De no ser porque habría tenido que estar soportando a la princesita durante todo el trayecto, el mercenario habría lamentado su decisión. Con la cantidad de años que llevaba vagando por los reinos a sus espaldas, no le costó mucho encontrar la dirección en la que consideraba, debía encontrarse el campamento. No obstante, cargar con Anneliesse como si fuera un saco de trigo le estaba retrasando un tanto. Ya se había permitido el enorme lujo de darle golpe para que dejara de ser tan impertinente y poder transportarla mejor, por lo que más le valía no tropezar con alguna rama o piedra al cargar con ella y arrojarla al suelo para empeorar la situación de ambos, aunque realmente la suya sería la situación más complicada al estar a cargo de protegerla.

Casi se acercaba el amanecer cuando distinguía ya los sonidos lejanos y el olor de la madera quemada en las hogueras. Como esperaba, todo eran voces, órdenes y gritos en torno a la figura de Anneliesse. El mercenario caminaba con seguridad sabiendo que era cuestión de tiempo que le vieran cargando con ella, por lo que solo se limitaba a avanzar y respirar. Finalmente, oyó la alarma -¡Están ahí! ¡Están ahí!- vociferó uno de los soldados. Prestos, rodearon a Ren sables en mano como si fueran un ejambre perfectamente sincronizado. El mercenario los observó con cierta diversión, pues hubiesen sido un grupo divertido con el que combatir -Suelta a la princesa, canalla ¿Qué le has hecho?- preguntaba el capitán Raven mientras daba un paso en dirección al mercenario.

-¡Ren!- llamó Gustav corriendo hacia él junto a Nero y seguido por el resto de la banda -¿Dónde demonios te metes, chaval? Estas horas son peligrosas-

-¿Trae a la princesa a cuestas y tu pregunta es que dónde se mete?- Nero preguntó con una calma que obviamente precedía a la tempestad -Te ordeno que la sueltes inmediatamente o la ira de los cielos van a caer esta noche sobre ti y toda tu banda, Ren- pronunció el nombre con el asco más profundo que jamás había sentido. Un asco que el propio Ren pocas veces había percibido.

-Está mareada- dijo, cargándola de nuevo y dejándola suavemente en el suelo. Anneliesse no estaba del todo inconsciente, pero sí muy anulada por el golpe. Tenía un feo corte en la frente y se le estaba inflamando por momentos.

-Dioses- Nero corrió hacia ella y se arrodilló a su lado -¿Estás bien, Ann?- le tomó la mano, le puso los labios en la frente -Estás helada- la chica no podía hacer más que, de momento, emitir gemidos de molestia -¿Qué le has hecho, maldito?- Nero fulminó a Ren con la mirada.

-No le he hecho nada- mintió el mercenario devolviéndole el tono frío.

-Ren- Gustav dio un paso al frente -Cuéntanos qué ha pasado, venga. Lleváis mucho tiempo desaparecidos, casi toda la noche- Ren miró a sus compañeros uno por uno. Había una cierta sombra de preocupación por esa repentina marcha con la princesa. El ambiente, además, estaba terriblemente cargado. La crispación del Aegis y de los soldados era mucho más que palpable. Ren bufó pesadamente.

-La princesa salió a dar un paseo. Seguramente aprovechando aquello de adelantar la paga- Gustav soltó una risilla. No le sorprendía. Nero bajó la mirada sintiéndose estúpido por no haberlo visto venir -Tan raro me pareció que decidí adelantarme a sus movimientos. Me debéis agradecer que lo hiciera- se hubiera cruzado de brazos si no fuera por el dolor en el hombro.

-¿Todo claro no? Pues venga- quiso concluir Gustav.

-¿Todo claro? ¿Qué hay de la tardanza, del traje de la princesa empapado y lleno de jirones? ¿Y de ti, Ren? ¿Es que no nos vas a decir que estás herido?- observó Nero. Todos le miraron con extrañeza. La todavía oscura mañana no dejaba percibir sobre la ropa negra y húmeda de Ren que hubiese sangre o herida visible. El mercenario se vio un tanto atrapado ante una observación tan tenaz y acertada. Ese Nero era alguien a quien no debía intentar engañar con ligereza.

-Mientras trataba de convencerla para que regresara, nos cruzamos con salteadores de caminos de tres al cuarto- adoptó una postura relajada para transmitir confianza -Nada grave. Los ahuyenté fácilmente, pero al intentar huir de nuestro combate en el puente que hay hacia el sur, cargaron con fuerza y nos terminaron arrojando al río. El resultado es la ropa destrozada por las piedras y los golpes. Lo de mi hombro es por una rama que arrastraba la corriente. Me atravesó-

-¿Y el golpe de la princesa?- inquirió el Aegis.

-Una roca- suspiró Ren -¿Algo más? ¿Quieres que te confirme que no sé si tiene lunares en los pechos o algo así? ¿O si tiene una marca de nacimiento en las nalgas?-

-¿Eres consciente de que en toda una vida, nadie ha hablado así de Anneliesse? ¿Sabes lo caro que te puede costar tomarte a la princesa tan a la ligera, vulgar saco de mierda?- Nero comenzó a ponerse en pie de forma amenazante.

-Eh, venga- llamó a la calma Gustav -No nos vayamos a poner violentos por nombras unos atributos femeninos ¿O es que estamos en las epocas de Vandel el Santo?- Gustav quiso restar peso con el comentario, pero obviamente no lo consiguió y fue deliberadamente ignorado por Nero.

