-En lo que a nosotros respecta, podemos pasar a palacio y huir de este inclemente sol- a la marcha de la princesa, prosiguió la siempre genuina y encantadora sonrisa de Reev. Nero asintió devolviéndole la misma amabilidad.

-Creedme si os digo que es una oferta más tentadora que la más hermosa de las mujeres- a aquella respuesta, Reev contestó con una sonora carcajada y una palmada en el brazo del Aegis.

-¡Buena respuesta, sin duda! Pasemos, pues- Nero sabía por dónde tirar para camelarse a Reev. Era un hombre bueno, pero sencillo. Demasiado sencillo -Yaali ¿Te ocupas de las tropas?- preguntó a su hermana. La chica, apenas una adolescente, miró a todos los hombres con cierta aprensión. Todos le doblaban la estatura y el tamaño general y ninguno parecía tener al menos su edad. Se sintió pequeña y asustada ante la marabunta, pero tampoco podía hacer otra cosa.

-Claro, hermano- asintió ella llevándose las manos unidas por las palmas hasta la altura de la frente, en señal de respeto. En su mano tintinearon una miriada de moneditas doradas y brillantes que llevaba de adorno como si fueran guantes de oro.

-Buena chica. Ven a buscarme luego al salón principal- dicho lo cual, Reev se llevó a Nero y dejó a la mujercita sola con la soldadesca.

-Si sois todos tan amables, por favor, seguidme- la chica repitió el mismo gesto pero mucho más ligero y tembloroso antes de echar a andar. Hubo comentarios en baja voz entre algunos de los soldados, sobre todo por la forma de andar de la chica. El atuendo que llevaba, los llamados Sari, dejaban a la vista su vientre, caderas y parte baja de la espalda. Apenas estaba dejando de ser una niña, pero ya se pudieron oír cosas escandalosas mientras todos la seguían a cierta distancia.

-Los hombres dais asco- comentó Iona mientras Aiko asentía, caminando detrás de la mujer, un tanto nerviosa -¿Estás oyendo las barbaridades que están fantaseando con esa chiquilla?-

-Dijo la mujer de los dos amantes...- sonrió malintencionado Gustav -¿Cuántos años tenían aquellos mozos? Creo que el tal August apenas acababa de cumplir los... ¿18, era?-

-18 y 20 años- confirmó Iona con cierto tono orgulloso -Eran, en general, adultos. Y empezaron ellos ¿O tengo que recordarte que apenas nos dejaron cenar tranquilos a todo el grupo aquella noche con tanto intento torpe de conquista?-

-Pobres- se echó a reir Gustav -Recuerdo que a la mañana siguiente les costaba andar-

-Los hice papilla- se carcajeó Iona enchida de orgullo. Aiko, a su espalda, bajó la cabeza con una sonrisilla tímida.

-Eh, Kassad- llamó Gustav -Estás muy callado ¿Qué te pasa?-

-¿Tengo que recordaros que soy descendiente de Ravahta?- comentó el hombre con cierta incomodidad. Seguía al grupo solo por delante de Ren, que siempre iba el último a todas partes. Miraba en todas direcciones, inspeccionando cada rincón a medida que se acercaban más y más al palacio. Todo guardia que veía le parecía una amenaza. Temía que le preguntaran por qué estaba con un grupo de mercenarios. Ravahta era uno de los lugares donde la disidencia y el ostracismo no estaba bien visto, precisamente. Era algo que compartía mucho con la lejana Baekshi.

-Los fugitivos eran tus padres, no tú- suspiró Iona -Relájate o parecerás sospechoso-

-Los pecados del padre perseguirán a sus hijos, y a los hijos de sus hijos- recitó Kassad. Era uno de los versos de la ley ravahta.

Yaali finalmente condujo al grupo hasta un patio trasero que rodeaba parcialmente el gigantesco palacio: se trataba de una especie de arena de entrenamiento rectangular rodeada por unos pasillos de arcos rojizos mezclados con ladrillos de un tono beige como la arena fina del desierto. Sin duda se trataba de un lugar de ejercicios y prácticas al aire libre, pero habían tendido unas lonas blancas impolutas entre los pasillos de arcos de forma que los protegían de la luz del sol pese a lo finas que parecían aquellas lonas. La lógica arquitectónica de aquel lugar era extrañamente maravillosa, pues pese a estar rodeada de largos pasillos, tampoco parecía correr una corriente de aire llamativa, por lo que tampoco parecía que fueran a pasar frío de noche -Este es el lugar. Aquí podréis descansar y hacer cuanto gusteis- anunció sonriente la princesa ravahta -Espero que os podáis acomodar y estar a gusto-

-¿Y si pasamos frío cómo entramos en calor?- preguntó uno de los soldados más jóvenes-

-Siempre podéis encender unas hogueras, si os place. Si lo comunicáis a los sirvientes, os proporcionarán lo que necesitéis- asintió ella.

