La llegada de ese individuo no pudo sino causar aún más malestar en el ambiente del que se estaba formando de manera natural en la cena. El rey Ras-Fari no pudo evitar ponerse a toser debido a los nervios al ver al heredero Svartal aparecer en la puerta como si se tratara de una suerte de héroe que nadie esperaba -¿¡Pero qué significa esto!?- el anciano se puso en pie con cuidado, aferrándose con cuidado a la mesa.
-Padre, no te esfuerces de esa forma- pidió Reev, que también estaba visiblemente furioso -Pero sí, Hardum ¿Qué haces aquí? ¿Qué clase libertad te has tomado para aparecer aquí de estas formas?- preguntaba consternado mientras ayudaba a su padre, apoyándolo en sí. Yaali estaba tan sorprendida como parecía estarlo Nero. Anneliesse estaba más confusa que sorprendida, desde luego.
-¿Interrumpo?- sonrió de forma brillante el rubio. Era difícil adivinar si su sonrisa era de puro placer al ver el pequeño revuelo que había montado su presencia o si simplemente era así de arrogante.
-Claro que interrumpes- Namur se puso en pie de forma violenta. Poco faltó para que la silla cayera al suelo. Después, el moreno se acercó a toda velocidad hacia el tal Hardum, que no parecía mínimamente amedrentado por el tamaño de Namur. Lo cierto era que no hacía falta estudiar mucho la figura del rubio para percibir que era tanto o más poderoso físicamente que el propio Namur, y eso eran palabras mayores.
-¡Namur!- llamó Reev con autoridad, haciendo que su hermano se detuviera al instante -¿Qué crees que haces?-
-Eso, Namur ¿Qué ibas a hacer?- provocó Hardum.
-¡Se ha colado en nuestro hogar!- exclamó el moreno señalándolo -Por cosas menores ha habido guerras entre familias, Svartal- advirtió.
-Yo solo he venido de visita- alzó las manos en señal de paz -Pero parece que he llegado un momento un poco...- miró a Anneliesse -íntimo-
-Quítale la vista de encima, Svartal-
-¿Es tu prometida?- preguntó con fingido interés -Pero... Un momento... ¿¡No es la princesa Anneliesse?!- fingió sorprenderse. Nero decidió ponerse en pie en ese mismo momento.
-Dadas las circunstancias, creo que sería mejor terminar con este encuentro por hoy. Si Hardum Svartal ha venido desde Arunna, se ha recorrido medio continente solo para llegar. Tendrá ganas de descansar-
-Oh, en absoluto- rio el rubio -De hecho, pasaría a cenar con vosotros- fue a dar un paso al frente pero el anciano y líder de los Rajash, que aún seguía con un triste ataque de tos, alzó una mano con suma autoridad.
-¡Ni hablar!- trató de vociferar, pero eso solo lo hizo toser más aún.
-La cena ha terminado- sentenció Reev -Voy a llevar a padre a sus aposentos- le dijo a Yaali -Ya hablaremos de todo esto. De todo- le recordó -Y tú, Namur, acompaña a Hardum hasta la sala de recepción. Allí podremos hablar de esta inesperada visita. Nero y Anneliesse. Vosotros podéis hacer lo que queráis-
-Si puedo opinar, me gustaría que la princesa nos acompañara. No he tenido ocasión de verla en muchos, muchos, muchos años- cruzó las manos tras la espalda.
-Supongo que una breve presentación no hará ningún mal- observó Nero. Anneliesse le disparó una mirada molesta ¿Otra vez iba a decidir por ella?
-¡Estupendo!- declaró Hardum antes de que ella pudiera negarse -Vamos, pues- extendió el brazo hacia la puerta, esperando que Namur obedeciera y lo guiara hasta esa sala de recepción. La tensión se podía cortar con un cuchillo.
El lugar al que se dirigieron era una de las salas más hermosas de todo el palacio Rajash. Se trataba de una estancia casi tan grande como una vivienda normal de cualquier ciudadano de Ravahta. El suelo estaba exquisitamente decorado con un sin fin de motivos de la cultura ravahta, como si fuesen mandalas de cristal plasmados en el suelo, compuesto por un material blanco y similar al marfil y cuyos dibujos en el mismo estaban hechos, al parecer, con oro. Las paredes, por igual, tenían un color dorado solo roto por pilares que reforzaban sus muros del mismo tono marfil que el suelo. Del techo colgaba una enorme lámpara que, con una sola luz, reflejaba una gran luminisodad en toda la sala debido a la miriada de pequeños cristales que rodeaban la fuente lumínica, reflejándola por todo el lugar. Finalmente, el recorrido visual terminaba en un círculo de cojines que había en el centro de la sala, donde los invitados al palacio se sentaban para ser recibidos -Tomad asiento- pidió Namur visiblemente disgustado.
-Menuda ostentación- observó Hardum, mesándose la barba -Supongo que no todos tenemos el mismo sentido a la hora de tratar nuestra hospitalidad-
-¿De qué hablas?- gruñó Namur.
-¿Que de qué hablo? Mira esta sala- abrió los brazos.
-Yo creo que es un lugar hermoso- comentó Nero. Anneliesse se reservó su opinión.
-Yo discrepo. Es una forma un tanto agresiva de restregarles a los invitados las capacidades de los Rajash en lo económico y en la mano de obra- no pasaba por alto para la princesa y para el Aegis que Hardum Svartal era la provocación personificada. No podía abrir la boca o moverse sin buscar poner de los nervios a Namur.
-Escucha, tú...- Namur fue a acercarse a Hardum de nuevo cuando Reev llegó a la sala. Yaali no le acompañaba. No era difícil para Anneliesse adivinar que la habrían "castigado" por ser tan respondona en la cena.
