gruñó Ren.

-¡Pero he le dado al tronco! ¡Sin experiencia!-

-Y si coges una espada también podrás darle al tronco, sin experiencia- se cruzó de brazos -Lo que importa no es acertar en el objetivo general, sino dónde aciertas. Un mal golpe y el mundo se te volverá en contra. Así que deja de comportarte como una niña pequeña y sube al caballo. Vamos a buscar un lugar donde dormir- dijo Ren dirigiéndose al caballo.

-¿A dormir? ¿No vamos a buscar el campamento?-

-Te necesito descansada para el rescate, y yo también necesito descansar. Si vamos muertos de sueño nuestros sentidos no estarán afilados. Además, te levantaré mucho antes del alba- la ayudó a montar y luego subió él tras ella.

-¿Por qué? ¿Usaremos el alba?- Anneliesse no entendía al mercenario. De pronto no parecía actuar con mucha coherencia.

-Vas a intentar disparar de nuevo. Tienes que descansar- el caballo se puso en marcha sin dar tiempo a Anneliesse para responder, alejándose varios, muchos metros de allí. Ren buscó un lugar en mitad del bosque que no estuviese en mitad de la trayectoria que pudieran seguir los kuvlai para regresar al refugio y pudieran pillaros desprevenidos. De esa manera, pudieron descansar medianamente tranquilos sin encender ninguna clase de fuego, confiando en que el caballo los avisaría de algún peligro. Ren, de todas formas, apenas pegó ojo, pendiente de que la chica no escapara, con los sentidos alerta. Sin embargo, fue imposible para él no dormirse en algún que otro momento.


Finalmente, llegó el momento. Cuando el mercenario consideró que la chica había dormido lo suficiente y el cielo empezaba a tomar una tonalidad púrpura que anunciaba que no en demasiado tiempo comenzaría a despuntar el alba, la despertó -Venga, arriba-

-¿Ahora...?- gruñó Anneliesse, con el cuerpo pesado y adolorido por dormir en el suelo. No había alcanzado el sueño profundo hasta hacía relativamente poco -Creo que va a ser contraproducente...-

-Levanta, he dicho- ordenó el mercenario. La chica se puso en pie de mal humor -El arco. Apunta como antes y dispara- Ren se acercó a un árbol y dibujó una X con su katana de forma rápida y eficaz -Las quiero en el centro. Tres flechas en el centro y habrás pasado la prueba-

-Sigo diciendo que estás vertiendo unas extrañas espectativas en mí, Ren- gruñó Anneliesse -¿Quién te crees que soy?-

-Alguien que le ha dado al tronco en su primer disparo ¿No?- ante aquella afirmación, la princesa no pudo evitar esbozar una media sonrisa.

-Así que sí ha sido algo sorprendente-

-Borra esa expresión de tu cara. Apunta y dispara. Se nos viene el tiempo encima- con el pecho lleno de un ardiente orgullo, Anneliesse se armó con el arco de nuevo para comenzar a disparar.

Por alguna razón que escapaba a su comprensión, ahora, de pronto, no acertaba ni una sola flecha. A cada nuevo disparo era una nueva chispa de irritación que se encendía en su interior. Lo empeoraba el hecho de que Ren comenzaba a bufar y suspirar cada vez que fallaba. Si de alguna manera había parecido que el mercenario había visto en ella cierto potencial, parecía que lo había perdido ¿Realmente había sido suerte? ¿Había sido pura casualidad que a la primera hubiese acertado en el árbol? ¿De verdad era una... inútil? -¡Maldición!- bramó la chica al fallar de nuevo otra flecha.

[Attack on Titan - Bird in a Cage]

-¿Qué te pasa?- quiso saber Ren, entregándole las flechas que había recogido para ella.

-¿No lo ves? No paro de fallar-

-¿Y cuál es el problema?-

-¡Que ha sido casualidad!- pateó el suelo, haciendo volar algunas piedrecillas -Creo que será mejor que nos vayamos de una vez. Tú podrás apañártelas. Yo no puedo ayudarte en esta empresa- Ren la miró de forma larga, reflexivo.