-¿Y qué hay del calor humano?- preguntó otro, compinchado con el primero. Ambos jóvenes y vulgares, se estaban claramente riendo de la jovencísima princesa.

-Calor humano...- se sonrojó la chica.

-Esto no me gusta- se lamentó Iona. Aiko miró a la mujer y luego a los soldados. Dio un rápido paso al frente que fue, afortunadamente, detenido por la mercenaria -¿A dónde te crees que vas, fierecilla?- Aiko la miró sin comprender. Hizo gestos con las manos que indicaban que iba a partirles el cuello a esos dos ingratos -¿Crees que romper lo que no me gusta es la solución a mis problemas?- Aiko asintió sonriente y de forma insistente, como una extrañamente inocente psicópata -Eres maravillosa. Te adoro- sonrió Iona también -Pero no, cariño. Hoy no es esa la solución-

-¿Y bien?- se oía decir a los soldados. Debido a que la princesita parecía venirse abajo, más se sumaron a la solicitud -¿Tenéis chicas?-

-¿O chicos?- preguntó otro.

-¿No tienes bastante con nosotros, Rami?- bromeó uno de los soldados al que preguntó por los chicos, dándole una azotaina en el trasero.

-No tiene gracia. Vosotros no vais a darme "calor"-

-Esto... Yo...- Yaali se estaba viendo enormemente superada por la situación. No estaba en absoluto acostumbrada a verse en compañía de hombres desconocidos y, menos aún, de algunos tan hormonalmente revueltos.

-Eh, princesa- se atrevió a llamar finalmente uno de ellos. Se hizo el silencio de golpe. No presagiaba nada bueno -¿Tú estás disponible? Para darnos compañía, digo- y con ese comentario, estallaron las carcajadas. Eran como una pequeña panda de monos descontrolados que no tenían ni la menor idea de dónde se estaban metiendo. Ver a Yaali como una jovencita sin maldad les hizo olvidar que era una princesa, hermana de Reev y Namur Rajash, nada menos. Igualmente, la chica parecía carecer de total y completa autoridad, de modo que solo pudo retroceder y mirar a todas partes para encontrar una respuesta a qué hacer o qué decir.

-Bueno, creo que es suficiente- dijo finalmente Kassad, saliendo a palestra. Los soldados dejaron de reirse y miraron al mercenario, que se acercaba a la princesa -Podéis dejar de comportaros como mandriles sin cerebro alguno y mostrar algo de respeto. Os jugáis la vida aquí-

-¿Ah, sí? ¿Por qué? ¿Por ti, rata de alcantarilla?- dijo el más valiente y, por tanto, el más estúpido de los soldados -No te equivoques, mamarracho. Ni tú ni los tuyos sois nadie aquí. Estáis en esta compañía porque así lo quiere el rey, pero ya ha quedado bastante patente la inutilidad que aportáis al viaje- más de uno miró a un apático Ren que observaba de brazos cruzados -Más nos valdría que os marcharais de aquí. Ni siquiera deberíais compartir campamento con nosotros. De hecho, sí. Princesa, os pedimos formalmente que mandéis a esta chusma a dormir a cualquier hostal fuera de palacio. Son simples mercenarios-

-Los simples mercenarios mostramos más respeto que la guardia real de Lynastis. La Ciudad de los Lagos sin duda tiene besugos de sobra y los ha mandado a nadar en tierra seca a ver si maduran ¿eh?- en la banda de mercenarios se oyeron risas por ese comentario.

-¿Me estás provocando? ¿Buscas pelea, escoria? Mírate. Piénsatelo bien- advirtió el soldado.

-Pensaoslo vosotros- agregó Gustav con una amplia mueca de diversión -Sí, te lo digo a ti, rubito de pelo rapado- señalaba al bravucón que empezó todo eso -¿De verdad queréis pelear contra nosotros aquí y ahora?-

-Nosotros no vamos a perder un puesto de prestigio en la Guardia Real. Nos iremos tal y como llegamos. Pero por favor, que no os detenga ese pensamiento. Estoy deseando comerme a un puñado de recién nacidos como vosotros- hubo un momento de tenso silencio hasta que finalmente, apareció la clave que había estado ausente un momento.