-No vuelvas a tratar a la princesa con semejante ligereza ¿Me oyes? Alguien como tú no tiene siquiera el derecho a pensar en ella como una mujer. No estará jamás a tu alcance- condenó Nero tratando de convencer a Ren de ello. El mercenario lo miraba con la simpleza que mereceía él y cualquier miembro de la corte real. De poder ser, lo callaría al instante con rápido tajo con la katana.

-Bueno, yo ya estoy harta- tronó de pronto la fuerte voz de Iona -¿Habéis terminado ya de mediros las pollas y ver quién la tiene más chula, robusta y gordita? Voy a dejar claro una cosa de una vez: nosotros, la banda, estamos trabajando- al decir aquello, se ganó la atención de Nero -Tenemos un pago acordado con el rey Reginald por un viaje de tres días a Ravahta y luego, la vuelta. Ya de por sí no tenemos ni idea de cuánto tiempo le va a llevar a nuestro Embaucador de las Arenas agasajar a la niña- señaló con la cabeza a Anneliesse, que empezaba a espabilar -¿Qué te parece entonces, Aegis Real, si dejas de dudar de nosotros y nos ponermos en marcha antes de que se me hinchen las narices y decida cobrar más por hacerme perder el tiempo de esta forma tan absurda?- todos los hombres presentes callaron, menos Gustav, claro. Él reía cruzado de brazos -¿Y tú de qué coño te ríes? Estás ahí divirtiéndote viendo a Ren perder el tiempo con el vejestorio este cuando ya podríamos estar ganando un dinero en Romhal o saben los dioses dónde- Gustav dejó de reír pero se mantuvo sonriente.

-¿Te había dicho alguna vez el encanto que tienes cuando te pones seria?-

-No- Iona puso los brazos en jarra.

-Pues pregúntate por qué- su sonrisa se borró para dejar un tono de hastío insoportable en su voz -Venga Ren, en marcha. Deja en paz al Aegis y la princesa antes de que se te antoje fantasear con dónde tendrá lunares- Ren gruñó ante semejante comentario. Avanzó hacia el grupo pasando junto a Nero y Anneliesse. Cruzó una mirada con ésta última al momento de pasar: veloz, fugaz pero cargada de intenciones. Ahora le tocaba a ella mantener la compostura de la historia que él mismo había contado. Era difícil para la chica discernir si la ayudaba o no al no contar la verdad de lo que había pasado ¿Sería posible que realmente él tampoco tuviera ni idea de qué era aquel extraño demonio?

-Vamos, Ann- Nero la ayudó a ponerse en pie. Todo lo que restaba era volver al carruaje -Capitán Raven, por favor, organice la marcha. Nos vamos. Lleguemos lo antes posible a Ravahta y evitemos detenernos lo máximo posible para que algo así no vuelva a ocurrir-

-Sí, señor- el soldado se marchó con los demás para levantar el campamento mientras ellos llegaban al carruaje. Nero no hizo preguntas alguna a la princesa hasta que no estuvieron seguros dentro del transporte, lejos de los mercenarios. Allí, quiso corroborar con ella si todo lo que había contado Ren era cierto. A pesar de que la chica estuvo aturdida, pudo oír todo lo que el espadachín contó sobre lo que había sucedido -Sí, eso es lo que pasó. No miente- confirmó ella, agotada.

-¿Se ha propasado contigo? ¿Se ha aprovechado de ti?-

-Nero, por favor...- gimió ella dolorida.

-Es por tu bien. Necesito saberlo-

-Lo más indecoroso que ha hecho conmigo ha sido...- le recordó cogiéndola del cuello como si fuera un peso ínfimo para él, alzándola contra aquel árbol. La falta de aire le regresó por puro inconsciente. Sentía su fuerte mano rodeándole la garganta con solo pensarlo, pero suspiró y lo apartó de su recuerdo. Por su propio bien -...lo que has visto tú. Cargarme hasta aquí. Y personalmente me da igual, sería más cómodo llevarme como un saco que como una doncella en apuros-

-Maldito sea...- gruñó Nero -Pero ya estás a salvo. Todo irá bien. Te lo prometo- era curioso ver cómo la nube de enfado se había disipado en Nero. Anneliesse volvía a ver en él a ese amigo preocupado por su bienestar, que la trataba con una cercanía a la que ningún otro miembro de palacio se atrevía. Ni siquiera su padre era tan dedicado a ella.

-Está bien, no te preocupes. No volverá a pasar. No tengo la menor intención de compartir ni un minuto más de mi tiempo con gente así. Y menos con él- miró por la ventana, disgustada. Le maldecía. Maldecía a Ren tanto como lo hacía Nero. De no ser por él ya estaría lejos. Se habría podido librar de estar otra vez en esa endiablada cárcel de madera que, para más tortura, ahora iría más rápido y directo hacia Ravahta. Eludir su destino nunca había parecido tan difícil y, lo que era peor, es que no era su padre o Nero quien se lo impidió, sino un vagabundo don nadie.

-Me alegra oír eso. De verdad- asintió Nero -Ahora... ¿Podemos dejar de lado todo lo que ha pasado y tener un viaje en paz?- sonrió con vergüenza el hombre -Tras el susto... no quiero más tensiones-

-Estaría bien, sí... Estaría bien descansar de tensiones- afirmó la princesa, no del todo de acuerdo. Para él era fácil decirlo ¿Pero qué ganaba? Seguía húmeda, llena de dolores por los golpes y todavía la duraba la conmoción y la duda por lo que había pasado: el ser misterioso, el ardor del sello, la extraña compaía de Ren... Necesitaba descansar hasta que llegaran a su próximo problema: Ravahta.

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