-¿El qué ha sido casualidad, exactamente? ¿Acertar al árbol, tu forma de sostener el arco, la forma de respirar, o que en aquel momento, precisamente, supiste mantener la calma?- la chica le miró con sorpresa. El ardor pareció convertirse en un leve cosquilleo -Identifica tu error-

-No lo sé. Quizá es fácil identificar tus propios fallos cuando usas una magia extraña como la tuya o como la de Nero ¿Pero disparar una flecha? No hago más que repetir los pasos de antes y no lo consigo-

-Magia- bufó Ren -¿Crees que fue arte de magia que antes de dormir consiguieras acertar?-

-Yo no he dicho eso. Pero ojalá lo fuera. Sería menos... frustrante- volvió a patear el suelo. Ren le agarró la barbilla con fuerza, como si sus manos fueran unas tenazas. Le redirigió la mirada directamente a los ojos, de manera que ambos se miraran. La forma en la que el hombre clavaba los ojos en ella la hacía sentir, de nuevo, tremendamente pequeña e indefensa.

-Te falla el orgullo. Eres una princesa, joven y mimada. Has estado encerrada sin el menor daño, sin conocer los peligros del mundo, sin tener que enfrentarte a nada- narró él -Y eso te ha hecho sentir una completa y total inútil- Anneliesse frunció los labios y agitó la cabeza, intentando soltarse de su agarre. No lo consiguió.

-¿Qué sabrás tú de mí? Ni tú ni nadie sabéis nada. Nada- los ojos se le aguaron un poco ¿Por qué?

-Sí. No sé nada. Tampoco me interesa lo más mínimo. Pero te necesito ahora mismo para salvar a mis compañeros, así que espabila-

-¿Que espabile...?-

-Lo que está fallando en ti es que acertar la primera vez te ha hecho ver que quizá tengas un lugar en el mundo ¿A que sí?- Anneliesse se sorprendió -Sí...- Ren entornó la mirada, analizándola -Conozco esa mirada, conozco ese rostro que se te encendió antes como una estrella titilando en la noche más oscura. Esa sensación de que puedes ser buena en algo, que puedes servir para algo más que para estar encerrada o al servicio de los demás. Quizá que podrías ser una buena guerrera o, al menos, que te puedes defender de los peligros por tu cuenta y no necesitas que nadie te proteja- la chica apretó la mandíbula. Ren lo notaba en la mano -Pobre pajarillo enjaulado, creyéndose un halcón-

-Cállate-

-Creyendo volar alto hacia el sol para encontrarse contra un cielo de cristal-

-¡Cállate!- agitó la cara para soltarse.

-¡Demuéstralo!- Ren la soltó empujándola hacia atrás. La chica cayó de lleno sobre sus posaderas en la hierba -Ponte en pie y dispara otra vez. Olvídate de quién eres, olvídate de qué pretendes conseguir. Tú solo eres una niñata con un arco y una flecha y tienes que disparar a ese árbol. No existen reinos, ni tu padre, ni tu maldito Aegis. Solo eres una persona más que tiene la posibilidad de ayudar a otras con esas flechas. Y para hacerlo tienes que acertar. Solo acertar. Deja de intentar disparar una flecha y dispárala. Sin pretensiones, sin creerte que lo conseguirás por arte de magia o porque es tu destino. Solo así podrás conseguir ser verdaderamente válida para algo. Solo así serás verdaderamente libre- Anneliesse se puso en pie mientras Ren se apartaba para apoyarse en un árbol junto a ella, cruzándose de brazos. Ninguno se percató en ese instante de que soltaron aire pesadamente a la vez, como si entraran en perfecta sincronía. El ardor en sendos estómagos desapareció por completo. Anneliesse pudo sentir entonces la brisa fresca del amanecer a su alrededor, el ligero destello de un rayo de sol despuntando al alba a lo lejos, entre árboles y lejanas montañas. Colocó la flecha con decisión sobre la cuerda y apuntó. Tomó aire y lo soltó con suma suavidad, mientras Ren hacía lo mismo a su lado. La chica podía notar la madera del arco crujir cuando la cuerda alcanzó la máxima tensión. El brazo empezaba a calentarse de mantener la fuerza fija en los músculos. "Dispara", oyó en su cabeza. La voz del mercenario repitiéndole esas palabras que le había dicho hacía un instante. "Deja de intentar disparar y dispárala. Olvídate de quién eres, olvídate de qué pretendes conseguir". Anneliesse soltó la cuerda y la flecha voló con un silbido amenazador, terrorífico. La punta se clavó profundamente en el tronco del árbol que Ren había marcado, justo en el centro de la X. El mercenario abrió los ojos con sorpresa mientras que la princesa simplemente tomó otra flecha, tensó la cuerda y disparó sin pensar y sin decir ni una sola palabra.