-¿Qué pasa aquí?- el capitán Raven bastó para disipar los ánimos de los jóvenes y estúpidos soldados -¿Qué demonios hacéis tan cerca de la princesa?-

-¿Y tú donde estabas?- se atrevió a preguntar Kassad. Era la primera vez que interactuaban.

-Hablando con el capitán de la Guardia de Ravahta. Coordinandonos. Me explicaba dónde podría encontrar la armería y la forma más rápida de entrar en contacto con ellos, de se rnecesario. ¿Quieres saber algo más, mercenario?- Raven contestó con cordialidad pero no exento de rechazo.

-Tal vez deberías vigilar más a tus cachorros- se cruzó de brazos Gustav -Cuando son jóvenes entran en celo fácilmente-

-Y cuando no son tan jóvenes también- apuntó Iona.

-Ahí le has dado-

-¿Algo que reportar, Zach?- preguntó el capitán al rubio de pelo rapado.

-No, señor. Solo preguntabamos a la princesa dónde...-

-Dónde están los baños- asintió Yaali, librándolos de un gran problema. Se ganó una sonrisa de Kassad y una mirada de reconocimiento. La honraba no hacerlos ejecutar por esa afrenta.

-Esta chica es tonta- bufó Iona.

-Es joven- murmuró Gustav.

-Y por tanto, doblemente tonta- concluyó Iona apartándose para empezar a establecer su lado de acampada. El show había terminado.

Finalizado el pequeño altercado, los soldados se dispersaron y se repartieron en su lado del campamento en el patio gracias a la llegada del capitán, que comenzó a darles órdenes y a organizarles. Kassad iba a regresar con el grupo, pero Yaali tuvo la valentía de agarrarle del brazo para que no se marchara tan rápido. Kassad se giró prácticamente asustado al sentir el contacto con la chica. Creía que se le había enganchado algo, pero se encontró con una mirada tierna y agradecida. Un rostro prístino, dulce y despampanante. Todo un sol -Estoy enormemente agradecida por vuestra ayuda- dijo en baja voz, sin dejar de reir tontamente como la niña que prácticamente aún era -Me habéis salvado de... un aprieto- se encogió de hombros. Kassad se llevó la mano a la nuca y se la masajeó, nervioso.

-Sí, bueno. Es lo menos que puedo hacer- dijo con estupidez, sin encontrar palabras -Y por favor, yo soy un don nadie. Tratadme de tú- inclinó la cabeza con respeto.

-Merecéis más respeto que el más loable de los soldados ¿Puedo saber vuestro nombre?-

-Me... llamo Kassad-

-¿Y vuestro apellido, Kassad?-

-Ramar. Kassad Ramar- dijo con cierto tono de temor.

-Ramar- asintió ella -Sois de origen ravaht ¿Me equivoco?- Kassad asintió con la cabeza. Como temía, sus rasgos le delataban mucho y más aún su nombre. En ese preciso instante cayó en la cuenta... ¿Por qué demonios no dijo un nombre falso? Estúpido y doblemente estúpido -¿Podéis arrodillaros? Sois un poco alto para mí- Kassad obedeció y observó cómo Yaali volvía a unir sus manos ante la frente en señal de respeto. El mercenario, arrodillado, hizo lo mismo. Lo que no se esperó es que tras bajar las manos y volver a mirar a la princesa, esta separó una de sus manos de su frente para posar con suma dulzura su dedo corazón en la frente del mercenario y luego se tocó con suavidad la suya propia para finalmente unir sus manos de nuevo. Luego, sin decir palabra alguna, se marchó corriendo terriblemente avergonzada.

Kassad regresó con el grupo que ya habían extendido los mantos en los que dormían en disposición circular por si necesitaban pedir algo de fuego para la caida de la noche. Estos lo miraron al llegar, pues estaba pálido como un fantasma y su mirada perdida en la inmensidad.

-¿Se puede saber qué te pasa?- preguntó Ren, malhumorado. No le bastaba con soportar a la niñata de los Carsters sino que ahora se sumaba toda la familia real Rajash y su esplendoroso palacio.

-Venga, Ren. No lo pagues con él- intervino Gustav -Eh, Kassy ¿Qué te pasa?-

-No tienes buena cara- lo estudió Iona -No me dirás que te ha amenazado por acercarte a ella o algo ¿No? Intentaste ayudarla- Kassad los miró a todos con los labios fruncidos. Estaba aterrorizado.

-Estoy en un lío. En un enorme y tremendo lío-

-¿De qué clase?- entornó la mirada Ren.

-Del que hará que si alguien ha visto lo que ha pasado ahora mismo, no me iré de Ravahta con la cabeza sobre los hombros. He sido condenado a muerte-

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