-¿Qué pasa ahora?- quiso saber el heredero Rajash, tomando asiento en uno de los cojines. Tenía el rostro endurecido y la mirada oscura. Estaba más que claro que no estaba tampoco de buen humor.
-Este imbécil no deja de provocarme- señaló Namur.
-Bueno, bueno, bueno- se echó a reir Hardum -Pasamos a los insultos. No es una buena forma de tratar a los invitados-
-¡Nadie te ha invitado!- rugió como un león. Hardum no hizo más que reir.
-Basta de tonterías. Pongámonos serios- declaró Reev -Señor Svartal ¿Qué haces aquí, en Ravahta, a estas horas de la noche? Y más concretamente, en mi palacio.
-Es una historia sencilla. He venido para estrechar lazos. Hacía muchos años que entre Arunna y Ravahta no había un pequeño encuentro para estrechar lazos. Y, la verdad, viendo el carácter que se gasta por aquí, no me sorprende demasiado-
-¿Habla de carácter el aguerrido pueblo del norte?- observó Nero -Mis disculpas, Hardum, pero es un comentario un tanto irónico- la respuesta de Hardum fue sonreír. Y por los dioses, su sonrisa era odiosa. Parecía imposible que hubiese tanto narcisismo reunido en una sola cara.
-Me parece hasta adecuado el tema de estrechar lazos- se cruzó de brazos Reev -Pero venir de visita sin hablarlo antes es, cuanto menos, extraño. Siempre se concertan las citas, Svartal-
-El camino desde Arunna es tan largo que consideré que no sería necesario-
-Una consideración con muy poca consideración- se quejó Namur. Reev le hizo un gesto para que se calmara.
-No quiero acusar ni causar ofensa, Hardum, pero tenemos una invitada tremendamente importante- señaló con la mano abierta y con sumo honor a la princesa Anneliesse -Como comprenderás, no es el mejor momento para "estrechar lazos" pues, y no te ofendas, ella es un huésped mucho más importante-
-Oh, no me ofendo- asintió Hardum.
-Entonces espero que nos disculpes y puedas realizar la visita otro día-
-Me temo que no- esta vez, su tono de voz y la expresión alegre de su cara no denostaba autosuficiencia, sino desafío -Me resulta hasta llamativo que la "siempre oculta" princesa Anneliesse se encuentre aquí, en Ravahta, y que nadie lo sepa-
-¿Debería saber todo el mundo mi ubicación?- bufó Ann -¿Soy una especie de objeto que tiene que estar disponible para el que quira disponer de mi o...?-
-Ah, pero si habláis- inclinó la cabeza hacia ella -Un placer oír vuestra voz- tanto Nero como Anneliesse se miraron un momento mutuamente debido a la extraña actitud de ese tipo. No es que Ann fuese una clase de princesa de las que exije que se le hable con el debido respeto, pero sí juraría que es la primera vez que alguien noble le hablaba con esa clase de sarcasmo y superioridad. Le hizo recordar, una vez más, al mercenario. De forma inconsciente se acarició el cuello.
-No sé quién te has creido que eres- dijo Namur -Pero tu llegada tan repentina y esa actitud tuya me parece poco menos que sospechosa. Tú, de alguna forma, sabías que Anneliesse estaba aquí ¿Verdad?-
-¿Yo?- se sorprendió Hardum -¿Cómo iba a saberlo?-
-El hecho de que vinieramos era alto secreto- agregó Nero -Nadie lo sabía salvo nosotros y vosotros, Namur-
-No le defiendas, Aegis-
-Solo soy justo- asintió el hechicero.
-¿Ves Namur? Se puede ser amable. Inténtalo. Te irá mejor en la vida-
-Pero serás...-
-Suficiente- bufó Reev -La cena ha sido un poco indigesta y además se nos ha unido a última hora un invitado inesperado. Considero que por hoy vamos a dejarlo estar antes de que digamos o hagamos algo de lo que nos podamos arrepentir-
-Estoy de acuerdo- asintió Hardum -¿Cuál es mi habitación?- todos le miraron, sin excepción, con total sorpresa. Era terriblemente descarado -Soy el heredero de Arunna. No aceptaré menos que ser recibido por mis compatriotas. Además, así puedo aprovechar el día de mañana para conocer un poco mejor a Anneliesse ¿Qué os parece, princesa?- lo que faltaba. Si Namur no era suficiente, ahora le tocaba soportar a otro.
-Estás muy equivicado si...- Namur fue a concluir pero Reev lo calló con un gesto.
-Pasemos la noche en paz. Mañana será un nuevo día. Si la princesa considera oportuno dedicarte algo de tiempo, así se hará-
-Pero hermano...- gruñó Namur.
-Mañana- recalcó Reev a su hermano pequeño mientras se ponía en pie. Todos le imitaron, levantándose de los cojines -Os deseo a todos una buena noche- saludó a todos con un gesto con la cabeza y se marchó caminando con cierta prisa. Al irse, un par de doncellas aparecieron para guiar a Hardum a sus aposentos.
-Creo que será mejor que nos vayamos también- dijo Nero a Anneliesse -Ha sido una tarde llena de... emociones- dijo con rintintin.
-Buenas noches, princesa- dijo Namur mientras Ann pasaba frente a él.
-Hasta mañana, princesa Anneliesse- agregó Hardum mientras se dejaba llevar por las doncellas en la dirección opuesta. Finalmente, Namur se quedó solo en la enorme sala. Y aprovechó esa soledad para rugir como una bestia, dejando salir todo su enfado. Cogió uno de los cojines del suelo y lo arrojó con violencia hacia el otro punto de la sala para luego patear otro. La noche iba a ser larga, pero más aún lo serían los días venideros...
Comentarios
Publicar un comentario