"No existen reinos, ni tu padre, ni tu maldito Aegis"

La flecha volvió a clavarse en el centro, junto a la primera. Anneliesse repitió los pasos como un autómata sin razón ni emociones.

"Sin pretensiones, sin creerte que lo conseguirás por arte de magia o porque es tu destino. Solo así podrás ser verdadermaente válida para algo".

Otra flecha en el centro, otra flecha preparada para disparar. La última.

"Solo así serás verdaderamente libre"

Y la última se clavó sobre la primera, partiéndola por la mitad. Entonces, la princesa volvió en sí, saliendo de ese trance que la reconcomía por dentro y que le aceleraba el corazón. No pudo evitar echarse a reír al ver lo que había logrado ¡Era imposible, una locura! Miró a Ren esperando verle una cara de estupefacción que la llenara de orgullo y gozo, pero lo que encontró fue diferente. Ren estaba suspirando visiblemente aliviado con los ojos cerrados. Cuando los abrió y la miró, Anneliesse encontró una extraña sensación de comprensión y calidez, así como una sonrisa ¿Ren podía... sonreir? La chica frunció el ceño, extrañada, congelada. Toda su alegría se esfumó de golpe para llenarse de dudas ¿Qué le pasaba a ese hombre? ¿Qué pretendía? ¿Qué había en el interior de su cabeza? Era ilegible, incomprensible.

-

-Coge las flechas. Nos vamos- fue la única conclusión de Ren antes de ayudarla de nuevo a montar a caballo y seguidamente hacerlo él -Hacia el norte- suspiró, rezando a los dioses en sus adentros porque los demás aún estuvieran bien.

Cabalgaron durante mucho rato mientras el sol se alzaba en el horizonte, tiñendo con su luz los campos de flores, que empezaban a contener aquellas flores que los kuvlai llevaban en las botas -Son estas- observó Anneliesse -Vamos por buen camino-

-Pues adelante- Ren azuzó al caballo y éste relinchó, apresurando la marcha. No fue hasta otro rato largo de camino que, finalmente, divisaron una columna de humo -Deben ser ellos. Prosigamos a pie- dicho y hecho, bajaron del caballo y Ren ató las riendas a un árbol aún lejano donde no pudieran verlo -Perfil bajo, mujer. Agacha la cabeza, avanza en cuclillas- indicó Ren haciendo lo propio. Para Anneliesse fue todo un calvario caminar de esa manera. Las piernas y la espalda se le cargaban enormemente y apenas podía avanzar a trompicones. Más de una vez se tuvo que arrastrar, desgastándose y ensuciándose más el traje, para poder proseguir el camino detrás del mercenario. Ella definitivamente no estaba hecha para ser una guerrera, no aún.

Tras una elevada colina redondeada, tan verde como podía ser la hierba, se alzaba el asentamiento de los kuvlai. Estaban en una zona en la que habían talado cualquier árbol que hubiese cerca y la tierra se veía renegrida y seca, por haber quemado los pastos. No querían tener ninguna clase de flora a su alrededor que pudiera dificultar la visibilidad dentro del campamento. Claramente era unas gentes precavidas, pero no lo suficiente -¿Los ves?- preguntó Ren.

-Están allí- señaló Annelisse con la mano. Había unas jaulas confeccionadas con hueso y madera. Estaban todos allí metidos, segregados por sexo -Siempre hacen el mismo tipo de jaula. Son resistentes y ruidosas si intentas romperlas o forzarlas para salir-

-Malditos sean...- Ren se quedó pensativo, tratando de planear.

-Tenemos suerte de que sigan con vida. Es algo que debes saber. Creo que hemos tardado demasiado en llegar-

-Necesitaba ponerte a prueba. No me servía de nada darte un arco y una flecha si no vas a serme de utilidad- bufó.

-¿Qué te hace pensar que no aprovecharé ahora que sé disparar para atacarte por la espalda?- quiso saber Anneliesse, curiosa. Ren la miró. De nuevo aquellos ojos fríos y cortantes como su espada.

-Eres buena disparando a árboles anchos e inmóviles, pero yo estaré en movimiento. Si alguna flecha pasa cerca de mí, más te vale correr mucho, aunque igualmente te encontraré. Y te entregaré de vuelta a tu padre por pedazos, dedo a dedo, brazo a brazo- Anneliesse tragó saliva.

-Tan solo era curiosidad-

-Un exceso de curiosidad es peligroso. Céntrate- gruñó el mercenario.

-¿Qué haremos entonces?-

-Aquí arriba tienes buena visibilidad. Podemos ver todo el campamento. Te vas a quedar aquí y vas a indicarme por dónde proceder. Yo voy a infiltrarme y los sacaré de ahí sin que me vean-

-Es imposible. No puedo indicarte nada sin gritar. Nos descubrirán- Ren la miró.

-Dejaré aquí una proyección, como cuando vimos a tu padre y al Aegis. Podré escucharte a través de ella, aunque susurres- la princesa asintió, sorprendida. Era un hombre lleno de recursos. No le extrañaba que la banda Nihilia fuese tan difícil de atrapar -Mira ¿Ves esos jarrones?- señaló Ren. Anneliesse se fijó que había unos jarrones de color tierra arremolinados en diversos puntos del campamento -Apostaría que es aceite. Seguramente así consiguen crear esos cercos de tierra quemada-

-Eso yo no lo sabía- observó la princesa.

-No todo se aprende en los libros. Aquellos, en concreto, están al lado de una antorcha- señaló -Dispara a esos en cuanto esté cerca de las jaulas- Anneliesse asintió -Con suerte, se romperán y salpicara a las llamas. Provocará un incendio que nos servirá de distracción- ambos se miraron. Estaban demasiado cerca el uno del otro y aún así, seguían sin notar esa sensación de ardor ¿Por qué? -Me marcho ya- la princesa volvió a asentir. Ren cerró los ojos un instante y compuso una expresión de molestia. Como un espejismo, una copia suya quedó al lado de Anneliesse mientras que el real se deslizaba colina abajo entre el mar de hierba.

[Attack on Titan - counter.attack-mankind]

 -Ve con cuidado- dijo Anneliesse, probando la proyección. La proyección de Ren le habló inmóvil, agazapado a su lado. Más que hablar, soltó una carcajada molesta.

-Ese es tu trabajo, cuidar de mí. Procura no meter la pata o ya sabes qué será de ti- amenazó con mala gana.

-Qué pesado... Menudo idiota- musitó ella, preparando una flecha.

-Puedo oirte, niñata de los cojones- Anneliesse tragó saliva. Se le pasó por alto, perdida en su desagrado. Prefirió mantener silencio a partir de ahí mientras observaba con detenimiento los movimientos de Ren, que avanzaba con un sigilo magistral ocultándose tras cajas, montones de telas, armarios de armas y tiendas de campaña -A la izquierda, espera- la chica dio la orden y Ren se detuvo ipso facto. Dos kuvlai pasaron de largo hablando de algo en su idioma.

-Bien- observó Ren -¿Alguno más?-

-Avanza- indicó la chica, preparando aún más el arco dado que Ren se acercaba a las jaulas -Espera, derecha- debido a que estaba en mitad de una encrucijada, Ren optó por tumbarse bajo un carro lleno de ciervos muertos, presumiblemente para despues quitarles la piel -Ya han pasado-

-Avanzo- indicó Ren, saliendo de debajo del carro. Tanto él como la proyección, de pronto, estaban cubiertos de sangre que goteaba del carro -Ya casi estoy-

-¡Se acerca uno a tu espalda, te va a ver!- avisó Anneliesse ¡Mierda! Casi se le pasó por alto, pendiente del propio Ren.

-Maldición-

-¡Escóndete!-

-No tengo tiempo- el mercenario se ocultó un instante tras un montón de espadas y escudos rudimentarios y desenvainó la katana. Cuando el kuvlai fue a pasar, lo agarró de pronto y clavó su katana velozmente en el cuello del hombre para silenciarlo. Aquella escena quedó representada en la proyección, desagradando enormemente a la chica.

-Dioses...- sintió que el estómago le daba vueltas. Casi creía poder oler la sangre, aunque fuera una proyección. Ren parecía enormemente cansado -¿Estás... bien?-

-Sí, concéntrate- mentía, estaba claro. Esas proyecciones parecían cansar enormemente, así como esos extraños saltos en el espacio que hacía de vez en cuando para recorrer grandes distancias. Realmente estaba jugándosela por sus compañeros.

-¡Ren!- la voz de Kassad se oyó desde la proyección.

-He venido a salvaros- comentó, inspeccionando la cerradura. Más que cerradura, era una tira de cuero que mantenía la puerta cerrada. Sería fácil de cortar.

-¿Y la princesa?- comentó dolorido Gustav, que aún seguía tirado en un lado, sin poder ponerse en pie.

-En la colina, nos está cubriendo-

-¿La polluela nos cubre? Estamos perdidos- se mofó echándose a toser.

-He dejado una proyección. Te está escuchando- aclaró Ren mientras cortaba la tira de cuero con la katana.

-Ann, eres la mejor- se corrigió Gustav -Te nombro jefa del equipo. Manda a Ren a tomar por culo si quieres-

-Ahora, por gracioso, te voy a dejar aquí- gruñó Ren, abriendo la puerta. Tal como Anneliesse le avisó, crujió enormemente -¡Dispara!- ordenó Ren de pronto, al generar semejante escándalo. Se oyeron voces de kuvlai alertados por el reconocible sonido de la jaula. Annelisse preparó la flecha y volvió a mentalizarse. No podía fallar ¡No debía fallar! La princesa soltó el aire acumulado y dejó volar la saeta, que con aquel silbido terrible, impactó de lleno en el jarrón, destrozándolo y prendiendo llamas al instante, como Ren imaginó. El incendio no tardó en extenderse debido a que era aceite desparramado por doquier. Los kuvlai montaron en pánico -¡Vamos, vamos!- dijo Ren, cortando el cuero de la jaula de las chicas.

-¡Aprovechad, están desorganizados!- avisó Anneliesse -¡Puede que ni siquiera os vean, corred!- Ren cargó con Gustav mientras que los demás huían por su propio pie. La princesa se puso en pie en la colina comprobando con alivio cómo escapaban sin llamar la atención y sin mayores peligros que rodear las llamas y poner pies en polvorosa. En breve, llegarían hasta su posición. Ella misma se cuestionaba por qué se sentía aliviada, si eran sus captores ¿Era por empatía? ¿Por que quizá podía ver que no eran unos malnacidos a excepción de Ren? ¿O era por sus propias capacidades para ayudar y hacer algo por sí misma? ¿Qué diría Nero cuando se lo contara...? Le dolió darse cuenta de que, tras el viaje a Ravahta, no podía asegurar que se alegraría de semejante avance. Pero eso poco importaba en ese instante. Sólo podía sonreir mientras el fuego se extendía por el campamento y su cabello desastroso volaba suavemente en la brisa, como si fuera parte del humo que se alzaba entre gritos de kuvlai. Eso lo había hecho ella. No era ninguna incapaz. Podía cuidar de sí misma. No necesitaría jamás que nadie la mantuviera encerrada para protegerla.

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